domingo, 27 de julio de 2008

AGRESIVIDAD HUMANA (I)

Vuestra especie es sumamente agresiva.


Parte de vuestra agresividad pudiera justificarse por el hecho de ser animales territoriales y jerárquicos, pero lo que en realidad os pierde es la agresividad gratuita que tantas veces protagoniza vuestro comportamiento.
Durante los próximos meses publicaremos una serie de entradas para analizar vuestro comportamiento agresivo y para demostrar que sois la especie más cruel, violenta, irracional, irresponsable, destructora y criminal que existe sobre la capa de la Tierra.

Al calibrar la agresividad, debemos en primer lugar espe­cificar qué tipo de actos consideramos agresivos.
No es lo mismo ca­li­ficar las amenazas como actos agresivos, que considerar como ta­les, úni­camente, los contactos físicos. Si definimos a las amenazas como com­portamiento agresivo, llegareis a la conclusión de que los chim­pan­cés son aun más agresivos de lo que os pensáis, por la cantidad de exhibiciones de ame­naza que prodi­gan, y aún así, probablemente estaréis equivoca­dos, puesto que las ex­hibiciones del chimpancé no siempre pueden ser juzgadas bajo pará­metros huma­nos.

Por otra parte, aún queda algún que otro autor que opina que el primate hu­mano no es especialmente agresivo (sin duda lleva­do por su sober­bia de especie y su especismo).
Para llegar a esta con­clu­sión, estos individuos han tenido en cuen­ta solamen­te el porcentaje de muer­tes vio­len­tas que se da en una de­termi­nada po­bla­ción, pero lamentablemente se "ol­vidan" de in­te­grar en sus estadísti­cas de agresividad, el porcen­taje de huma­nos que maltratan bie­nes públi­cos (como estatuas, papele­ras o cabinas telefónicas), a los que mal­tra­tan a los demás animales, a los que agreden a sus muje­res o a sus hi­jos; a los que practican, o dis­fru­tan viendo practicar deportes vio­len­tos; a los "hoo­ligans" del fút­bol; a los que abusan de sus infe­rio­res, a los que tor­tu­ran por ideas polí­ticas o por disiden­cias reli­gio­sas, o a los que a­tra­can y roban. Todas ellas son mues­tras, dema­siado fre­cuentes de vio­len­cia fí­sica, que ponen en evidencia la gran cantidad de agre­sivi­dad que atesora el pri­mate hu­mano.

Que el hombre es una especie muy agresiva parece fuera de toda duda. Con la excepción de algunos roedores, ningún otro verte­bra­do destruye habitualmente a miembros de su propia especie, ni nin­gún otro animal disfruta ejercitando la crueldad sobre otros seres vivos. No existe nada comparable en el resto del reino animal, en especial por lo que respecta a asesinatos, guerras o torturas.

La agresión es una palabra que todo el mundo conoce pero que es difí­cil de definir. En todo caso cubre un amplio espec­tro de compor­tamiento humano que va desde el llanto del bebé, al ase­sino sá­dico, pasando por el torturador, por el que destroza cabinas de telé­fonos o por el futbolista vio­lento.
No existe una línea diviso­ria clara que se­pare las formas de agresión que todos deplora­mos y las que son re­comen­dables para la supervivencia.
El deseo de poder, en su forma más extrema, tiene los e­fec­tos de­sastrosos que todos conocemos; pero el impulso de conquis­tar las di­ficultades para dominar el mundo ex­terior es necesario para la su­per­vivencia del individuo. Cuando un niño o un joven se re­vela contra la autoridad paterna, está manifes­tando el de­seo de independen­cia y la necesidad de reafir­mar su per­sonalidad.

La agresión sería (según la mayoría de autores) la res­puesta que si­gue a la frustración. La violencia pura y simple, es la manifes­tación libre de la agresión. No toda agresión es violencia, pero toda violencia es agresión.

En las discusiones sobre la agresión humana, psicólogos, sociólo­gos y antropólogos se muestran, por lo general, en desacuerdo con los trabajos de los etólogos.
Aluden frecuentemente a extrapola­cio­nes abu­sivas o ilíci­tas del “animal” al hombre, con lo que muestran una falta de familiari­dad con la metodología y la teoría de la biología compa­rada.

La cuestión de por qué un ser vivo se comporta de una ma­nera de­ter­minada no supone únicamente indagar en los mecanismos fi­sioló­gicos y en los estímulos desencadenantes, sino también en el valor de la selección y, en con­secuencia, en la evolución fi­logené­tica e históri­ca. El estudio comparado de rituales en distintas cul­tu­ras de­muestra que pese a la enorme variabilidad del fenotipo externo, en el fondo hay una disposición estructural básicamente idéntica. Quede claro pues, que la etología no se limita a estudiar úni­camente el comportamiento innato del animal huma­no, sino que ade­más también in­vestiga el comporta­miento cultural de este prima­te.

Para entender vuestra agresividad desde el punto de vista biológico es necesario hacer unas cuantas consideraciones fisiológicas:

Dos conjuntos funcionalmente distintos de fibras ner­vio­sas parten de los centros autónomos del sistema nervioso de los vertebrados. Las fibras que parten del encéfalo y de la parte posterior de la mé­dula espinal, re­presen­tan la salida parasimpática del sistema autóno­mo; y las fibras que parten de la posición media de la médula espinal cons­tituyen la sa­lida simpática.

Cuando un mamífero se encuentra en estado agresivo, se producen una serie de cambios fisiológicos en su cuerpo. El sistema nervioso es el encargado de controlar la situación. Para ello deben actuar de manera coordinada sus dos sub-sistemas: el sis­tema parasim­pá­tico y el simpático.
El primero, mantiene y administra las reser­vas corpora­les, mientras que el segundo dispone al cuerpo para que pueda ejercer una enérgica acti­vidad.
En circunstancias nor­males existe un perfec­to equilibrio entre ambos sub-sistemas, pero cuando el cuerpo se ha­lla bajo la influencia de un desencadenante de la a­gresividad, el e­quilibrio se rompe.

La influencia del sistema nervio­so sobre las glándulas supra­rrenales provoca la emisión de a­dre­na­lina dentro del sis­tema cir­cula­torio.
La ac­ción de esta hormona hace que el cora­zón bom­bee la san­gre con más fuerza y rapi­dez, pro­du­cién­dose una transfe­rencia de la misma, en una direc­ción de flujo que va de lu­ga­res donde no se necesita de ma­nera pere­nto­ria (ví­sceras y pi­el), a lugares donde es más necesaria (cerebro y músculos).
Su ac­ción re­duce el tiempo de coagu­la­ción de la san­gre, lo que evitará que se pierda san­gre por cau­sa de he­ridas menores.
La presión sanguí­nea au­menta de ma­nera eviden­te, a la vez que se in­crementa la produc­ción de glóbulos rojos, a fin de que pue­dan trans­portar más oxígeno a los ór­ga­nos clave y liberarles del dióxido de carbono.
Se inhi­ben todos los pro­ce­sos de digestión, aun­que tiende a incrementarse el flujo gástrico.
El glucógeno almace­nado en el hígado, se trans­forma en glu­cosa más fácilmente utilizable, para po­der in­crementar la eficacia muscu­lar.
Pa­rale­lamen­te, aumenta el ritmo res­piratorio a la vez que la respira­ción se hace más profun­da. La piel se perla de su­dor, lo cual permi­tirá, al eva­po­rar­se, una refrige­ración de la su­per­ficie cor­po­ral, con lo que con­tribu­irá, tam­bién, a la erección del pelo en al­gunas zonas.
Di­cha erec­ción le hará aparentar un mayor tamaño cor­poral a los ojos de sus agresores.

Un estado de alerta y una sensación de fuerza, sustitu­yen cual­quier otra sensación, lo que indudablemente predis­pone a lan­zar un ataque. Al mismo tiempo se da una marcada disminu­ción de la percep­ción sensorial periférica, por lo que los contendientes pueden reci­bir heridas severas sin percatarse de ellas durante un cierto tiempo.
Y todo eso es así, tanto en vosotros, monos domésticos, como en los chimpancés, bonobos y demás mamíferos.

En la base del cerebro se encuentra una pequeña zona en la que se origina el sentimiento de enfado.
De allí parten los im­pulsos ner­viosos responsables de la subida de la presión sanguínea y de los demás cambios fisiológicos anteriormente mencionados. Esta pequeña área se denomina hipotálamo.
Su función es la de coordinar las res­pu­estas emocionales. Al ser estimulado en el laboratorio por medio de corrien­tes eléctricas, provoca en el animal humano o en otro mamífero, todos los signos de agre­sividad.

Gibbs, Moyer y Sweet, han demostrado la existencia en el mono domestico de ataques espontáneos de ira de origen neurógeno, que van a­com­pañados por una actividad eléctrica característica en ciertas re­giones cere­brales.
Estos ataques se pueden reproducir mediante la es­timulación eléctrica de dichas zonas.
La agresividad así inducida se mani­fies­ta en ataques espontán­eos a per­so­nas, obje­tos, etc., y se acompaña de expre­siones ges­tuales de furia, y de sen­sa­ciones de enojo.
Los cen­tros de la ira radi­can especial­mente en el ló­bulo tem­poral, y su ac­tivación desen­cadena la ira de los pacien­tes humanos y en otros animales.
Se puede tranquilizar a los in­di­viduos violen­tos, estimu­lando el lóbulo frontal ven­tromedial y la zona cen­tral del lóbulo temporal.
En algunos pacientes se han implantado electrodos dota­dos de un dispositivo de autoestimulación, de manera que siempre que les sobre­venga la ira, puedan reprimirla mediante la autoestimula­ción.
Este método es preferible al quirúr­gico, consistente en ex­tir­par las zonas cere­brales de la ira, ello, aunque supone una mejora, acarrea efectos secundarios desfavora­bles al quedar afectados otros centros nerviosos.

En circunstancias normales, el hipotálamo se encuentra bajo la in­fluencia inhibitoria del córtex cerebral, que es la parte del cerebro que se desarrolló en último lugar a lo largo de la evolu­ción.
Si el córtex cerebral recibe los impulsos nerv­iosos provo­cados por una ame­naza externa, libera al hipotálamo de su con­trol de inhibición, pro­vocándose algunas secuencias fisiológicas que pre­pararán al cuerpo para la defensa o el ataque.
Desapare­cida la amenaza exter­na, prevale­cerá aún durante un cierto tiempo la sen­sación de en­fado y a­lerta, es­pecialmente si el individuo no ha podido descargar la a­gre­si­vi­dad almacenada.
La emoción agre­siva activa, se acom­paña de la produc­ción de noradrenalina, mientras que la ansiedad pa­siva se en­cuentra aso­ciada a la producción de adre­nalina.
Ello se descubrió al comparar el estado físico-químico de los jugadores de hockey sobre hielo (que están en constante acción), con el del porte­ro de dicho deporte (mucho me­nos activo).

