viernes, 30 de abril de 2010

LA AGRESIVIDAD EN EL DEPORTE ( II )



Muchos son los deportes favoritos del mono domestico que contienen elementos de a­gre­sión ri­tua­lizada. Algunos de los más populares son: el jockey sobre patines o sobre hielo, los bolos, el tiro con arco, el tiro olímpico, los lanzamientos de jabalina, de peso o de martillo, los dardos, el rugby, el fútbol, el waterpo­lo, el balonces­to, el judo, el boxeo, el karate, la lucha li­bre, la caza, la pesca submarina...etc.


Obsérvese como en muchos de estos deportes se ritualizan secuencias de caza (el tiro con arco, los dar­dos y los lanzamientos en atletismo).

En otras es­pecia­lidades at­lé­ticas, como son las carreras de "sprint", las de fondo o las de salto de obs­táculos, se ritualizan las fases de per­secución que se dan du­ran­te la caza.


En todos los de­portes con pelo­ta o ba­lón, los com­po­nen­tes de los equipos deben "ca­zar" (capturar) la pelota, para lue­go, ma­ne­jándola con habi­lidad propiciada pos sticks, pier­nas, o bra­zos, lle­gar a in­troducirla en la meta del contra­rio (una cueva hecha con redes). Para lograr­lo, el equi­po habrá tenido que desa­rrollar una perfecta estrategia de ataque o defensa para la caza y captura del balón en la que participan los elementos de la mini tribu.


Ni que decir tiene que la caza o la pesca submari­na,.. es "CAZA", sin más.


Un safari foto­gráfico, es en reali­dad, una ex­pedición de caza in­cruenta, como lo es la de cual­quier fo­tógrafo que salga al campo con el propósito de foto­grafiar especies animales.


Antes de salir de casa fotógrafo naturalista prepara su iti­nera­rio por una zona donde espera encon­trar vida ani­mal, se viste con una indumen­taria críptica muy similar a la que utili­zaría un cazador, con el fin de pasar desaperci­bido entre la ma­leza. Pre­para su armamento (cá­mara fotográ­fica o vi­deo­cáma­ra) para tenerla en perfectas condi­ciones.

Una vez en la zona "de caza", procederá a seguir sigilosa­mente las pistas que le habrán de lle­var al animal que in­tentará "captu­rar" en imágenes. Loca­li­zado el ejemplar, el fo­tógrafo se apostará (cual caza­dor) y "apun­tando" su cá­mara hacia la presa, la centrará en su punto de mira, para a conti­nuación "dis­parar", oprimiendo el percutor. Acto seguido, la cámara digital intro­du­cirá de manera automática una nue­va "bala" en la recáma­ra y la tarjeta de memoria queda presta para grabar un nue­vo dis­paro.

Con las antiguas cámaras analógicas el hecho de recargar una “bala” se hacía aún más evidente. La “munición” se vendía en cartuchos de 36 “balas” (exposiciones) y una vez disparada la cámara, la cargábamos manualmente con una nueva “bala” de las que nos quedaban en la recámara (cartucho).


El fotógrafo naturalista vuelve a casa con una serie de "captu­ras", que en lugar de balancearse san­grantes en su cinto (como ocurre con el cazador), esta­rán retenidas en su rollo de celu­loide o en su “tarjeta de memoria”.


Al igual que todo caza­dor, el fotógrafo, gusta de exhibir sus tro­feos de caza. Mostrará sus archivos de diapositivas o sus fotografías digitales, mientras que el cazador se ufana mostrando los cadáveres disecados de sus victimas colgando de la pared.


Por desgracia, algunos de vosotros, necesitáis sangre para disfrutar de la caza. Necesitáis exterminar vidas físicas y no os sentís satisfechos con “capturar” sólo imágenes.


Los bonobos consideramos despreciables a todos los monos domésticos que matan por placer; tanto nos da que en vuestra lista de “cazadores” notables figuren determinados jueces, políticos de renombre, Delibes …o vuestro Rey.

Todos ellos quieren matar y todos ellos disfrutan o disfrutaron matando. Malditos sean TODOS ellos…sin excepción.


