lunes, 30 de junio de 2008

COMPORTAMIENTO INNATO

La supuesta libertad del animal humano para poder esco­ger entre diferentes pautas de comportamiento ante una situa­ción da­da, queda en entredicho cuando un arrebato de cólera se presenta en un momento ino­portuno manifestándose un comportamiento visceralmente a­gresivo en circunstancias en las que debería haber imperado la cal­ma.
¿Cuántas y cuántas ve­ces os dejáis llevar por nuestro tempe­ramento en contra de vuestra voluntad?
El comporta­miento innato es más importan­te en vues­tras vidas de lo que os imaginá­is.
Los animales tenemos la capacidad de aprender, y el aprendizaje pue­de ser autodidacta o copiado del com­porta­mi­ento obser­vado a sus con­géneres.


Analizando el comportamiento de mamíferos recién naci­dos, se apre­cia que la inmensa mayoría son perfectamente capaces de percibir pro­fundidades espaciales, tan pronto como empiezan a moverse, inclu­so en los casos en los que la lo­comoción se da inmediatamente después del par­to.

El animal humano no es una excepción, y también posee un gran nú­mero de otras pautas motoras innatas. Cualquier cría del primate huma­no, nace sabiendo mamar, llorar, reír, sonreír, asirse a su ma­dre, etc. Aunque, en realidad, viene al mundo mucho menos pre­pa­rado que una ra­ta, una ternera o un gato, para enfrentarse a los cam­bios de su medio.

Aún hoy, algunos autores antropocentristas y especistas niegan que en el hombre se den compor­ta­mien­tos innatos. En realidad es muy fácil contradecirlos y ridiculizarlos con un gran número de ejemplos.
Los niños ciegos y sordos de nacimien­to, cre­cen en un mun­do sin luz y silencioso. Por ello les es total­mente impo­si­ble ver a alguien sonreír o ni siquiera oír el sonido de la risa hu­ma­na. Sin embargo ríen y sonríen al igual que cualquier niño normal en estado de felicidad.
Naturalmente, también lloran de manera sono­ra y patean al igual que los otros niños "nor­males". Este comporta­miento no lo apren­den a base de pal­par la cara de sus pa­dres, puesto que también son­ríen los niños cie­gos, sordos y que han nacido con mu­ñones en lu­gar de brazos. Lo ha­cen in­cluso los niños a los que no les es posi­ble a­pren­der al tener el ce­rebro gravemente daña­do.

La sonrisa de un bebé de mono domestico tiene un enorme poder de atrac­ción, mien­tras que su llanto es uno de los sonidos que más perturban al ser hu­mano.
Considerando estas premisas uno no puede menos que sorpren­der­se por la gran cantidad de bebés que el animal humano mal­trata y la e­norme cantidad de infanticidios que comete.
Los bonobos nunca actuaríamos así ya que nuestras mentes no están diseñadas para el crimen, como las vuestras.

Al bebé, la sonrisa le sirve de desencadenante social. La ma­dre no puede resistirse ante su encanto y ello la hace esmerarse en el cuidado de su bebé. El resultado es un claro ejemplo de inte­rac­ción, puesto que la cría, al sonreír, retiene a la madre a su lado. Po­dría­­mos decir que, hasta cierto punto, la madre es "es­clava" de la son­risa de su bebé.

El llanto es también una forma de llamar la atención. En rea­li­dad, hay varios tipos de llanto y cada uno de ellos se carac­te­riza por poseer un tono que le es propio. Como propios le son el pa­trón, los estímulos que lo causan, los que lo finalizan y los efec­tos que causa sobre los presentes.
El llanto de dolor es arrítmico y empieza de manera sú­bi­ta, mien­tras que el de hambre, es rítmico y comienza de forma gra­dual.
El bebé se vale del llanto para atraer a los adultos hacia su persona y bien pronto aprende a manejarlo para tener cons­tantemente compañía a su lado. Se ha demostrado de manera diáfa­na que los llantos de los re­cién na­cidos son tan personales como sus huellas di­gitales. Por ello las madres son capaces de distinguir por el llanto, si es su pro­pio hijo el que está llorando o se trata de otro bebé.

El rechazo a los extraños es otro de los comportamien­tos inna­tos de los bebés. Se da tanto en niños normales como en sordos y ciegos. Es­tos últimos distinguen a los conocidos (y los diferencian de los ex­tra­ños) por el olor, como hace cualquier otro mamífero. Los desconocidos son rechazados, a pe­sar de que nunca nin­gún extraño los haya tratado mal.
El niño se siente seguro entre lo que le es familiar y desconfía de lo que le parece extraño.
En este comportamiento innato podría estar el origen de vuestro racismo y xenofobia.