Y una vez más debo haceros la consideración de que todos estos procesos fisiológicos no son de vuestra única exclusividad, sino que los compartís por imperativo biológico, con los demás mamíferos.
Hasta la próxima semana... con el deseo de que vuestro hipotálamo sepa comportarse ¡

lunes, 21 de julio de 2008

LA CASTIDAD

La pasada semana os hablaba de la homosexualidad y terminaba resaltando la homofobia del Papa y de su ejército de obispos contra ese colectivo.
Vimos como esos mismos purpurados que critican el comportamiento homosexual (siempre desde su ignorancia) se atreven a recomendaros la castidad.
Dicen que la homosexualidad no se da en la naturaleza y que implica la extinción de la especie, pero con argumentos científicos y hechos probados les destrozamos sus teorías y pusimos al descubierto sus mentiras basadas en su ignorancia o en su malicia.

Hablábamos de más de 1500 especies con comportamiento homosexual comprobado…desde primates a gusanos, y aportábamos videos para reforzar nuestros argumentos.

Hoy, como os prometí, os quiero hablar de la alternativa sexual recomendada por la Iglesia católica: LA CASTIDAD.

Lo primero que cabe decir, es que la castidad es un comportamiento antinatural (ya que no se da en la naturaleza) que comporta la extinción de la especie.

Como siempre la Iglesia es muy capaz de ver la paja en el ojo ajeno pero en cambio no ve la viga en el ojo propio.
Conocemos muchas especies animales con comportamiento homosexual y, en todo el ámbito natural, sólo vuestra estrafalaria especie practica la castidad.
Vuestros obispos, sin embargo, no saben lo primero e ignoran lo segundo.
Afirman que la homosexualidad implica la extinción de la especie… pero no reparan en que la castidad es la negación de la reproducción.
Ante esto yo me pregunto ¿Debemos considerarlos entes inteligentes?

Cojamos un diccionario y busquemos la definición de “comportamiento desviado”; Leeréis que comportamiento desviado “es aquel comportamiento que se aparta de la norma”.

La norma en el mundo de los vertebrados es hacer uso de sus órganos sexuales tan pronto llegan a la madurez sexual, y como la castidad se desvía de la norma, es un comportamiento desviado, y como hablamos de sexo, podemos concluir que se trata evidentemente de una desviación sexual.

Argumentareis que el homosexual tampoco se reproduce, cierto, pero no os olvidéis de que utiliza sus órganos sexuales, mientras que el primate humano que ha hecho voto de castidad, ni se reproduce, ni hace uso de sus órganos sexuales durante el resto de su vida. Es pues, a todas luces, un comportamiento doblemente desviado.

Los bonobos, por tanto, consideramos desviados sexuales, desde el punto de vista biológico, a vuestros papas, cardenales, obispos, curas y monjas… y a cualquiera que haga voto de castidad y ejerza de casto.

Alguno de ellos, en el colmo de la desvergüenza, a la vez que predican castidad, no dudan en manipular genitales infantiles con las mismas manos que una hora antes estaban consagrando la “Sagrada Hostia” ¡¡¡.

Pero la castidad es algo más, es un comportamiento egoísta para con los demás, un ejemplo de comportamiento insolidario, ya que se trata de un “NO COMPARTIR”.

Por otra parte se me antoja como un desprecio para con “El Creador” (en el que creen los defensores de la castidad) ya que reniegan de unos órganos sexuales que les fueron regalados por su Dios y que llevan colgados en su propio cuerpo.

También me queda muy claro que la castidad es un comportamiento, además de poco práctico, muy poco inteligente.
Pasemos a desarrollar este punto a continuación:
El argumento de “…nada de sexo hasta que nos casemos” se cae por su propio peso.
Cuando una pareja está en fase de noviazgo, intenta a través de una relación muy estrecha e intensa, conocer cuantas más cosas mejor el uno del otro.
Antes de firmar el contrato, y para no verse abocados al fracaso, conviene que los futuros esposos sepan que carácter y que gustos tienen, sus filias y fobias, sus aficiones y cada uno de los posibles comportamientos ante las más diversas situaciones.
Como se supone que el matrimonio para los cristianos es un contrato de por vida, será necesario calibrar con toda seguridad los pros y los contras de la futura relación, sin olvidar, por supuesto, la afinidad sexual, tan importante en la vida de pareja.

¿Cómo pueden recomendar los obispos a los novios, que intenten conocerse en todo, MENOS EN LO QUE ATAÑE AL SEXO?.
¿Cómo pueden recomendar a los jóvenes cristianos que se lancen a ciegas a por el “contrato” sin conocer este aspecto primordial?
¿Es este un comportamiento inteligente?
¿Es esa una recomendación útil y lógica, o es un consejo disparatado por lo estúpido?

Imaginad por un momento que vais a comprar un televisor y el que os lo intenta vender os enseña la estética del aparato, os explica todas sus prestaciones, os muestra la imagen en la pantalla… pero se empeña en no mostraros el sonido, argumentando que el sonido ya lo comprobareis por vosotros mismos una vez hayáis comprado el aparato y lo tengáis instalado en vuestra casa.
¿Haríais caso a ese vendedor? ¿Compraríais ese televisor?
Y por encima de todo ¿No consideráis que es más importante saber como va a funcionar vuestra pareja, que averiguar como funcionará vuestro televisor?

Los bonobos no podemos entender como podéis creeros castos e inteligentes a la vez… se nos antoja un problema metafísico ¡¡

Tampoco entendemos el porque de la obsesión por el sexo en los papas, cardenales, obispos curas, monjas y miembros de sectas religiosas.

Todos ellos son unos auténticos obsesos sexuales, ya que según vuestros diccionarios un obseso sexual es cualquier persona obsesionada por el sexo. Y queda claro que cualquiera que este siempre pensado en el sexo, ya sea para practicarlo o para reprimirlo con amenazas de condena eterna, es un OBSESO SEXUAL.

Sois una especie de monos tan desesperadamente patética, hipócrita y falsa, que sois capaces de comer cuando tenéis hambre; de beber cuando tenéis sed; de defecar cuando tenéis ganas, o de dormir si estáis cansados, mientras que cuando os envuelve el deseo sexual os da por rezar el Santísimo Rosario u os ponéis a leer cualquier periódico. ¿Es ese un comportamiento inteligente?

Sois el hazme reír de los primates, la negación de la inteligencia y, por encima de todo, un ejemplo impactante de la más esclavizante domesticación.

En el paroxismo de vuestra locura llegáis al extremo de inventar artilugios para encerrar bajo llave vuestros órganos genitales.
¿A qué otro animal, aparte de vosotros, se le ocurriría la sandez de encerrar su pene en una jaula o mantener su vulva domesticada y prisionera bajo llave?.

Las risotadas de los demás primates que observan vuestro comportamiento se oyen por toda la selva al constatar vuestra última moda en cinturones de castidad ¡¡¡ ¡¡¡ Y es que estais verdaderamente “piraos” ¡¡¡¡








Nosotros, sin embargo, consideramos que no todo es malo en la castidad, la castidad también tiene sus ventajas.
En primer lugar, vuestro comportamiento casto nos entretiene y nos proporciona tema para el cachondeo y, en segundo lugar, debo confesaros que a nosotros nos encantaría, incluso más que a vuestro Papa y que a vuestros obispos, que practicaseis, TODOS, la virtud de la castidad… ya que de esta manera os extinguiríais y así la Naturaleza volvería a sonreír ¡¡

Practicad el sexo... os da buen rollo, os relaja, mantiene el aparato reproductor en buenas condiciones, y es gratis y solidario.

Dejad a los curas y a las monjas que se consuman en su propia frustración.

martes, 8 de julio de 2008

LA HOMOSEXUALIDAD

Habéis celebrado esta semana en Madrid el día del Orgullo Gay. Como el tema es de rabiosa actualidad he aplazado el post que os tenía preparado sobre agresividad humana y lo he sustituido por otro que trata sobre la homosexualidad.

Para desarrollar el tema con rigor biológico, y así poder desautorizar muchas de las teorías que os encargáis de dogmatizar la mayoría de las veces influenciados por vuestras religiones, empezaremos por sentar las bases de los argumentos a exponer.

En primer lugar, espero que os quede claro que el sexo en los primates y en otros animales de sistema nervioso muy desarrollado, no está dedicado únicamente a la reproducción. De hecho el sexo reproductivo es sólo una mínima parte de vuestra actividad sexual.
Nosotros los bonobos utilizamos el sexo para nuestra relación social, como vínculo de cohesión, para apagar cualquier brote de agresividad y para pasárnoslo bien, y sólo muy de vez en cuando, lo utilizamos para reproducirnos.

Vosotros, al ser primates como nosotros, utilizáis el sexo para reafirmar vuestro vínculo de pareja, como actividad lúdica y para relajar estrés.
El sexo reproductor lo hacéis dos o tres veces en vuestros sesenta años de vida sexual, cuando deseáis tener un hijo.

En cambio el sexo por placer lo habéis utilizado centenares de veces en esos sesenta años ya que incluso después de la menopausia seguís copulando.

Digo esto, porque cuando desde el Vaticano, el “primate primado” que viste de blanco os diga en sus encíclicas que “la Iglesia sólo permite el sexo dentro del matrimonio y sólo con fines reproductivos”, en lugar de hacerle caso como auténticos borregos, deberíais pensar sobre sus palabras, aunque fuera por una vez (os aseguro que no duele) para así poder calibrar lo disparatado de esa aseveración.
Si pensáis, llegareis a las mismas conclusiones que llego yo, y conmigo, los demás bonobos.
Si el del cucurucho os dice que sólo se permite el sexo dentro del matrimonio quiere decir que para follar necesitáis un contrato. Un ejemplo más de vuestra domesticación disparatada.

Si el enjoyado de Vaticano os dice que el sexo debe ser dedicado únicamente a la reproducción, os esta diciendo que no hagáis el sexo como humanos responsables, sino como bestias de sistema nervioso poco desarrollado….SEXO SÓLO PARA CRIAR ¡¡¡
Esas, a mi juicio, serian suficientes razones para apostatar de inmediato.

El sexo humano (como el del bonobo) es algo más que “sexo de cría” ¿Se entera señor Benedicto XVI?
El sexo humano es un sexo de buen rollo, de reafirmar vínculos de pareja…no sólo “sexo para hacer criaturas”.

Por favor señores curas, obispos, papas y monjas ¡¡basta ya de llevar vuestras frustraciones sexuales a las camas de los demás ciudadanos ¡¡ Dejadles ser humanos y no los tratéis como a conejos ¡¡

Y a lo que vamos, como los homosexuales hacen un sexo no reproductivo y lo utilizan para pasárselo bien y para fomentar su vínculo de amistad hacen, a todas luces, un sexo HUMANO y por lo tanto hacen el sexo propio de la especie y propio de su familia zoológica. Es, en resumen, un sexo inteligente, mientras la Iglesia os recomienda el “sexo de granja”.