Algunos de estos animales humanos, encima, se jactan de “querer a la Naturaleza” y de “amarla sobre todas las cosas”. Aman a la Naturaleza … mientras la tirotean ¡¡¡.


Mucho más nobles son los primates humanos que disparan cámaras en lugar de disparar armas. Ellos prefieren capturar las bellezas naturales de manera virtual en lugar de irlas eliminando físicamente entre dolores.

Los primeros, una vez capturada la imagen, abandonaran la zona dejando tras de si al animal con vida para que otros puedan seguir disfrutando de la belleza de su cuerpo y de su canto.


Los cazadores, por el contrario, después de manipular con satisfacción los cuerpos inermes de sus víctimas, se alejaran del lugar dejando un rastro de sangre mientras se secan sus manos en el faldón de su casaca. Están ya de nuevo listos para seguir matando…


Cuando no disponéis de armas reales, matáis con armas ficticias. En algunos juegos de ordenador o de la Play, a medida que vais acumulando puntos, podéis cambiar vuestras armas por otras mucho más letales lo cual os da la oportunidad de matar más y mejor.


En algunos juegos, matáis, incluso sin armas. En esos casos matáis usando estrategias de desplazamiento. Moviendo vuestras fichas o piezas adecuadamente, capturáis o matáis las fichas o figuras del contrario; eso es lo que hacéis cuando jugáis a las damas, al ajedrez, al abalone, etc.



Agresividad, violencia, peligro y desafío a la muerte, son los alicientes que busca el animal humano hoy día, en los deportes de nuevo cuño, como son el "rafting", barranquismo, "puenting", "benji", etc. Todos ellos están clasificados entre los llamados “deportes de riesgo”, es decir, se encuentran entre las actividades deportivas con altos índices de lesiones graves y que cada año se cobran victimas mortales.



A finales de los ochenta estalló la moda del "rafting". Este de­porte consiste en descender los rápidos de un río en barcas neu­máti­cas en las que caben de seis a doce personas. Su único equipo con­siste en un casco, un traje de neopreno y un chaleco salvavidas. El grupo es salpicado constantemente por el agua y sus gritos se pier­den entre el ruido ensordecedor de los remolinos que en ocasio­nes ha­cen gi­rar la balsa sobre sí misma de manera vertiginosa.


El barranquismo consiste en bajar por el curso de un río sor­teando to­das las dificultades naturales que se vayan presen­tando. El prac­ti­cante debe, nadar, caminar, saltar, hacer "rappel" y desli­zarse por cavidades. Este nuevo deporte se cobra un buen número de vidas cada año en España (una media de 17 personas por año).


El "puenting" es una nueva actividad deportiva que tuvo su origen a principio de la década de los ochenta, en Inglate­rra. A me­diados de esta década se hizo muy popular en Francia, donde lo prac­ti­caron nu­merosos escaladores. El material utilizado consiste en una cuerda dinámica de poliamida de 10 u 11 milímetros de diáme­tro, y con una re­sistencia de 1.800 kilos, unos puntos de anclaje resistentes, unos mos­quetones y un arnés de escalador.

Los que practican esta nueva modalidad deportiva mani­fi­es­tan que después de haber saltado sienten una sensación equivalen­te a la de haber tomado medio tubo de tranquilizantes. De hecho la fuerte im­presión que recibe el organismo al caer provoca la secreción de jugos gástricos y una mayor activación hepática y renal. Se pro­du­ce al mismo tiempo una fuerte dilatación arterial y venosa a la vez que se activa el ritmo cardíaco (unas 135 pulsaciones por mi­nuto tras un salto de 15 metros).

La sensación de lanzarse al vacío pro­voca adicción en los que prac­tican el "puenting". Se experimenta una sensación mixta entre an­gustia y placer, al estilo de la que se siente cuando se cae en pi­cado por una empinada "montaña rusa".