El patrón fijo de conducta más evidente en los recién nacidos de vuestra especie es el giro de la cabeza y la succión. El giro de cabeza es de tipo al­ter­na­nte en los bebés prematuros. Dicho movimiento se efectúa, en estos bebés, de lado a lado y puede ser desencadenado por estímu­los tác­tiles aplicados a zonas próximas a la boca. Este mo­vi­miento puede variar en amplitud y frecuencia y posee una for­ma este­reotipada que se mani­fiesta tan pronto como el bebé, deseo­so de mamar, contacta con el pecho de su madre.
En los recién naci­dos normales, este mo­vi­miento es mucho más complejo. Al tocarles una zona próxima a los la­bios, el giro de cabeza se dirige hacia el estí­mulo y lo va si­guiendo si se continúan esti­mulando zonas próximas.
Con ello se demuestra que el movi­miento de la cabeza es provocado por estímulos tác­tiles y que la di­rección se va corrigiendo de manera continua para poder se­guir es­tos estí­mulos.
Una vez contactado el pezón de la madre, el estímulo tác­til en la zona la­bial hace que el bebé abra la boca y a­pri­sione el pe­zón. De esta manera se produce un nuevo estí­mulo (esta vez en el in­te­rior de la boca) que provoca la succión. Finalmente, la pre­sen­cia de la le­che en la boca, provoca un nuevo estímulo, el de de­glu­ción.
Una vez más os debo hacer notar, para vuestra desesperación, que vuestros bebes se comportan a la hora de mamar de la misma manera que los bebes de las ratas, perros, cerdos o chimpancés.



Las crías de mamífero, y entre ellas las del animal huma­no, nece­sitan succionar durante unas dos horas y media cada día. En otras palabras, necesitan succionar mucho más tiempo del que nece­sitan ma­mar.
Eibesfeldt y Bridger, comprobaron en 1967 y 1962, res­pectiva­mente, que las crías humanas succionan más cuando están sacia­das y activadas de manera experimental que cuando se hallan privadas de ali­men­to.

Tanto la erección del pene como los movimientos rítmicos de pelvis (en am­bos sexos) y la eyaculación, deben considerarse como comportamiento innato.
Los bebés humanos presentan fases regulares de erec­ción pe­neal. E­rección que en algunos casos se hace rítmica.
Por otra par­te, como apunta Lewis, los movimientos rítmicos de pelvis se inician entre los ocho y los diez meses de edad. En momentos de placer, tanto los niños como las niñas, abrazan a sus madres y proceden a efectuar una serie de rápi­dos movimientos oscilantes de pelvis, a razón de dos por se­gun­do, como si estuviesen copulando.
Se ha observado que en el comportamiento de juego de los ni­ños y ni­ñas de dos a tres años se adoptan las postu­ras típicas del coito en­tre adultos. En reali­dad están practicando (sin ser cons­cientes) parte de las secuencias de cópula.
Otro tanto cabe decir de las con­ductas maternales, que las niñas y, en algunos casos los ni­ños, pro­yectan sobre muñecas o sobre sus hermanitos más pequeños.

El animal humano tiende a aislarse en subgrupos pequeños, incluso dentro de un mismo grupo étnico, al igual que sus más próxi­mos compa­ñeros en la escala evolutiva, los chimpan­cés; pero a pesar de que en algunos lugares como Nueva Guinea se lle­guen a hablar más de cien dia­lectos, existen una se­rie de pau­tas que se repiten de manera idén­tica en las variadas ét­nias que se re­par­ten por todos los rincones del mundo. Se trata, evi­den­temente de pautas innatas.

Eibesfeldt filmó las formas de saludo de diferentes pue­blos loca­liza­dos en los más recónditos parajes del mundo. Descu­brió que para saludarse, to­dos ellos sin excepción, alzaban y baja­ban rá­pida­men­te las cejas al tiempo que sonreían. Muchas veces añadían a ta­les mo­vi­mientos una leve cabezada de asentimiento.