Cuando el superbrujo vaticano os dice que la homosexualidad no es natural, porque no se da en la naturaleza, os MIENTE.
Para empezar, nosotros los bonobos (los animales que evolutivamente tenéis más cercanos) somos bisexuales (excepto en mi particular caso que, por ser tan raro, sólo me van las hembras).

Si dice tales disparates por ignorancia, no hace otra cosa que demostrar un par de cosas: primero, que él y sus asesores son unos auténticos "catetos integrales" en esos temas, y segundo, que su rostro es más duro que el pedernal, pues, sin saber nada sobre esta realidad biológica, pretenden adoctrinaros basándose en una supuesta autoridad.

Hasta el momento sabemos de más de 1500 especies de animales que practican comportamientos homosexuales. Y como tal comportamiento se da con frecuencia en la naturaleza, se trata de un comportamiento natural.
Por otra parte, si esta evidencia biológica la conocen en Roma y se les oculta a los fieles, entonces la mentira vaticana llega a extremos tan escandalosos que es de imposible justificación y merece la denuncia y el desprecio.

Al mentiroso del Vaticano, como a cualquier mentiroso, se le pilla antes que a un cojo, aquí os pongo un par de vídeos que lo ponen en evidencia.

http://www.youtube.com/watch?v=2MFyCIsN29k

http://www.youtube.com/watch?v=04lPheGpWfM

Si consultamos el Catecismo de la Iglesia Católica, leemos: “La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la tradición ha declarado siempre que 'los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados'. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso'.
Nótese el contenido homofóbico de las frases: habla de “depravaciones graves” “actos desordenados” “contrarios a la ley natural” “Cierran el acto sexual al don de la vida” (lo dicho, para la Iglesia católica sexo = cría)…y la gran mentira: “No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual” Según eso, los homosexuales no pueden amar, por lo que se ve la Iglesia aún no se ha enterado que en los últimos dos años ya se han casado más de 3300 homosexuales en España.
Leído esto, mi primer impulso es quemar el Catecismo…. Y el segundo, también.

Como consecuencia del odio de vuestras religiones hacia el homosexual no os debe extrañar que Amnistía Internacional denuncie que 70 países aun persigan a los homosexuales y que de ellos, ocho, los castiguen con pena de muerte. Todos con cultura musulmana, se trata de Afganistán, Arabia Saudí, Irán, Mauritania, Pakistán, Sudán, Yemen y algunas zonas del norte de Nigeria.

Algunos paracientíficos creen aun que la homosexualidad es una enfermedad y la Iglesia católica de México considera la homosexualidad una “enfermedad curable”
Y en la católica Polonia, cuna del anterior papa, Amnistía Internacional denuncia manifestaciones de diputados de la Asamblea que emiten declaraciones del estilo de: "si los desviados comienzan a manifestarse, habrá que aporrearlos". Además limitan la libertad de expresión de este colectivo y menosprecian el principio de no discriminación reconocido en la Carta de Derechos Humanos de la UE que tiene que cumplir Polonia como parte del acervo comunitario.
Hace poco, la Defensora del Menor de Polonia, inició una investigación para saber si el personaje de los Teletubbies, promovía la homosexualidad ¡¡¡.


En España, los obispos se postulan contra el matrimonio homosexual, alegando que a los hijos que adopten según permiten las nuevas leyes, les faltará la imagen de la madre, y la del padre, en el matrimonio de dos mujeres y que por culpa de esa carencia los hijos tendrán un desequilibrio y un mal desarrollo mental.
Esos prelados tienen la desvergüenza de “olvidarse” de sus famosos orfanatos donde los internos no veían la imagen materna jamás, ya que los niños sólo estaban con curas, mientras las niñas no veían la imagen paterna en ningún lado pues estaban permanentemente enclaustradas con monjas.
A pesar de ello, al parecer, todas estas generaciones de huérfanos y huérfanas disfrutaban de buena salud mental a pesar de que con algunos los sacerdotes pedófilos sin duda “se pusieron las botas”.

La “amnesia” de los obispos les lleva también a olvidar los innumerables matrimonios arreglados y los de niñas menores de quince años que se dan en la India, Afganistán, China, Pakistán, Nepal, Oriente Medio y el Lejano Oriente, es decir, prácticamente en medio Mundo. Y es que los de la "falda púrpura" son tan homófonos que, para ellos, sólo cuenta la “aberración” del matrimonio homosexual.
En su fanatismo, no dudaron en manifestarse el año pasado de la mano del Partido Puritano (PP) por las calles de Madrid contra dicho matrimonio, en cambio nunca los veréis manifestarse contra los múltiples matrimonios arreglados que implican a niñas menores de edad con hombres que pueden ser sus abuelos. Tampoco los oiréis expresarse contra las culturas que aceptan la boda con bebés e incluso ¡¡ con fetos ¡¡, ya que su “fijación” sólo está contra los homosexuales.

Lo más indignante de esos personajes es que no se cortan un pelo al manifestar sin pestañear y sin el menor sonrojo que los jóvenes deben practicar la castidad.. los pobres, en su ignorancia, no reparan (en realidad no dan para más) en que la CASTIDAD NO SE DA EN LA NATURALEZA, por lo tanto NO ES UN COMPORTAMIENTO NATURAL, siendo además, un comportamiento INSOLIDARIO que conduce fatalmente A LA EXTINCIÓN DE LA ESPECIE.

Sois unos tristes monos domésticos que no habeis logrado salvar ni el sexo de la domesticación.

La próxima semana hablaremos de la castidad

viernes, 4 de julio de 2008

COMPORTAMIENTO ADQUIRIDO

El animal humano está capacitado para aprender a lo largo de toda su vida, pero al igual que muchos mamíferos, tiene, du­rante su época juvenil, una especial capacidad para retener mejor las enseñanzas y experiencias. Este es el período más sensible de su vida en la que es más fácil grabar los principios de la doma social.
Es pre­cisamen­te en esta época de la vida, cuando el niño es más vulnerable a las ense­ñan­zas. Esto lo saben perfectamente las autoridades polí­ticas y re­ligio­sas (especialmente estas últimas) que se encargan de bombar­dear con sus doc­tri­nas a los niños en estas edades críticas.

No es casualidad que, a vuestras crías, los curas les enseñan el catecismo en su tierna infancia. De hecho, es cuando es más fácil lavarles el “coco”.
¿Por qué creéis que vuestros obispos y políticos del Partido Puritano (PP), os están machacando continuamente con la necesidad de que los niños estudien la asignatura de religión e insistiendo, al mismo tiempo, en la necesidad de objetar a la asignatura de (Educación para la ciudadanía).
Los obispos quieren tener las mentes tiernas y manipulables de los niños a su merced, para así poder sembrar en ellas sus consignas y, no contentos con ello, exigen también que se elimine la asignatura que instruye a vuestros niños en los valores democráticos, en el respeto a las libertades y a la solidaridad ciudadana, porque, precisamente estas, no son las preferencias de la Conferencia Episcopal.

Un ejemplo palpable de este tipo de manipulación político-religiosa lo tuvisteis en vuestro país en los años cuarenta.

Después de la guerra civil la Iglesia Católica ofi­cia­lizó en Espa­ña un Catecismo de obligada enseñanza en todas las escue­las del Esta­do.
Todos los niños de España tuvieron que aprenderse de memoria estas pre­gun­tas y respuestas:

PREGUNTA. ¿Es cierto que el hombre pue­de elegir la reli­gión que más le agrade?
RESPUESTA. - No, pues sólo debe profesar la católica, apos­tólica y romana, que es la única verdadera.

PREGUNTA. La libertad de prensa… ¿Qué es?
RESPUESTA. - La facultad de im­primir y publi­car sin pre­via censura toda clase de opi­niones, por ab­surdas y corrup­toras que se­an.

PREGUNTA. ¿Hay otras libertades perniciosas?
RESPUESTA. - Sí señor; la libertad de enseñanza, la li­ber­tad de propaganda y de reunión.

PREGUNTA. ¿Por qué son perniciosas esas libertades?
RESPUESTA. - Porque sirven para enseñar el error, pro­pa­gar el vicio y maquinar contra la Iglesia.

PREGUNTA. El matrimonio civil, ¿Es verdadero matrimo­nio?
RESPUESTA. - No, sino torpe concubinato.

PREGUNTA. ¿Qué enseñan los socialistas?
RESPUESTA. - Que el Estado puede disponer de los bie­nes particu­la­res que son fuente de riquezas y distribuirlos entre los o­bre­ros como lo juzgue conveniente.

PREGUNTA. ¿Qué me dice usted del socialismo?
RESPUESTA. - Que es un sistema absurdo y sobre todo, in­justo.

PREGUNTA. ¿Por qué?
RESPUESTA. - Porque viola la propiedad privada, que es sagrada, y dispone injustamente de lo que no es suyo.

PREGUNTA. ¿Por qué es brutal y pernicioso el sindica­lis­mo?
RESPUESTA. - Porque no respeta la moral ni el derecho y por medio de la revolución intenta la ruina de la sociedad y el repar­to univer­sal de las riquezas.

PREGUNTA. ¿Qué me dice usted del darwinismo?
RESPUESTA. - Que es un sistema absurdo.

PREGUNTA. ¿Por qué?
RESPUESTA. - Porque entre el hombre inteligente y li­bre y un animal, es ridículo y absurdo establecer parentesco.

PREGUNTA. ¿Peca gravemente quien se suscribe a perió­di­cos libera­les?
RESPUESTA. - Sí, señor, porque contribuye al mal con su dinero, pone en peligro su fe y da a los demás mal ejemplo.

PREGUNTA. ¿Debe ser laico el Estado?
RESPUESTA. - De ninguna manera. Antes, al contrario, debe profesar la religión católica, que es la única verdadera.

Y no creáis que la Iglesia y el Estado tuviesen bastante con eso, ya que veinte años más tarde, en los años sesenta, aún era obligatorio estudiar en las universidades españolas una asignatura llamada “Formación del Espíritu Nacional” (de adoctrinamiento franquista), y otra asignatura, la “Religión” (de adoctrinamiento católico).
Estas asignaturas del “Nacional-Catolicismo” se estudiaban en cada uno de ¡¡ los tres primeros años de todas las carreras ¡¡
Las seis asignaturas, tenían el mismo valor que cualquiera de las otras asignaturas que constituían las Licenciaturas.
No se podía terminar una carrera hasta tener las tres “políticas” y las tres “religiones” aprobadas.

Aún en el año 1990, en pleno régimen de libertades, con una Cons­titu­ción vigente que proclama al Estado español como no con­fe­sio­nal, los obispos católicos españoles y las asociaciones religio­sas, presio­naron con fuerza al Gobierno socialista para que la reli­gión cató­lica fuese obligatoria en las escuelas, dentro del marco de la Ley de Or­denación General del Sistema Educativo (LOGSE).
Se pre­tendía con ello ignorar a las demás religiones, a la liber­tad de en­señanza y a la pro­pia Constitución.

Finalmente, en 1991, y como prueba de la gran influencia que aún tiene este poder fáctico, la Iglesia se salió (una vez más) con la suya, se eliminó la asignatura de Ética (alternativa a la asignatura de Religión), y se puso como obligatoria una asignatura denominada "Historia de las Religiones" con la que el Gobierno pretendía cubrir el expediente "salvando la cara".