Existen diversas variedades de "puenting"; desde saltar del lado exterior de la barandilla, hasta hacerlo de espaldas para evi­tar el vértigo o de cara para obtener una mayor impresión. Los más a­tre­vi­dos toman carrera desde el centro del puente y saltan por la baran­da como si se lanzaran a una piscina, realizándose figuras simi­lares a las de los saltos de trampolín. Algunos, para experimen­tar nuevas emo­ciones, se lanzan con los ojos vendados, otros, se en­rollan la cu­erda al cu­erpo para dar diver­sas volteretas mientras caen. Algu­nos piden a sus compañeros que los levanten a pul­so y los lancen al va­cío. Esta úl­tima modalidad es la más impactante, ya que el que es lanzado no puede con­trolar el salto y mientras cae siente unas enor­mes ganas de aga­rrarse a algo, sin encon­trar en que. Tam­bién se practica el salto en grupo, que consiste en saltar varias personas a la vez cogi­das de la mano o enlaza­das por la cintura.

Cuando la proximidad de dos puentes lo permite, se sue­le atar un extremo de la cuerda a un puente y se salta desde el otro. Ello pro­voca una mayor pendulación de la cuerda y la indescriptible sensa­ción de aproximarse a toda velocidad contra el otro puente para pasar por su ojo y pendular durante un rato. Si se dispone de un solo pu­ente, se ata la cuerda a una barandilla y se salta desde la otra. De esta manera se provoca también una pendulación, aunque no tan acu­sada como en el caso anterior.


En Nueva Zelanda, se practica el ritual de lanzarse desde una to­rre de bambú con una liana atada al tobillo, de tal mane­ra que al caer el saltador, la cabeza le quede a sólo unos milímetros del sue­lo. La medida de la liana y su preciso trenzado pertenecen a los secretos de la tri­bu, cuyo depositario es el brujo. Con el salto, el nativo pretende demostrar su valor ante la comunidad.


Este ritual ha inspirado el deporte del "benji", que con­siste en lanzarse al vacío en caída libre, sin pendular. En 1989, el ré­cord de caída libre se hallaba situado en los 140 metros.

Para el "benji" se utiliza como cuerda una goma flexi­ble. Mien­tras no se agota la longitud de la goma, es un auténtico vuelo li­bre. Poco después se da una suave y progresiva frenada, al irse esti­rando la goma, lo que provoca que su tamaño llegue a aumen­tar has­ta tres veces el original. Cuando parece que el salto ha llegado a su fin, se produce de pronto, una subida vertiginosa a toda veloci­dad que puede llegar a ser del 80 % del total de la bajada. Los sal­tos con cada goma son limitados.


La actividad deportiva agresiva es practicada especialmente por los indivi­duos más jóvenes de la población. El deporte les propor­ciona la posi­bilidad de ejercitar la musculatura, de aprender a tra­bajar en equi­po, de luchar y de adquirir un cierto rango entre los amigos o ante la sociedad.


Ter­minaré este apartado dedicado a la agre­si­vidad ca­na­li­zada a tra­vés del deporte, comentando que la agre­sividad se halla pre­sente en ma­yor o menor grado en todos los deportes de confronta­ci­ón, bien en­ten­dido que tampoco se libran de ella, los deportes cla­si­fi­ca­dos por algunos auto­res como "no agresivos". Cali­ficación que a me­nudo se da al tenis.


Si pasamos a hacer un análisis de esta espe­cia­lidad de­por­tiva, veremos que existe una gran gama de golpes con un alto compo­nen­te agre­sivo, como son el "smash" o el "ace". En ambos casos la pe­lota se lanza con gran fuerza contra el campo contrario. Como es sa­bido, al "smash" se le llama tam­bién "mate"… y al “smashar” se le llama también “matar” …. al contrario.

Otros de los golpes que se ejecu­tan en tenis son mucho más suaves, pero ciertamen­te humi­llan­tes para quien los reci­be. Se trata de la "dejada", el "lob lif­tado" o el "pasing shot", y si el jugador no se esmera lo sufi­cien­te puede caer víctima de un 6-0 en el set,...el temido y humillante "rosco", como se le conoce en el argot tenísti­co.


Como veis, en vuestros deportes y en vuestros juegos se manifiesta de manera evidente vuestra naturaleza agresiva y vuestras ansias de ganar a toda costa. En la mayoría de los casos os cobráis victimas ficticias pero en otras ocasiones (por desgracia) las victimas son reales.