Muchas de las pautas motoras de carácter innato exhibi­das por el pri­mate humano son claramente una herencia filogenética, puesto que también las poseen los primates más cercanos a vosotros. Los chim­pancés y los humanos muestran unos comportamientos de ame­naza ex­tra­ordina­riamente parecidos. La única diferencia evidente reside en que los chimpancés pueden erizar el pelo en determinadas zonas del cuerpo, como los hombros, lo que ciertamente les da un aspecto amena­zador. El animal humano ha perdido el pelo en esta zona, pero sin embargo intenta enfa­ti­zar la cuadratura de hombros a base de añadir apósitos sobre los mismos. Esta sería la idea de usar charreteras, tan comu­nes en los uniformes militares, especialmente en las casacas de los superiores en rango, ya que estos deben mostrarse podero­sos e impactan­tes. También los gue­rreros de al­gunos pueblos primitivos se colocan alrede­dor de los hom­bros ostentosas plumas para que produzcan el mismo efecto.



También el hecho de patear el suelo y de enseñar los di­en­tes cuan­do estamos especialmente encolerizados, es otra de las carac­terís­ti­cas comportamentales que os hermana con los otros prima­tes. Tanto los monos papiones, por ejemplo, como los primates humanos bajan el labio in­fe­rior para mostrar el "armamento" de la dentadura...aún cuando en el ani­mal humano ya hayan desaparecido los largos colmi­llos.





La facultad de poder reaccionar a determinados estímu­los clave ("es­tímulos señal") de una manera determinada, es también co­mún a mu­chos animales. Los mecanismos desencadenadores activan unas de­ter­minadas pautas de comportamiento como respuesta a estos estímulos.

La señal que de­sencadena la agresividad del petirrojo es la mancha roja que ostenta el rival sobre su pecho. Cualquier bola de plumas con una mancha roja que sea puesta dentro de su territorio, de­senca­denará su comporta­miento agresivo.


Los humanos estáis también dota­dos de un sinnúmero de me­ca­nismos desencadenadores innatos. Las for­mas juveniles de los bebés desencadenan una necesidad de acu­narlos y acari­ciarlos. Lo mismo sucede con las for­mas juve­niles de otras es­pecies.
Veo que en vuestro país habéis tenido que prohibir la mendicidad que usaba bebes como reclamo. La presencia del bebe en brazos de la pedigüeña desencadenaba vuestro sentido de protección. Gracias a este desencadenante innato la desaprensiva os sacaba buenas cantidades de dinero para su provecho.
Hecha la ley, hecha la trampa, ahora estos delincuentes utilizan formas juveniles de otras especies (especialmente perros) para poder hacerse con vuestro dinero.

Cualquier imagen de animal joven con grandes ojos, frente abom­ba­da, anchos mofletes y boquita pequeña, despertará en vosotros pareci­dos sentimientos a los provocados por las crías humanas. Invito al lec­tor a que en alguno de sus pa­seos por las calles de su ciudad, se detenga cerca de alguien que este paseando a un cachorrito de perro y, disimulada­mente, tome nota de las excla­ma­cio­nes tier­nas, de cariz mater­nal, que emiten las hembras de la es­pecie humana cuando descubren al perrito.
Lo mismo ocurrirá si les mostráis una cría de gato, un patito, un pollito, un pajarito, un corderito, etc.

El director de cine S. Spielberg, conocedor de estas ape­tencias del animal humano, creó el monstruo galáctico ET, cuidando de que en él destacaran determinados rasgos infantiles, tales como: ca­beza grande (desproporcionada con respecto al cuerpo), inseguridad al an­dar, nariz respin­gona, ojos grandes, etc.
El éxito y la acep­tación de su mons­truo fue tal, que la película ET se convirtió en récord de taquilla, y su cri­atura se comercializó en todo el mundo. Todo ello le llevó a repetir la experiencia con nuevos monstruos de aspecto infan­til, los "Grem­lins", los cuales cosecharon parecido éxi­to.
El cine­asta Walt Dis­ney, ya había levantado un imperio a base de dotar con formas juveniles a to­dos sus personajes, desde el pato Donald a Bam­bi. Dis­ney, exageró no sólo estas formas en sus dibujos animados, sino que tam­bién lo hizo con la descoordinación de movimientos propia de los ani­males muy jóve­nes.


Es­tas exageraciones crearon el efecto de su­perestímulo desenca­denante que vino muy bien a sus propósitos comerciales.

En vuestro país, cada año, por Navidad, las papelerías se inundan con tarjetas de felicita­ción ilustradas por el dibujante Fe­rrándiz, el cual (al igual que los anteriores) da formas juveniles a todos sus personajes, desde la Virgen hasta la mula.