La Iglesia, con ello, salía beneficiada al matar, una vez más, dos pájaros de un tiro, ya que con la nueva disposición se obligaba a todos los alumnos de España a estudiar la religión católica (disciplina que el año anterior había sido optativa) y de paso podía "meter mano" a las demás religiones al poderse explicar su historia bajo el punto de vista del profesor católico.

Los adoc­tri­nado­res especializados en el lavado de cerebro infantil, además de utilizar la docen­cia, se valen de la posi­bilidad de or­ganizar convivencias, cursillos, activi­da­des pa­rro­quia­les, excur­sio­nes, campamentos, etc., para poder acce­der a la men­te de los jóvenes por la vía lúdica (cada año en Catalu­ña las ocho dió­cesis catalanas organizan colonias y campamentos para unos 30.000 niños y jóvenes).

En otras ocasiones la aproxi­mación es más direc­ta, a tra­vés de los llamados "Ejercicios Espiritua­les" que bien se pudieran también llamar “Reciclajes Espirituales” .

Todas estas estrategias tienen como fin, vuestra domesticación religiosa, no en vano sois animales domésticos.

Hans Hass, manifiesta que a partir de los 16 años se de­be­ría deci­dir solamente en cuestiones éticas que se vieran de igual ma­nera en todas partes.

Se debe advertir a vuestras formas juveniles, sobre los peli­gros que representan las fijaciones prematuras y se les debe hacer ver que, como primates, tienen el derecho de pensar y decidir por sí mis­mos, aunque a causa de ello se enfrenten a las autoridades reli­gio­sas y civiles de la sociedad, o a sus propios padres.

Por otra parte, quiero destacar también, que la facultad que tiene el primate humano de aprender algu­nas cosas por encima de otras, nos habla de una clara influencia gené­ti­ca, de hecho también en eso os recuerda al chimpancé.
Por ejemplo, los chimpancés buscan objetos que hagan ruido para ha­cerse notar, es­pe­cialmente cuando quieren manifestar una amenaza. Para ello bus­can troncos huecos o lo que tengan más a mano (Jane Go­dall, les vio per­cu­tar, incluso, latas de petróleo vacías en pleno África).
El primate hu­mano ma­neja también el sonido de la percusión antes que cualquier otro. Es a través del golpeteo rítmico del "tam-tam" o de troncos huecos, como se transmiten avisos de aldea a aldea los pueblos primi­tivos.
Los chimpancés, y otros animales, también golpean troncos huecos para indicar su situación a sus compañeros. Después de golpear el tronco escuchan en silencio esperando una respuesta.
Los tam­bo­res han acompañado al animal humano en todas sus guerras y no fal­tan en ninguna manifestación musical que tenga lugar en cualquier rincón del mundo.
Sin duda los instrumentos de percusión fueron los primeros instrumentos musicales manejados por el mono domestico. La inspiración bien les pudo llegar al oír el rítmico golpeteo de las gotas de lluvia al impactar sobre el suelo o sobre las hojas de los árboles.



Hasta la próxima semana.

lunes, 30 de junio de 2008

COMPORTAMIENTO INNATO

La supuesta libertad del animal humano para poder esco­ger entre diferentes pautas de comportamiento ante una situa­ción da­da, queda en entredicho cuando un arrebato de cólera se presenta en un momento ino­portuno manifestándose un comportamiento visceralmente a­gresivo en circunstancias en las que debería haber imperado la cal­ma.
¿Cuántas y cuántas ve­ces os dejáis llevar por nuestro tempe­ramento en contra de vuestra voluntad?
El comporta­miento innato es más importan­te en vues­tras vidas de lo que os imaginá­is.
Los animales tenemos la capacidad de aprender, y el aprendizaje pue­de ser autodidacta o copiado del com­porta­mi­ento obser­vado a sus con­géneres.


Analizando el comportamiento de mamíferos recién naci­dos, se apre­cia que la inmensa mayoría son perfectamente capaces de percibir pro­fundidades espaciales, tan pronto como empiezan a moverse, inclu­so en los casos en los que la lo­comoción se da inmediatamente después del par­to.

El animal humano no es una excepción, y también posee un gran nú­mero de otras pautas motoras innatas. Cualquier cría del primate huma­no, nace sabiendo mamar, llorar, reír, sonreír, asirse a su ma­dre, etc. Aunque, en realidad, viene al mundo mucho menos pre­pa­rado que una ra­ta, una ternera o un gato, para enfrentarse a los cam­bios de su medio.

Aún hoy, algunos autores antropocentristas y especistas niegan que en el hombre se den compor­ta­mien­tos innatos. En realidad es muy fácil contradecirlos y ridiculizarlos con un gran número de ejemplos.
Los niños ciegos y sordos de nacimien­to, cre­cen en un mun­do sin luz y silencioso. Por ello les es total­mente impo­si­ble ver a alguien sonreír o ni siquiera oír el sonido de la risa hu­ma­na. Sin embargo ríen y sonríen al igual que cualquier niño normal en estado de felicidad.
Naturalmente, también lloran de manera sono­ra y patean al igual que los otros niños "nor­males". Este comporta­miento no lo apren­den a base de pal­par la cara de sus pa­dres, puesto que también son­ríen los niños cie­gos, sordos y que han nacido con mu­ñones en lu­gar de brazos. Lo ha­cen in­cluso los niños a los que no les es posi­ble a­pren­der al tener el ce­rebro gravemente daña­do.

La sonrisa de un bebé de mono domestico tiene un enorme poder de atrac­ción, mien­tras que su llanto es uno de los sonidos que más perturban al ser hu­mano.
Considerando estas premisas uno no puede menos que sorpren­der­se por la gran cantidad de bebés que el animal humano mal­trata y la e­norme cantidad de infanticidios que comete.
Los bonobos nunca actuaríamos así ya que nuestras mentes no están diseñadas para el crimen, como las vuestras.

Al bebé, la sonrisa le sirve de desencadenante social. La ma­dre no puede resistirse ante su encanto y ello la hace esmerarse en el cuidado de su bebé. El resultado es un claro ejemplo de inte­rac­ción, puesto que la cría, al sonreír, retiene a la madre a su lado. Po­dría­­mos decir que, hasta cierto punto, la madre es "es­clava" de la son­risa de su bebé.

El llanto es también una forma de llamar la atención. En rea­li­dad, hay varios tipos de llanto y cada uno de ellos se carac­te­riza por poseer un tono que le es propio. Como propios le son el pa­trón, los estímulos que lo causan, los que lo finalizan y los efec­tos que causa sobre los presentes.
El llanto de dolor es arrítmico y empieza de manera sú­bi­ta, mien­tras que el de hambre, es rítmico y comienza de forma gra­dual.
El bebé se vale del llanto para atraer a los adultos hacia su persona y bien pronto aprende a manejarlo para tener cons­tantemente compañía a su lado. Se ha demostrado de manera diáfa­na que los llantos de los re­cién na­cidos son tan personales como sus huellas di­gitales. Por ello las madres son capaces de distinguir por el llanto, si es su pro­pio hijo el que está llorando o se trata de otro bebé.

El rechazo a los extraños es otro de los comportamien­tos inna­tos de los bebés. Se da tanto en niños normales como en sordos y ciegos. Es­tos últimos distinguen a los conocidos (y los diferencian de los ex­tra­ños) por el olor, como hace cualquier otro mamífero. Los desconocidos son rechazados, a pe­sar de que nunca nin­gún extraño los haya tratado mal.
El niño se siente seguro entre lo que le es familiar y desconfía de lo que le parece extraño.
En este comportamiento innato podría estar el origen de vuestro racismo y xenofobia.

El patrón fijo de conducta más evidente en los recién nacidos de vuestra especie es el giro de la cabeza y la succión. El giro de cabeza es de tipo al­ter­na­nte en los bebés prematuros. Dicho movimiento se efectúa, en estos bebés, de lado a lado y puede ser desencadenado por estímu­los tác­tiles aplicados a zonas próximas a la boca. Este mo­vi­miento puede variar en amplitud y frecuencia y posee una for­ma este­reotipada que se mani­fiesta tan pronto como el bebé, deseo­so de mamar, contacta con el pecho de su madre.
En los recién naci­dos normales, este mo­vi­miento es mucho más complejo. Al tocarles una zona próxima a los la­bios, el giro de cabeza se dirige hacia el estí­mulo y lo va si­guiendo si se continúan esti­mulando zonas próximas.
Con ello se demuestra que el movi­miento de la cabeza es provocado por estímulos tác­tiles y que la di­rección se va corrigiendo de manera continua para poder se­guir es­tos estí­mulos.
Una vez contactado el pezón de la madre, el estímulo tác­til en la zona la­bial hace que el bebé abra la boca y a­pri­sione el pe­zón. De esta manera se produce un nuevo estí­mulo (esta vez en el in­te­rior de la boca) que provoca la succión. Finalmente, la pre­sen­cia de la le­che en la boca, provoca un nuevo estímulo, el de de­glu­ción.
Una vez más os debo hacer notar, para vuestra desesperación, que vuestros bebes se comportan a la hora de mamar de la misma manera que los bebes de las ratas, perros, cerdos o chimpancés.



Las crías de mamífero, y entre ellas las del animal huma­no, nece­sitan succionar durante unas dos horas y media cada día. En otras palabras, necesitan succionar mucho más tiempo del que nece­sitan ma­mar.
Eibesfeldt y Bridger, comprobaron en 1967 y 1962, res­pectiva­mente, que las crías humanas succionan más cuando están sacia­das y activadas de manera experimental que cuando se hallan privadas de ali­men­to.

Tanto la erección del pene como los movimientos rítmicos de pelvis (en am­bos sexos) y la eyaculación, deben considerarse como comportamiento innato.
Los bebés humanos presentan fases regulares de erec­ción pe­neal. E­rección que en algunos casos se hace rítmica.
Por otra par­te, como apunta Lewis, los movimientos rítmicos de pelvis se inician entre los ocho y los diez meses de edad. En momentos de placer, tanto los niños como las niñas, abrazan a sus madres y proceden a efectuar una serie de rápi­dos movimientos oscilantes de pelvis, a razón de dos por se­gun­do, como si estuviesen copulando.
Se ha observado que en el comportamiento de juego de los ni­ños y ni­ñas de dos a tres años se adoptan las postu­ras típicas del coito en­tre adultos. En reali­dad están practicando (sin ser cons­cientes) parte de las secuencias de cópula.
Otro tanto cabe decir de las con­ductas maternales, que las niñas y, en algunos casos los ni­ños, pro­yectan sobre muñecas o sobre sus hermanitos más pequeños.