En vuestra estupidez, a veces, sois incluso capaces de terminar con vuestras propias vidas … ¡¡ JUGANDO ¡¡, como ocurre con los "Conductores kamikazes", los que juegan a la "ruleta rusa", etc., etc.


Los bonobos no damos crédito a nuestros ojos.

miércoles, 21 de abril de 2010

LA AGRESIVIDAD EN EL DEPORTE ( I )




Últimamente, se está discutiendo mucho el papel del deporte en vuestra sociedad; mientras unos lo consideráis una valiosa válvula de escape (costumbre-válvula) que descarga la agresividad, otros lo consideráis peligroso porque creéis que produce justamente el efecto contrario, al igual que el caso del cine violento ya mencionado en mi anterior post. En este campo se confunden una vez más, los efectos a corto y largo plazo.

Sipes, en sus experimentos para refutar la teoría catártica de la agresión, parte del supuesto de que, en los pueblos belicosos, los deportes que implican lucha deberían ser menos frecuentes que en los pueblos pacíficos (si la hipótesis de catarsis es cierta). Por otra parte opina que, según esta hipótesis, la práctica de deportes agresivos debería disminuir en épocas de guerra. Pues bien, ninguno de estos supuestos se confirma. Las culturas belicosas se dedican incluso con más ahínco a los deportes de lucha que las culturas pacíficas, y en los EE.UU. no declinaron los deportes agonísticos durante la Segunda Guerra Mundial, durante el conflicto de Corea o durante la Guerra del Vietnam.

Ningún etólogo hubiera esperado otra cosa. Las sociedades belicosas del animal humano enseñan a sus miembros a ser agresivos, por ello cultivan los juegos de lucha. Su práctica significa un entrenamiento para la agresión a largo plazo, pero procura al mismo tiempo la catarsis interna del grupo como efecto a corto plazo.

Existen entre vuestra especie culturas pacíficas con costumbres-válvula en forma de juegos, concursos de canto, etc., pero Sipes, no les prestó atención. Los bosquimanos (que Sipes considera una cultura pacífica sin ningún tipo de juegos de lucha), tienen numerosas formas de juego como los lanzamientos de flechas y las danzas competitivas, además de practicar la caza.

La guerra y los deportes de lucha no funcionan como canales alternativos para descargar las tensiones agresivas acumuladas en el mono domestico.

En muchos de vuestros deportes la lucha aparece de manera disimulada formando parte del juego, en ellos el contacto corporal no se permite o se autoriza únicamente si es poco evidente. En otros deportes, sin embargo, la lucha es directa y el contacto físico puede llegar a ser violento. Entre estos deportes destacan el karate, "full contact", lucha libre, sumo, judo, esgrima, lucha grecorromana, boxeo, etc.

Analicemos, por ejemplo, el caso del boxeo. El boxeo es uno de los deportes más antiguos. Excavaciones arqueológicas realizadas en Creta demuestran que 1.500 años antes de vuestra era cristiana ya se practicaba en aquella isla una forma de pugilismo. La versión moderna se introdujo en 1886 en Inglaterra, haciéndose rápidamente popular.

Antiguamente no se fijaba el número de asaltos. Los combates duraban hasta la extenuación de alguno de los contendientes. El récord de duración de un combate, se dio en 1893, en una pelea entre J. Coger y T. Burnker. Dicho combate duró 110 asaltos (siete horas y 19 segundos). La confrontación tuvo que suspenderse por falta de luz y fue declarada nula. Para evitar las masacres que se producían, en el año 1900, se limitó el número de asaltos hasta un máximo de 15.

El objetivo de este “deporte” es hacer daño en el cerebro y en el hígado. Se busca especialmente la conmoción cerebral (KO). Algunos de vuestros deportes peligrosos pueden ocasionar daño cerebral accidentalmente, pero en el caso del boxeo se busca la conmoción cerebral a base de repetidos golpes en la cabeza. Se trata de un espectáculo en el que el público está deseando que uno de los púgiles sea derribado a puñetazos y quede en tal situación que sea incapaz de levantarse antes que el árbitro agote la cuenta de diez.
Si el adversario le parte la ceja al contrincante, el público le anima para que siga golpeándole en el mismo punto, a fin de provocarle una mayor hemorragia que mine sus fuerzas y le obligue a abandonar.