La necesidad de calmar el deseo maternal de las hembras humanas de cierta edad (sin hijos ni nietos), ha llevado a comerciali­zar los pe­rros falderos, los cuales pesan lo que un bebé, (frecuente­mente se les lleva en brazos) tienen grandes ojos, se mueven con un movimiento in­seguro de balanceo, poseen un ladrido atiplado, y algunos ostentan un fle­quillo que les cae sobre los ojos, y una nariz pequeña y acha­ta­da.
Lo más positivo, para la propietaria, es que estas for­mas ju­veniles son permanentes, con lo cual su sen­tido maternal se verá sa­tisfactoriamente colmado durante años. Es un ejemplo de perfec­to de­sencadenante.


Para convencernos, nos basta com­probar como les ha­blan sus dueñas (con frecuencia emplean un tono de voz mucho más tierno que el que uti­lizan para dirigirse a sus ma­ridos), como los sos­tie­nen, como los abri­gan con diminutas mantas al llegar el in­vierno y como les adornan la cabeza con pequeños lazos de los más va­riados colores.


El animal se mueve inducido por impulsos internos y si se le presentan experimentalmente diversos objetos o situacio­nes, po­dremos averiguar cual es su verdadera disposición. Si tiene sed, bus­cará insistentemente algo que beber; si tiene hambre, buscará comi­da; si tiene una necesidad sexual, buscará aparearse, etc. Si no ha­lla nin­guna ocasión para satisfacer sus impulsos, pueden producirse las ac­ciones de vacío, en las que el animal simula efectuar la ac­ción.

Obviamente, el animal humano también se mueve por im­pul­sos in­ter­nos. A lo largo del día se alternan las necesidades de beber, co­mer, dormir o moverse y, periódicamente aprecia una clara disposi­ción se­xual, cuya intensidad varía.
Todas estas necesidades son con­se­cuen­cia de la dictadura de los procesos fisiológicos que se produ­cen en voso­tros al igual que en cualquier otro animal. Algunas de estas pul­siones, es­pecialmente la sexual y la agresiva, se con­vierten en obstá­culos para la convivencia social "civilizada". Por ello la so­ciedad dicta unas normas represoras de los instintos que forman par­te de lo que llamaremos "doma social" la que, precisamente, os ha convertido en monos domésticos.
Las pautas innatas de comportamiento no siempre están to­tal­men­te desarrolladas en el momento de nacer. Bastantes de ellas irán madu­rando poco a poco a lo largo de la primera fase de la vida. Ello está facilitado por la clara predis­posi­ción al a­prendizaje que se da en los mamíferos.

En otro orden de cosas y antes de terminar mi post semanal quisiera comentar que esta semana se han reunido en Madrid unos cuantos monos domésticos de la especie Homo sapiens, que en su día fueron votados por millones de vosotros para gobernar el país.
Se supone que escogisteis a los que os parecerían mejores, pues bien, del resultado de la reunión que incluía debate y votación, se puede concluir que incluso “lo mejor” de vosotros invita, primero a la náusea y luego al vómito.
Resulta que los monos reunidos se citaban para decidir si los otros monos de su familia (me refiero evidentemente a los chimpancés, orangutanes, gorilas y bonobos) podrían tener ALGUNOS Y SÓLO ALGUNOS, de los derechos que ya tenían los monos humanos.
Y yo os pregunto.. ¿Qué méritos habéis hecho para decidir sobre los derechos de los demás? ¿A santo de qué tenéis que tener vosotros más derechos que los otros monos de vuestra misma familia? ¿Qué os habéis creído?



La Comisión de Medio Ambiente del Congreso se reunió el miércoles 25 de junio, para ver si, finalmente, España se decidía a sumarse al Proyecto Gran Simio de iniciativa internacional.
El Proyecto sugiere que los otros simios también tienen derecho a la vida, a la libertad y a no ser maltratados…¡¡ y vosotros en España aún os lo tenéis que pensar ¡¡.
Sois tan miserables, que aun os estáis planteando si es conveniente otorgar a los otros monos algunos de los derechos básicos de los que disfrutáis vosotros, los monos domésticos.