El animal humano tiende a aislarse en subgrupos pequeños, incluso dentro de un mismo grupo étnico, al igual que sus más próxi­mos compa­ñeros en la escala evolutiva, los chimpan­cés; pero a pesar de que en algunos lugares como Nueva Guinea se lle­guen a hablar más de cien dia­lectos, existen una se­rie de pau­tas que se repiten de manera idén­tica en las variadas ét­nias que se re­par­ten por todos los rincones del mundo. Se trata, evi­den­temente de pautas innatas.

Eibesfeldt filmó las formas de saludo de diferentes pue­blos loca­liza­dos en los más recónditos parajes del mundo. Descu­brió que para saludarse, to­dos ellos sin excepción, alzaban y baja­ban rá­pida­men­te las cejas al tiempo que sonreían. Muchas veces añadían a ta­les mo­vi­mientos una leve cabezada de asentimiento.

Muchas de las pautas motoras de carácter innato exhibi­das por el pri­mate humano son claramente una herencia filogenética, puesto que también las poseen los primates más cercanos a vosotros. Los chim­pancés y los humanos muestran unos comportamientos de ame­naza ex­tra­ordina­riamente parecidos. La única diferencia evidente reside en que los chimpancés pueden erizar el pelo en determinadas zonas del cuerpo, como los hombros, lo que ciertamente les da un aspecto amena­zador. El animal humano ha perdido el pelo en esta zona, pero sin embargo intenta enfa­ti­zar la cuadratura de hombros a base de añadir apósitos sobre los mismos. Esta sería la idea de usar charreteras, tan comu­nes en los uniformes militares, especialmente en las casacas de los superiores en rango, ya que estos deben mostrarse podero­sos e impactan­tes. También los gue­rreros de al­gunos pueblos primitivos se colocan alrede­dor de los hom­bros ostentosas plumas para que produzcan el mismo efecto.



También el hecho de patear el suelo y de enseñar los di­en­tes cuan­do estamos especialmente encolerizados, es otra de las carac­terís­ti­cas comportamentales que os hermana con los otros prima­tes. Tanto los monos papiones, por ejemplo, como los primates humanos bajan el labio in­fe­rior para mostrar el "armamento" de la dentadura...aún cuando en el ani­mal humano ya hayan desaparecido los largos colmi­llos.





La facultad de poder reaccionar a determinados estímu­los clave ("es­tímulos señal") de una manera determinada, es también co­mún a mu­chos animales. Los mecanismos desencadenadores activan unas de­ter­minadas pautas de comportamiento como respuesta a estos estímulos.

La señal que de­sencadena la agresividad del petirrojo es la mancha roja que ostenta el rival sobre su pecho. Cualquier bola de plumas con una mancha roja que sea puesta dentro de su territorio, de­senca­denará su comporta­miento agresivo.


Los humanos estáis también dota­dos de un sinnúmero de me­ca­nismos desencadenadores innatos. Las for­mas juveniles de los bebés desencadenan una necesidad de acu­narlos y acari­ciarlos. Lo mismo sucede con las for­mas juve­niles de otras es­pecies.
Veo que en vuestro país habéis tenido que prohibir la mendicidad que usaba bebes como reclamo. La presencia del bebe en brazos de la pedigüeña desencadenaba vuestro sentido de protección. Gracias a este desencadenante innato la desaprensiva os sacaba buenas cantidades de dinero para su provecho.
Hecha la ley, hecha la trampa, ahora estos delincuentes utilizan formas juveniles de otras especies (especialmente perros) para poder hacerse con vuestro dinero.

Cualquier imagen de animal joven con grandes ojos, frente abom­ba­da, anchos mofletes y boquita pequeña, despertará en vosotros pareci­dos sentimientos a los provocados por las crías humanas. Invito al lec­tor a que en alguno de sus pa­seos por las calles de su ciudad, se detenga cerca de alguien que este paseando a un cachorrito de perro y, disimulada­mente, tome nota de las excla­ma­cio­nes tier­nas, de cariz mater­nal, que emiten las hembras de la es­pecie humana cuando descubren al perrito.
Lo mismo ocurrirá si les mostráis una cría de gato, un patito, un pollito, un pajarito, un corderito, etc.

El director de cine S. Spielberg, conocedor de estas ape­tencias del animal humano, creó el monstruo galáctico ET, cuidando de que en él destacaran determinados rasgos infantiles, tales como: ca­beza grande (desproporcionada con respecto al cuerpo), inseguridad al an­dar, nariz respin­gona, ojos grandes, etc.
El éxito y la acep­tación de su mons­truo fue tal, que la película ET se convirtió en récord de taquilla, y su cri­atura se comercializó en todo el mundo. Todo ello le llevó a repetir la experiencia con nuevos monstruos de aspecto infan­til, los "Grem­lins", los cuales cosecharon parecido éxi­to.
El cine­asta Walt Dis­ney, ya había levantado un imperio a base de dotar con formas juveniles a to­dos sus personajes, desde el pato Donald a Bam­bi. Dis­ney, exageró no sólo estas formas en sus dibujos animados, sino que tam­bién lo hizo con la descoordinación de movimientos propia de los ani­males muy jóve­nes.


Es­tas exageraciones crearon el efecto de su­perestímulo desenca­denante que vino muy bien a sus propósitos comerciales.

En vuestro país, cada año, por Navidad, las papelerías se inundan con tarjetas de felicita­ción ilustradas por el dibujante Fe­rrándiz, el cual (al igual que los anteriores) da formas juveniles a todos sus personajes, desde la Virgen hasta la mula.

La necesidad de calmar el deseo maternal de las hembras humanas de cierta edad (sin hijos ni nietos), ha llevado a comerciali­zar los pe­rros falderos, los cuales pesan lo que un bebé, (frecuente­mente se les lleva en brazos) tienen grandes ojos, se mueven con un movimiento in­seguro de balanceo, poseen un ladrido atiplado, y algunos ostentan un fle­quillo que les cae sobre los ojos, y una nariz pequeña y acha­ta­da.
Lo más positivo, para la propietaria, es que estas for­mas ju­veniles son permanentes, con lo cual su sen­tido maternal se verá sa­tisfactoriamente colmado durante años. Es un ejemplo de perfec­to de­sencadenante.


Para convencernos, nos basta com­probar como les ha­blan sus dueñas (con frecuencia emplean un tono de voz mucho más tierno que el que uti­lizan para dirigirse a sus ma­ridos), como los sos­tie­nen, como los abri­gan con diminutas mantas al llegar el in­vierno y como les adornan la cabeza con pequeños lazos de los más va­riados colores.


El animal se mueve inducido por impulsos internos y si se le presentan experimentalmente diversos objetos o situacio­nes, po­dremos averiguar cual es su verdadera disposición. Si tiene sed, bus­cará insistentemente algo que beber; si tiene hambre, buscará comi­da; si tiene una necesidad sexual, buscará aparearse, etc. Si no ha­lla nin­guna ocasión para satisfacer sus impulsos, pueden producirse las ac­ciones de vacío, en las que el animal simula efectuar la ac­ción.

Obviamente, el animal humano también se mueve por im­pul­sos in­ter­nos. A lo largo del día se alternan las necesidades de beber, co­mer, dormir o moverse y, periódicamente aprecia una clara disposi­ción se­xual, cuya intensidad varía.
Todas estas necesidades son con­se­cuen­cia de la dictadura de los procesos fisiológicos que se produ­cen en voso­tros al igual que en cualquier otro animal. Algunas de estas pul­siones, es­pecialmente la sexual y la agresiva, se con­vierten en obstá­culos para la convivencia social "civilizada". Por ello la so­ciedad dicta unas normas represoras de los instintos que forman par­te de lo que llamaremos "doma social" la que, precisamente, os ha convertido en monos domésticos.
Las pautas innatas de comportamiento no siempre están to­tal­men­te desarrolladas en el momento de nacer. Bastantes de ellas irán madu­rando poco a poco a lo largo de la primera fase de la vida. Ello está facilitado por la clara predis­posi­ción al a­prendizaje que se da en los mamíferos.

En otro orden de cosas y antes de terminar mi post semanal quisiera comentar que esta semana se han reunido en Madrid unos cuantos monos domésticos de la especie Homo sapiens, que en su día fueron votados por millones de vosotros para gobernar el país.
Se supone que escogisteis a los que os parecerían mejores, pues bien, del resultado de la reunión que incluía debate y votación, se puede concluir que incluso “lo mejor” de vosotros invita, primero a la náusea y luego al vómito.
Resulta que los monos reunidos se citaban para decidir si los otros monos de su familia (me refiero evidentemente a los chimpancés, orangutanes, gorilas y bonobos) podrían tener ALGUNOS Y SÓLO ALGUNOS, de los derechos que ya tenían los monos humanos.
Y yo os pregunto.. ¿Qué méritos habéis hecho para decidir sobre los derechos de los demás? ¿A santo de qué tenéis que tener vosotros más derechos que los otros monos de vuestra misma familia? ¿Qué os habéis creído?



La Comisión de Medio Ambiente del Congreso se reunió el miércoles 25 de junio, para ver si, finalmente, España se decidía a sumarse al Proyecto Gran Simio de iniciativa internacional.
El Proyecto sugiere que los otros simios también tienen derecho a la vida, a la libertad y a no ser maltratados…¡¡ y vosotros en España aún os lo tenéis que pensar ¡¡.
Sois tan miserables, que aun os estáis planteando si es conveniente otorgar a los otros monos algunos de los derechos básicos de los que disfrutáis vosotros, los monos domésticos.


Hace dos años el diputado verde adscrito al PSOE, Francisco Garrido propuso algo similar, pero todo quedó en nada al recibir escarnio, mofa y todo tipo de burla por parte de los monos encorbatados que sentaban sus posaderas en el hemiciclo de las Cortes por la zona “conservadora”. Una cosa queda clara, el coeficiente intelectual de estos individuos es inversamente proporcional a la intensidad de sus burlas.
Como ya os podréis imaginar, el partido puritano (PP) dio la nota al negarse a apoyar la moción en aquella ocasión.
Como partido de base católica les debió parecer intolerable que los demás animales tengan algunos derechos que consideran privativos del primate humano.
Pero es que en esta ocasión los “peperos” han ido aún más lejos, ya que han votado en contra del proyecto Simio.
La popular Raquel Arias hizo gala de su nivel cultural al decir que le producía “rubor” el simple hecho de “tratar” la equiparación legal entre simios y humanos… TRAS LOS PROBLEMAS DEL SECTOR PESQUERO ¡¡¡
¡¡Que alguien me diga que tienen que ver los problemas de la pesca con el maltrato de los monos no humanos.
o es que …”como los monos domésticos tienen problemas pesqueros no importa que en los laboratorios se siga torturando a los otros monos”.
La intervención de esta hembra del animal humano es para que nos ruboricemos todos. Y vosotros en especial, por haberla votado. Como veis, su cultura no le llega al nivel de conocer que ella misma es una hembra de primate.
Y el día que los científicos aprueben el género Homo para el chimpancé y el bonobo (cosa que está al caer) ¿dónde se nos va a esconder esta señora?