Hace unos años, en 1974, 165 neurólogos británicos investigaron los daños cerebrales causados en practicantes de diversos deportes. Encontraron a 12 jinetes, 5 futbolistas, 2 jugadores de rugby, 2 luchadores y un paracaidista con daños cerebrales…. APARTE DE 290 BOXEADORES ¡¡¡ … y ello pese que el número estudiado en otros deportes era mucho mayor que el de boxeadores. No es de extrañar pues que el boxeo se prohibiera en Suecia en 1969 y en Noruega en 1982.



Cuando la cabeza recibe un fuerte golpe, el cráneo se mueve, y el cerebro, que tiene libertad de movimientos dentro del cráneo le sigue con más lentitud. El movimiento a dos velocidades diferentes de cerebro y cráneo provoca un impacto de efectos catastróficos. El cortex cerebral se mueve mientras el cerebro va de un lado a otro de los afilados tabiques de hueso y de la membrana externa (duramadre). Alguna parte puede chocar contra salientes óseos provocando hemorragias cerebrales.
En el boxeo, muchos de los golpes son laterales, con lo que la cabeza se mueve en rotación asimétrica lo que produce daños más graves. Ciertas zonas críticas responsables del habla, memoria y movimiento son dañadas una y otra vez.
A consecuencia de ello se producen daños oculares gravísimos, como los desprendimientos de retina. Las hemorragias intercraneales agudas pueden causar la muerte (algunas veces en el mismo cuadrilátero) y la disfunción cerebral crónica y progresiva que es propia del boxeador que ha encajado demasiados golpes.
La gran perdida de neuronas en la zona de la memoria incapacita al boxeador. El llamado "punch drunk" en el argot pugilístico, que se traduce por "sonado". Se da especialmente, en hombres que han sufrido castigos reiterados en la cabeza a lo largo de su carrera deportiva. El carácter del boxeador va cambiando de manera progresiva, haciéndose con el tiempo más irritable, inestable y presentando una clara disminución de la memoria. 11 de cada 15 boxeadores estudiados tiene señales de la enfermedad de Parkinson.



Desde el punto de vista neurosiquiátrico y neurológico, está demostrado que a muchos boxeadores (un 70%) les quedan secuelas irreparables por lo irreversibles. La gran mayoría de los púgiles, ya antes de finalizar su carrera profesional, tienen algún problema en la articulación de palabras, manifestando también lesiones en el aparato locomotor. Muchos terminan en los psiquiátricos sus últimos días esperando una muerte prematura.
Aparte de lo antes mencionado, entre las lesiones más frecuentes destacan las fracturas de mano, nariz o mandíbula, roturas musculares, hemorragias renales, etc.

Últimamente se ha descubierto que incluso los golpes “normales” en un combate de boxeo causan contusiones cerebrales que provocan la perdida de neuronas que nunca serán reemplazadas. Para llegar a esa conclusión se estudiaron los casos de 20 boxeadores aficionados de la Marina inglesa que pasaron 40 controles. Se empleo un marcador radioactivo (tecnecio) en el flujo sanguíneo y, usando una cámara gamma se examinaron los vasos sanguíneos. Su imagen quedo interrumpida en las zonas dañadas. Eso, repito, considerando los golpes “normales”, pero algunos golpes son demoledores; el puñetazo de Frank Bruno (peso pesado británico ex campeón de Europa) fue medido por físicos dando una equivalencia del impacto de un peso de 500 Kg. A más de 32 kilómetros por hora.

La mayoría de los boxeadores provienen de una condición social pobre, de barrios deprimidos por el paro y el exceso de población. La explicación está en que a este "deporte" tan duro llega con más facilidad el que está acostumbrado a sufrir, a pasar hambre, etc... el más curtido por la dureza de la vida.
Los púgiles aceptan el riesgo a cambio de tener el dinero suficiente para alcanzar el nivel social de otros monos domésticos. Intentan salir de la miseria a puñetazos...