Hace dos años el diputado verde adscrito al PSOE, Francisco Garrido propuso algo similar, pero todo quedó en nada al recibir escarnio, mofa y todo tipo de burla por parte de los monos encorbatados que sentaban sus posaderas en el hemiciclo de las Cortes por la zona “conservadora”. Una cosa queda clara, el coeficiente intelectual de estos individuos es inversamente proporcional a la intensidad de sus burlas.
Como ya os podréis imaginar, el partido puritano (PP) dio la nota al negarse a apoyar la moción en aquella ocasión.
Como partido de base católica les debió parecer intolerable que los demás animales tengan algunos derechos que consideran privativos del primate humano.
Pero es que en esta ocasión los “peperos” han ido aún más lejos, ya que han votado en contra del proyecto Simio.
La popular Raquel Arias hizo gala de su nivel cultural al decir que le producía “rubor” el simple hecho de “tratar” la equiparación legal entre simios y humanos… TRAS LOS PROBLEMAS DEL SECTOR PESQUERO ¡¡¡
¡¡Que alguien me diga que tienen que ver los problemas de la pesca con el maltrato de los monos no humanos.
o es que …”como los monos domésticos tienen problemas pesqueros no importa que en los laboratorios se siga torturando a los otros monos”.
La intervención de esta hembra del animal humano es para que nos ruboricemos todos. Y vosotros en especial, por haberla votado. Como veis, su cultura no le llega al nivel de conocer que ella misma es una hembra de primate.
Y el día que los científicos aprueben el género Homo para el chimpancé y el bonobo (cosa que está al caer) ¿dónde se nos va a esconder esta señora?

Por otra parte, el PSOE apoyó la iniciativa pero se apresuró a insistir que “para nada” supone darles “derechos humanos”… ¡ Serán cagones ¡

Visto lo visto, os aseguro que si alguna vez los primates no humanos llegásemos a gobernar en vuestro país, lo primero que deberíamos hacer sería aprobar una ley por medio de la cual libraríamos a los del PSOE de que pudieran ser utilizados sus afiliados en experimentos de laboratorio (caso de que fuesen muy lesivos).
Legislaríamos que sólo pudieran estar internados en centros dedicados a la conservación del mono domestico, variedad sociata.
Prohibiríamos que se pudiera manejar a los socialistas con fines comerciales o en espectáculos. Pero eso sí, nos encargaríamos de que los socialistas “para nada” tuvieran “derechos humanos”.

En cuanto a los del PP, a parte de negarles cualquier “derecho humano”, lo primero que haríamos sería dejar que nuestros laboratorios los machacasen con todo tipo de experimentos cruentos a fin de investigar fármacos para nuestro bien.
A otros peperos los encerraríamos entre barrotes en los zoos, para poderles tirar algún cacahuete de cuando en cuando y, a los que les pareciese mal esta medida, los meteríamos en el circo para que actuaran de payasos (algunos entreno ya tienen) para así poder reírnos un buen rato a su costa. …o ¿No es eso lo que hacen con nosotros?

En fin, en las próximas elecciones, los amantes de la Naturaleza y de los simios, ya sabéis a que grupo político de monos no debéis votar.


2 comentarios:

Over dijo...

Claro, y que méritos o que derecho da al conjunto total de los monos, para decidir que el resto de los animales valen menos que ellos y por ello tienen menos derechos?

No utilicemos a ningún simio en experimentos, pero utilicemos a cualquier otro animal, que seguro que no sienten dolor y no merecen vivir en paz y armonía en su hábitat del que fueron arrancados...

RINGO MAKUMBA dijo...

Me interpretas mal. Ni simios, ni ningún otro animal, debe ser utilizado para experimentar. En todo caso, los experimentos que hacéis los humanos, hacedlos con humanos, ya que experimentáis para vuestro propio beneficio, y dejad al resto de animales en paz.
Los bonobos opinamos que TODOS LOS ANIMALES SON DIFERENTES pero que NO HAY ANIMAL SUPERIOR A OTRO. Precisamente por eso nos caéis tan mal los primates humanos.
Vosotros repetís hasta la saciedad que “Sois los reyes de la Creación”, “Que sois superiores al resto de animales”,…o vais aún más lejos al no consideraros ni siquiera animales.
Cada vez que habláis, marcáis las diferencias hablando del hombre y “los animales”, para remarcar bien vuestra segregación. Repetís ad infinitum “El hombre tiene alma, los animales no”. Incluso representáis a vuestros dioses con figura de primate humano. Estamos hasta los huevos de vuestra suficiencia, soberbia y chulería, y precisamente por esa razón, mientras esté entre vosotros (que será mientras pueda aguantar las nauseas que me provoca vuestra presencia) dedicaré todas mis publicaciones a pasaros por la cara todas vuestras miserias, debilidades, incongruencias, mentiras y delirios… QUE ES LO QUE, EN REALIDAD, OS DIFERENCIA DE LOS DEMÁS ANIMALES.