Por otra parte, el PSOE apoyó la iniciativa pero se apresuró a insistir que “para nada” supone darles “derechos humanos”… ¡ Serán cagones ¡

Visto lo visto, os aseguro que si alguna vez los primates no humanos llegásemos a gobernar en vuestro país, lo primero que deberíamos hacer sería aprobar una ley por medio de la cual libraríamos a los del PSOE de que pudieran ser utilizados sus afiliados en experimentos de laboratorio (caso de que fuesen muy lesivos).
Legislaríamos que sólo pudieran estar internados en centros dedicados a la conservación del mono domestico, variedad sociata.
Prohibiríamos que se pudiera manejar a los socialistas con fines comerciales o en espectáculos. Pero eso sí, nos encargaríamos de que los socialistas “para nada” tuvieran “derechos humanos”.

En cuanto a los del PP, a parte de negarles cualquier “derecho humano”, lo primero que haríamos sería dejar que nuestros laboratorios los machacasen con todo tipo de experimentos cruentos a fin de investigar fármacos para nuestro bien.
A otros peperos los encerraríamos entre barrotes en los zoos, para poderles tirar algún cacahuete de cuando en cuando y, a los que les pareciese mal esta medida, los meteríamos en el circo para que actuaran de payasos (algunos entreno ya tienen) para así poder reírnos un buen rato a su costa. …o ¿No es eso lo que hacen con nosotros?

En fin, en las próximas elecciones, los amantes de la Naturaleza y de los simios, ya sabéis a que grupo político de monos no debéis votar.


viernes, 20 de junio de 2008

LA INTELIGENCIA DEL CHIMPANCÉ



Como ya os comenté en mi último post del lunes pasado, los chimpancés utilizan perfectamente los símbolos. Pueden ser premiados con fichas en lugar de con fruta; ellos mismos se encarga­rán poste­riormente de co­locar estas fichas en ranu­ras de maquinas que les pro­porcionarán la fruta.
La noción de que una ficha es convertible en comida es fácilmente asimilable por los chimpancés. Viéndoles, uno tiene la impresión de que se encuentra ob­servando al primate hu­mano frente a las máquinas traga­perras.

A los chimpancés se les puede enseñar a traer una fruta deter­mina­da mostrándoles únicamente una parte de la misma, como la semi­lla o el ta­llo (Premack 1976). Si se les deja palpar un objeto, lo pue­den escoger después de contemplar dos fotos, una de las cuales lo representa. No importa que la foto sea muy pe­queña o que se trate de un dibujo.

Si a un chimpancé se le dan fragmentos de un dibujo, como si se tra­tara de un puzz­le, puede crear la representación de la figura. Sarah (ver último post), recons­truía el puzzle de la cara de un chimpancé, al que había que añadir ojos, nariz, y boca, colocando las respectivas partes en la debida posición (Premack 1975). En una ocasión incluso uti­lizó un pedazo de plátano para representar un sombrero, después de haberse mirado al espejo poco antes del test.

Tenemos evidencia de que pueden apreciar la similari­tud entre fi­gu­ras y las cosas que representan, pero ¿Pueden aprender a utilizar las fi­guras para substituir un objeto real?.
La chimpancé Vicki en una ocasión trajo una revista en la que se re­presentaba una taza de te, señalando la foto de la taza como método para pedir bebida, más tar­de aprendió a utilizar fotos de coches para pedir paseos en coche.(Hayes y Nissen 1971).
Por su parte Tinklepaugh (1928,1932), enseñó a un chimpancé un plátano mien­tras lo escondía en una caja; unos segundos más tarde se le per­mitió res­catar el plátano de donde recordaba que estaba es­condido. Luego se repitió el experimento con otra comida que no le gus­taba tanto (le­chuga o zanahoria), y de nuevo encontró la comida y la comió. Más tarde se le engañó: un plátano fue escon­dido en la caja mientras mi­raba, pero le fue sustituido por le­chuga en un mo­mento de distrac­ción. Al encontrar lo que no esperaba, montó en cólera y rehusó comerla mientras se dedicaba a buscar la banana.
Ello demues­tra que el animal puede representar la banana mentalmente. Tal afirmación es lo mismo que decir que podéis suponer que al oír el rugido de un depredador, el chimpancé es capaz de evocar mentalmente la represen­tación del enemigo an­tes de que este comparezca ante él.

Como vosotros, los demás animales deben clasificar la infor­mación que les llega constantemente a través de los sentidos. Necesitan clasificar cada cosa que ven como formando parte de un miem­bro de la clase de cosas similares que les son fami­liares por conocidas. Ha­biendo comprobado que un miembro de una es­pecie determinada de depre­dador es pe­li­groso, les será ventajo­so evitar a otros miem­bros de la misma especie en el futuro, aunque estos se diferencien del modelo en al­gunos aspectos.
Para probar en los demás animales tal capacidad, podemos coleccionar una serie de fotografías y dibu­jos que re­pre­sen­ten un mismo objeto (por ejemplo un árbol) del que representaremos distintas versiones que pueden variar de las otras en medida, especie, o en el ángulo desde el cual son representados o fotografiados. Necesitamos también un conjunto de gra­ba­dos que se parezcan sólo en el hecho de que no son un árbol. Al animal se le enseña que se le proporcionará co­mida úni­camente si coge el graba­do que contenga un árbol.
Si es capaz de hacer esto, sabemos que trata a diferentes árboles como si fuesen similares en algún as­pecto, es decir, es capaz de clasificarlos de alguna manera.

De esta manera a las palomas se les ha enseñado a colabo­rar en guerras como espías, una vez se han aprendido un conjunto de blancos que se desea bombardear. Para ello se les proyectan durante su entrenamiento una serie de diapositivas (en vista aérea) de objetivos dignos de ser bombardea­dos, como oleoductos, campamentos, tanques, cañones, etc., junto con otras vis­tas irrelevantes. Al animal se la recompensa con comida cada vez que aparece una diapositiva que represente un objetivo béli­co. Volando posteriormente sobre la zona a batir man­dará seña­les e­léctricas a través de su cerebro monitorizado a distancia, al sobre­volar el supues­to objetivo. Calculando la dirección, velocidad de vuelo etc., se sabe su exacta ubicación y se puede proceder al bom­bar­deo por sorpresa.

Los chimpancés son capaces de apilar objetos o fotos en mon­tones (Garcha y Ettlinger 1979). La chimpancé Viki pudo separar cucharas y tenedores, botones y torni­llos, y colo­car fotos de humanos en un montón y de otros animales en otro. Podía incluso clasi­ficar objetos de diferente forma, medida y color basándose en es­tas propiedades.
Si en una ocasión clasificaba los objetos, por ejemplo, atendiendo a su medida, la próxima vez los reclasificaba de nuevo basándose en otra pro­piedad, como por ejemplo el color.

Cuando los chimpancés se encuentran ante un animal o un objeto que no figura en su "vocabulario" de símbolos, lo definen usando para ello los símbolos de los que disponen. Así, si se les enseña una sandía y se les pregunta ¿qué es?, ante la imposibilidad de representarla por un símbolo que no existe entre los que le hemos dado para que pueda escoger, buscan la ficha correspondiente a fruta y a agua, colocando en la pizarra magnética como respuesta a la pregunta..."fruta de agua". La picante guindilla será..."comida de dolor", "comida de llorar", o "comida de fuego", mientras que un pato será un...¡"pájaro de agua"!.
Como veis, y por mucho que os duela, los chimpancés son capaces de crear vocabulario. Eso destroza y descoloca a los lingüistas especistas que, en vuestra especie son una plaga.

Estos ejemplos nos sirven para demostrar en los animales la facul­tad de la abstracción que hasta hace bien poco os creíais que era una de las grandes capacidades privativas del ser humano.

Los chimpancés no sólo son capaces de aparejar un modelo determi­na­do con una copia del mismo que les es mostrada a posteriori (como hacen otros animales) sino que además pueden aparejar un ob­jeto con una foto del mismo objeto. Pueden también determinar cual de dos fo­tos re­pre­senta el ob­jeto, o cual de dos objetos les ha sido mostra­do con ante­rioridad bajo la forma de foto o de dibujo (Davenport y Rogers 1971).

Al igual que otros mamíferos, los primates son capaces de recono­cer la imagen en un espejo como la imagen de un animal; los monos siempre reaccionan como si la imagen fuese otro animal al que había que some­terse o atacar (Gallup 1975). Pero los chimpancés, orangutanes y gorilas pueden recono­cer su propia imagen (Gallup y Suarez 1981). Ello quie­re de­cir, ni más ni menos, que son capaces de tener conciencia de sí mismos (otro “detalle” que os saca de vuestras casillas).

Si se les pinta una mancha de pintura en la frente mien­tras están bajo los efectos de la anestesia, al despertarse y mirarse al espe­jo in­tenta­rán sacársela frotando su propia frente en lugar de frotar el espejo don­de se refleja su figura.

Utilizando la técnica de aparejamiento de objetos antes descrita se pue­de demostrar que los animales son capa­ces de reconocer un ob­jeto por el tacto. Para ello se les muestra un modelo, y se les re­quiere que es­cojan entre otros objetos el equiva­lente, pero uti­li­zan­do única­mente el sentido del tacto. Chimpancés y orangutanes pueden escoger por el tacto el objeto que encaja con el modelo que han visto con anterioridad (Davenport y Rogrers 1970).
Con ello nos es posible demostrar que la posibilidad de recono­cer objetos vistos o palpados no tiene nada que ver con la posesión de lenguaje.

Los chimpancés que viven con el hombre, muestran una amplia gama de habilidades al manejar objetos case­ros como tazas, cucharas, ­inte­rruptores de la luz, pomos de puerta, etc. Aprenden a hacer (y a servir) una taza de té, o a jugar con cons­truc­ciones de arquitectura (Kellog y Kellog 1933, Hayes 1951, Kellog 1968, Fleming 1974).
En realidad, de sus inmensas posibilidades de aprendizaje nos hablan las múltiples exhibiciones que nos es dado contemplar en cualquier circo.

Menzel estudió, en 1973, un grupo de chimpancés encerra­dos en un pati­o. Dichos animales aprendieron espontáneamente a colocar ramas sueltas de pie, luego a trepar rápidamente por ellas o a utilizarlas como útil de salto de pértiga. Todo ello les llevó más tarde al descubri­miento de que la rama podía apoyarse contra la pared del recinto y gracias a ella escapar.

Los chimpancés resuelven estos problemas no sólo por­que pue­den utilizar experiencias pasadas, sino también porque intentan gran va­riedad de aproximaciones.

Köhler, en 1925, ya había tenido ocasión de comprobar la inteli­gencia del chimpancé con una serie de experimentos. Les colo­caba comida a la vista, pero fuera de su alcance. Para obtenerla el animal debía utilizar palos, si es­ta se encontraba más allá de los barrotes, o apilar cajas si la comida se encontraba col­gan­do del techo. En cualquier caso las he­rramientas servían para incrementar el alcance de los animales. Los chimpancés resolvieron todos los problemas, e in­cluso uno de el­los, Sultán, aprendió a empalmar palos para alcanzar más lej­os.

Sultán fue también el primero en apilar cajas para llegar a la comi­da, pero los demás pronto aprendieron de él viéndole trabajar. Los chimpancés más hábiles en manejar las cajas po­dían llegar a hacer torres de tres y cuatro elementos.

Los individuos sin ningún tipo de experiencia en estos casos, unían palos y api­la­ban cajas aún sin el premio de la obtención de comida (Schiller 1952), pero en cambio, los chimpancés criados en el laborato­rio (Birch 1945) no sabían utilizar los palos para recupe­rar la com­ida, aunque podían hacerlo si antes se les permitía ex­perime­ntar con los pa­los para aprender sus propiedades.

Este comportamiento se explica al considerar que los chimpancés nacidos en libertad utili­zan los ob­jetos de ma­nera más variada que los que han sido cria­dos en el labo­ratorio, con lo que apren­den más rápida­men­te la utilid­ad de los palos.
El animal efectúa una serie de movimientos secuen­ciales que le van aportando distintas soluciones; primero intentará llegar al ali­men­to a través de los barrotes, después intentará separarlos, lue­go buscará un palo para llegar a él, y si no llega, empal­mará un palo con otro hasta resolver el problema.
Ello prueba que razonan y si razonan …son animales racionales ¿Os enteráis?.
Que ¡¡ ya está bien ¡¡ de que siempre dividais a los animales en dos columnas, la de los RACIONALES y la de los IRRACIONALES para, acto seguido colocaros, con todo el "morro" del mundo, en la primera columna y EN SOLITARIO.
Las dudas sobre vuestra supuesta " racionalidad" desaparecen al mirar vuestros comportamientos. Leed los periódicos de hoy, o los de mañana, o los de pasado mañana y veréis que vosotros de “racionales”...tenéis más bien poco ¡¡¡

Si a un chimpancé se le muestra un víd­eo en el cua­l una per­sona trata de lle­gar a unos plátanos que cuelgan del techo, (Premack 1978), y más tarde se le muestran al animal las fotografías del equipo que pued­e ser utili­zado para resol­ver el problema (una ca­ja, un palo, una llave, etc.), con sólo ver una sola vez la película, el chimpan­cé es capaz de coger el instru­mento correcto en siete de cada ocho casos planteados. Es decir, saben la utilidad de los ob­jetos que le ser­virán para resolver los problemas habiendo visto una sola vez aplic­ar sus propiedades. Ello nos proporciona la evidencia necesaria para pode afirmar que los chimpancés pueden comparar las situaciones presentes con las pasadas y seleccionar las acciones más apropiadas para cada ocasión. Pueden transferir su conocimiento de una situac­ión a otra que tiene ciertos puntos de similaritud. Los chim­pancés de Köhler, de no encontrar cajas para resolver el problema, escogían pie­dras, bloques de madera, parrillas de hierro y una variedad de ob­jetos para utilizarlos como peldaños de escalera. Hacían esto sin dificultad por­que sabían que las propie­dades de estos objetos eran rela­tiva­mente similares a las de una ca­ja. Es necesario hacer cons­tar que la habilidad para apr­eciar la seme­janza entre las propiedades de las cosas, es una de las pruebas clási­cas que se utilizan para de­terminar el co­ciente de inteligencia en el hom­bre.


En muchas universidades se demuestra una y otra vez que los chimpancés superan en tests de memoria a los propios estudiantes universitarios de vuestra especie.


En este link podréis ver tres videoclips de los experimentos y podréis someteros vosotros mismos a los tests en los quedáis por debajo del chimpancé.

Lo verdaderamente triste, es que en la mayoría de vuestras Facultades de Biología, Psicología, Medicina, y Veterina­ria, se le oculten todos estos datos al alumnado. Se mantiene el silencio a pesar de estos descubrimientos (o precisamente por la mag­nitud e importancia de los mismos).
Se siguen poniendo dificultades en desarrollar los programas libres en Etología, se atenta contra la libertad de expresión (la secta del Opus Dei cada vez está más extendida entre los profesores de vuestras Facultades), se procura canalizar esa asignatura hacia la especialidad de la Eto­lo­gía Mate­má­tica salpicada de conceptos, definiciones y generalidades "aliñadas" con montañas de números, evitándose casi siempre tratar del primate huma­no y de la Etología aplicada. Con ello se pretende, sin duda, que el alumno no entre en consi­deraciones que pudieran hacer tambalear los principios en los que se basa gran parte de la doma social judeocristiana a la que se somete a los jóvenes ciudadanos en muchas escuelas privadas, antes de entrar en la Universidad.



Que la inteligencia del bonobo os sirva de lección para curar vuestra soberbia.

lunes, 16 de junio de 2008

LA COMUNICACIÓN ENTRE EL CHIMPANCÉ Y EL HOMBRE

Hace poco más de un siglo, uno de vuestros congéneres, soltó la siguiente “perla”:
"La gran barrera entre el animal y el hombre es el lengua­je...y jamás será cruzada por ningún animal" (Miller 1871). Un ejemplo más de especismo y de soberbia humana.
Cien años más tarde, el “clarividente” mono humano, caía en el más espantoso de los ridículos, ya que tres chimpancés: Washoe, Sarah y Lana, ridiculizaban esta fra­se.
Washoe hacia co­menta­rios con ges­tos de su mano, Sarah escribía en una pizarra mag­nética con símbolos de plástico y Lana escribía a máquina.

Os creíais los únicos en poseer un lenguaje, y ahora os encon­trá­is con que los chimpancés pueden utilizar el lenguaje de otra es­pecie (la vuestra). Utilizan el Ameslan de los humanos, para comunicarse con el pro­pio hom­bre, que aún no ha sido capaz de comprender el "lenguaje" del chimpancé. …Y luego alardeáis de vuestra supuesta inteligencia ¡¡.

El lenguaje es un sistema de comunica­ción que sirve para describir el mundo exterior. Debe tener símbolos que puedan ser utilizados como nombres para referirse a cosas y acontecimientos, en el lenguaje humano estos símbolos son sustantivos, verbos y adjetivos.

El lenguaje humano posee una serie de reglas que per­miten infinitas combinaciones, y que al hacerlo ba­rroco y variado según las geografías, lo hacen incomprensible a los propios hombres. Paradójicamente, la "perfección" del lenguaje huma­no os ha llevado a la "imperfección" de la no comprensión.
En efec­to, el pri­mate humano, por culpa de la complejidad de sus lenguajes, se erige en el único animal que no puede comunicarse con la inmensa mayoría de los individuos de su propia es­pecie.
El chino, ruso, jap­onés, árabe, vasco, catalán, alemán, inglés, francés, sueco, holandé­s,...etc., son incomprensibles para la gran mayoría de los españoles­...y algunos de estos idiomas se hablan dentro de la propia península ibérica.

El lenguaje humano no es la única forma de lenguaje que se pue­da concebir. Von Frisch, en 1950, fue el primero en asegurar (y demostrar) que las abejas que vol­vían a la colmena después de visitar una fuente de néctar, podían comu­nicar a sus compañeras la dirección, calidad y distancia de la fuente de alimen­to.

Distintas especies producen diferentes llamadas de alarma de a­cuer­do con el depredador o peligro que se cierna sobre ellos.

El mono Cercopithecus aethiops da diferentes llamadas de alarma depen­diendo del tipo de depredador divisado.



Según Marler (1977), emiten una llamada determi­nada para la serpiente pitón (Python sabae), otra para el águila mar­cial (Polemaetus bellicosus), y aún otra para el leopardo (Panthe­ra pardus).
Los experimentos demuestran que cuando escu­chan una de las llamadas, los monos saben que acción deben tomar como más apropiada según la circunstancia (Seyfarth 1980).
Si se reproducen cassettes de cada una de las lla­madas, los adultos situados en el sue­lo res­ponden a la llamada de aviso para serpientes mirando al suelo, a la del águila mi­rando hacia arriba, y a la del leopardo corriendo hacia los árboles.

Menzel (1979) preparó tests para seis chimpancés que es­taban en cautividad. Habitualmente se iba de paseo con un chim­pancé y en cualquier lugar del campo escondía comida, luego per­mitía a ese mismo chimpancé salir de expedición con sus otros compañeros. En cada ocasión el grupo se dirigía en la dirección del alimento y lo encon­traba muy rápidamente, incluso cuando el in­dividuo que había visto el lugar del escondite no conducía necesaria­mente la expedición.
Si a un chimpancé se le enseñaba un montón de comida, y a otro, otro mon­tón, el grupo de chimpancés escogía el camino que llevaba al lugar donde se encontraba el mejor montón, ya fuese mejor por cantidad o por ca­lidad, y en cualquier caso preferían la fruta a la verdura.

Si se les escondían objetos que les producían miedo (como ser­pien­tes), el grupo se aproximaba cautelosamente y con evidentes seña­les de temor.

Todo ello nos permite afirmar que un chimpancé puede dedu­cir he­chos del mundo exterior a partir del comportamiento de un com­pañero informado. También es revelador saber que si una per­sona señala la dirección en la que ha sido escondida la co­mida, el chim­pancé pue­de utilizar esta indicación para encontrarla (Menzel, 1979).
En cau­tivi­dad también se observa que los chimpancés pueden llamar la atención sobre objetos señalándolos (Terrace, 1979; Woodruff y Premack, 1979).

La imposibilidad de los primates para aprender a ha­blar se con­si­deró durante mucho tiempo como una prueba convincente de que care­cían de la capacidad de utilizar un lenguaje. El an­tropo­centris­mo del hombre les llevó a no medir a los chimpancés con los mismos paráme­tros con los que mide a los humanos que son mudos, y que por esta razón utilizan también el lenguaje de los signos.

Dentro de los signos existen diferentes lenguajes; además e­xiste también la posibilidad de comunicarse mediante la escritura.

A principios de los años 30, Winthrop y Luella Kellog, criaron un chimpancé hembra (a la que llamaron Gua), con su joven hijo. Pasados 16 meses, Gua comprendía ya unas 100 pala­bras.

Allen y Beatrice Gardner enseñaron a otro chimpancé, Washoe, a comunicarse con ellos utilizando sus manos y dedos para expresarse en "Ameslan". El "Ameslan" constituye un lenguaje, y es un sistema de comu­nica­ción uti­lizado por una comunidad de seres humanos (los sor­dos de Amé­rica del Norte) para toda clase de comunicación cara a cara.



Washoe tenía 11 meses cuando empezó su entrenamiento, y en 51 meses dominaba un vocabulario de 132 signos.

Pero Washoe dio un paso más: espontáneamente aprendió a combi­nar señales en cadenas de dos a cinco palabras. Las primeras combinaciones fueron "giveme sweet" (dame un dulce) y "come open" (ven y abre), efectuadas a los diez meses del inicio del aprendizaje del len­guaje (Gardner y Gardner, 197­1); otras combinaciones fueron "black comb" (peine negro), "baby mine­" (mi bebé), "Roger tick­le me" (Roger hazme cosquillas) y "more fruit" (más fruta). Washoe utilizó el sistema gestual para comunicar sus dese­os y ne­cesidades en su vida diaria, y se la veía señalándose a si misma cuando jugaba sola.

Desde el momento en que Washoe poseyó un lenguaje de sig­nos, lo utilizó con todo el mundo. Lo utilizaba con los pe­rros y gatos, ac­tuando exacta­mente igual que lo hacen los ni­ños. Fue nece­sario que aprendiese (como los niños) que algu­nas cria­turas no cono­cían su len­guaje. Cuando se la colocó con los otros chim­pan­cés, se co­municó directamente con ellos por medio de sig­nos. Los que de ellos cono­cían algo del lenguaje de los signos le respon­dieron por el mismo método.
Quiere ello decir, que los chimpancés en ese momento se estaban comunicando en un lenguaje que no era el suyo, ya que se expresaban en lenguaje humano.

Otros dos chimpancés, Moja y Pili, fueron entrenados por los Gardner desde que nacieron; ambos hicieron un progreso aún más rápido que el que hizo Wash­oe en su primer año de entrenamiento (Gardner y Gardner, 1978).

Patterson trabajó con un gorila, Koko, el cual dominó 112 se­ñales después de 36 meses de entre­namiento, mientras Wash­oe sólo logró aprender 85 se­ña­les en el mismo tiempo.



El estudio más sistemático hecho sobre el lenguaje de seña­les de los prim­ates fue llevado a cabo por Terrace en 1979, quien super­visó a un chimpancé llamado Nim durante cuatro años. Con su equipo mantuvo un control estricto de todas las señales efectuadas por el animal y muchas de las sesiones fueron grabadas en vídeo.

A pesar de que las condiciones de entreno de Nim fueron muy malas, (puesto que tuvo más de 60 maestros diferentes, la mayoría de los cua­les no te­nían expe­rien­cia), Nim adquir­ió un voca­bula­rio de 125 seña­les en los primeros 44 meses, y podía compren­der 200 señales más, e­fectuadas por los humanos.

Los primates pueden aplicar el símbo­lo a cualquier repre­senta­ción o manifestación propia del objeto. Así, Nim hacía el gesto para pe­rro al ver a un pe­rro, al mirar al dibujo o foto de un perro en un libro, o inc­luso al oír el ladrido de un can (Terrace 1979).

A otro chimpancé, Ally, se le enseñaron gestos manuales que correspon­dían en "Ames­lan" a diez palabras en inglés hablado, que ella en­ten­día (Fouts 1976). Al enseñarle los objetos dio la señal co­rrecta para todos ellos. Ello demuestra la capacidad de re­presen­ta­ción men­tal de objetos al oírlos en inglés.

Como al animal se le da una recompensa cada vez que su respuesta es e­xac­ta, cabe hacerse la siguiente pregunta, ¿Utiliza el chimpancé el lenguaje por el placer de comuni­carse o simplemente para recibir la recompensa?.

Si observamos a vuestras crías, vemos que en muchas ocasiones se valen del lenguaje cuando no tienen auditorio; muchos niños se entregan a interminables mo­nól­ogos antes de con­ciliar el sueño. Cuando un niño balbucea palabras para sí mismo, se le llama a este hecho "utiliza­ción del len­guaje como instrumento de reflexión". Se dice que el niño ex­plora las es­tructuras del lenguaje. Sin embargo, al des­cribir el mismo fenó­meno en el chim­pan­cé, los psicolingüístas nos lo definen como "charla inútil". Sirva este detalle como un ejemplo más de la estupidez del animal humano capaz de valorarse positivamente únicamente a sí mismo, mientras quita importancia a cualquier muestra de inteligencia que provenga de otra especie distinta a la suya.

Desde 1966, en el laboratorio de la Universidad de California en San­ta Bárbara, se enseñó a otro chimpancé, Sarah, a leer y escribir con piezas de plástico de diversas formas y colores, de modo que cada pieza representase una palabra. La organización jerár­quica de las frases se expresaba colocando las piezas de plástico magnetizadas en dis­posición vertical sobre una pizarra metálica.

Después de un corto período de aprendizaje construía las frases sin faltas. No sólo elegía la frase buena de un conjunto de ellas, sino que componía frases por sí misma, eligiendo y ordenando las pa­labras según la pregunta que se le hacía. Ello nos acerca a las es­tructuras sintácticas por las que se interesan los lingüistas de vuestra especie.

Para aplicar, por ejemplo, el verbo "dar", el chimpancé debe reco­nocer la diferencia entre individuos así como la que se da entre el que da y el que recibe. Si el chimpancé "escribe": "Pedro da a Juan una manzana", significa que distingue entre Juan y Pedro, y en­tre quien da y quien recibe. En resumen, el animal debe distinguir los objetos de los agentes, un agente de otro agente, un objeto de otro objeto, y debe distinguirse a si mismo de otro.

Se les enseño a utilizar el plu­ral. Así se enseñó al animal a es­cri­bir "manzana + plátano = fru­ta "(plural)". El animal comprendía que la partícula del plu­ral no se emplea en función del número de pala­bras que apare­cen en la frase sino en función del número de cosas a las que remiten las pala­bras.

En otros experimentos se le hacía describir una man­zana, enumerando sus propiedades y características, lo cual hacía sin du­dar. Ello demostraba que el chim­pancé es capaz de analizar un ob­jeto complejo según los rasgos que lo componen.

Los mismos análisis fueron hechos en ausencia de la manzana, uti­lizando en su lugar su símbolo correspondiente (un triángulo de plástico azul). Con ello se demostró el do­minio de la suplencia en el chimpancé, así como la posibilidad de referirse a un objeto que no está presente. El aprendizaje fue rápido, los errores esca­sos, y aún no se conoce el límite de las capaci­dades del chimpancé.

Rumbaugh, en 1977, utilizó una modificación radical del proce­di­mien­to con una chimpancé llamada Lana. Por primera vez se situaba a un chimpancé frente a un teclado, para que hiciese preguntas o con­testase a los científicos apretando las teclas. Sobre las teclas se encontraban los lexigramas (al igual que se encuentran letras en los teclados usados por el primate humano).

Lana trabajó con el teclado de una computadora y con su ayuda pe­día comida o bebida, así como también pedía que se le abriese una ventana, o suplicaba la compañía de su entrenador, etc. (Rumbaugh y Gill 1977).

Respondía con toda presteza a los lexigramas que aparecían en la pantalla tecleteando rápidamente la respuesta mientras miraba a la pantalla del monitor de la computadora. Llegó incluso a corregir los errores introducidos por su en­trena­dor, al descubrirlos en pantalla. Más tarde se entrenó a otros dos chim­pancés, Aus­tin y Sher­man, a utilizar el teclado del ordenador para pedirse cosas uno a otro (Savege-Rumbaugh 1978).

Todos los animales con los que se experimento aprendieron sin dificultades a ordenar frases largas como "Mary give Sarah grape" (María dale uva a Sara) (Premack 1976) y Lana po­día escribir en su te­clado "Please Roger tickle Lana" (Por favor Roger, haz cosquillas a Lana) (Rumbaugh 1977).
Los experimentos demostraron que a los chimpancés se les puede enseñar el orden co­rrecto de las palabras, aplicando vuestras reglas.

Para evitar suspicacias, debe decirse que todos los controles efectuados lo fueron bajo normas muy estrictas. Por ejemplo, Washoe tenía que mi­rar diapositivas y hacer la señal correspondiente a una persona que se hallaba a su lado. Una segunda per­sona estaba fuera de su vista pero podía observar las señales del ani­mal. Por otra parte ninguna per­sona podía ver que diapositiva se estaba pasando, y ambos experimentadores debían es­cribir el nombre que creían interpre­tar con la señal de Washoe. Lo mismo cabe decir del gorila Koko, de la chimpancé Sarah...etc. De mi querida Kanzi, os hablaré otro día.



No debe sorprenderos la facilidad que tiene el chimpancé para aprender vuestros gestos ya que en estado salvaje los chimpan­cés utilizan ges­tos para pe­dir co­mida (extienden la mano como vosotros cuando pedís limosna), o para con­solar a otro chimpancé (dándole peque­ños golpecitos como hacéis vosotros cuando pretendéis consolar a al­guien).
Para saludarse (se a­bra­zan, se besan, y se dan la mano, como hacéis los monos humanos en las mismas circunstancias).
Os sorprende que los bonobos que tenéis prisioneros en vuestros laboratorios de experimentación hayan sido vistos indicándose la posición en la que les gustaría copu­lar a base de hacer movimientos de mano no icónicos. (Rumbough, 1977). Y nosotros nos sorprendemos de que tal cosa os sorprenda.

Esta facilidad natural puede explicar el porque los niños mudos aprenden a usar el len­guaje gestual antes que los niños normales aprenden el lenguaje hablado (Gardner y Gardner 197­5).
¿Cómo pudieron los chimpancés y gorilas haber evolu­cionado la habilidad para aprender una forma de lenguaje en el labo­ratorio, cuan­do esta habilidad permanece oculta en estado salvaje?.

La respuesta es evidente. La evolución no da a un animal unas facultades mentales o físicas que no necesita, ya que no existe pre­sión de selec­ción si estas facultades no tienen ningún valor para facilitar la supervivencia.
Es precisamente al poner a estos animales bajo presión, cuando se manifiestan sus posibilidades ocultas.
En estado salvaje es normal que los animales no muestren habilidades que sobrepa­sen sus necesidades naturales. Está claro, pues, que si el chimpancé o el bonobo en estado salvaje no uti­lizan el lenguaje, no es por que carezca de las cualidades necesa­rias sino por­que las condiciones de moti­vación no se han impuesto sufi­ciente­mente como para impulsarle a utilizar el lenguaje en su hábitat, aunque sí en los experi­mentos de laboratorio o en el circo. En cauti­vidad lo hace, porque el hombre lo motiva y lo presiona, frecuentemente con torturas.

Kortlandt y Kooij, en 1963, llegaron a proponer la teoría de que los chimpan­cés se habían "deshumanizado", que las habilidades que una vez habí­an necesitado, cayeron posteriormente en desu­so. Ello pudie­ra haber sucedido de ha­ber vivido en un hábi­tat con una mayor demanda de capacidades que en los bosques en los que actualmente viven.
Sugirieron que los chimpancés vivieron por un tiempo en la sa­bana, y que fueron obligados a volverse al bosque (Kortlant y Van Zon 1969) por algunos elementos de la fauna.

Humphrey, (1976), argumenta que para ellos es más importan­te relacionar­se con sus compañeros antes que con su ambiente físico, y nadie de vosotros debería poner en duda la inteligencia y el acierto con que los chimpancés con­ducen sus pro­blemas sociales...especialmente si los comparamos con el primate humano.

La próxima semana vuelvo a mi querida África, pero desde allí os seguiré escribiendo de mono a mono, semana a semana. Volveré a instalarme entre vosotros para continuar mi estudio del mono domestico en Septiembre.
La próxima semana trataremos sobre la inteligencia del chimpancé.