Durante los años veinte, se hicieron famosas las cenas de boxeo, donde los “caballeros” bebían, comían y apostaban, mientras a pocos metros de ellos un par de boxeadores se agredían sobre el ring. Las mesas más caras eran las más cercanas al cuadrilátero. Dicha cercanía les proporcionaba el "placer" de ser salpicados por la sangre de los contendientes mientras consumían un jugoso solomillo.
Han pasado los años, pero la tradición aún se conserva en el Grosvenor House Hotel de Londres, donde la temporada de boxeo se extiende de octubre a junio. En dicho local no se admite la presencia de mujeres y sólo se permite la entrada a los poseedores de invitación, que deben acudir vestidos de rigurosa etiqueta. En las noches de boxeo se congregan alrededor de mil comensales en el lujoso local.

Aunque los cinco factores básicos que los jueces aprecian para valorar la actuación de cada boxeador sean: la ciencia, la fortaleza, la combatividad, la defensa y la deportividad, lo cierto es que, la gran mayoría del público asiste a los combates buscando únicamente ver agresividad, impactos, heridas, sangre y el K.O. de uno de los púgiles, ya que, en honor a la verdad, el fin último que se persigue en el ring es el de producir la conmoción cerebral del rival, provocándole una pasajera "muerte fisiológica", que debe durar un mínimo de 10 segundos para poder contabilizarse como fuera de combate. Cuanto mayor sea el número de fueras de combate, más cobrará el púgil, puesto que atraerá a más monos domésticos a la velada. Según las encuestas las audiencias televisivas sólo están interesadas en el KO: un triunfo a los puntos es una decepción.

¿Qué se puede esperar de una especie de animales que cuenta entre sus particulares diversiones un “deporte” que consiste en agredirse de manera brutal? ¿Conocéis a otra especie animal, aparte de la vuestra, que disfrute mirando como dos de sus congéneres se golpean hasta partirse las cejas, la nariz, el hígado, etc. …Buscando provocarse mutuamente una conmoción cerebral? Estremecedor, por lo impresionante, es el grito de alegría que lanza la multitud de monos domésticos al descubrir los primeros rastros de sangre en la cara de los púgiles. Y estremece aún más, por lo desagradable, la explosión de alegría y los saltos de la muchedumbre enloquecida al comprobar que uno de los contendientes besa la lona al caer conmocionado.



A los bonobos siempre nos ha causado nauseas vuestra querencia por la agresividad y violencia. Nosotros vivimos en paz, mientras vosotros, los monos domésticos os distinguís por hacer de la violencia y la agresión, vuestra diversión.



miércoles, 31 de marzo de 2010

EL CINE, LA TELEVISIÓN Y LA AGRESIVIDAD DEL MONO DOMESTICO




Bandura y Walters, demostraron en 1973, a base de expe­rimentos que, en la formación del comportamiento agresivo del animal humano es de suma impor­tan­cia el a­prendizaje del éxito, el del modelo social y, por úl­timo, la edu­cación dirigida sobre el premio y castigo.

Para compro­barlo, estu­diaron el efecto que producen los di­versos mode­los de agre­si­ón en grupos de niños. El primer grupo fue testigo directo de como un adulto maltra­taba a una muñeca de goma; el segundo grupo pre­senció la misma escena a través de la televisión; al tercero le fue pasada una película de dibujos ani­mados en la que un gato sus­tituía al primate humano en la misma escena de agre­sión, y al cuarto y último grupo se le pro­yec­taba un film "neutro", sin ningún atisbo de agre­sividad. Acto segui­do se si­tuó a los cuatro grupos de niños en una situación de frus­tra­ción, y se observaron sus juegos: los tres grupos que habían pre­sen­ciado el com­portamiento agresivo, se comportaron con una agre­sividad a todas luces mayor que la de los del grupo que habían visto el film "neutro", y que era el grupo de control del experimento. Por otra parte, los que habían observado la escena agresiva por la pantalla del te­levisor se mos­traron más agresivos que los que habían presen­ciado la agresión en la reali­dad.

Los que han aducido el efecto liberador de tensiones que provocan las películas violentas, pretendiendo con ello haber de­mostra­do el carác­ter inocuo de la representación de la violencia, sólo tie­nen pre­sente el efecto a corto plazo; olvidan que existe otro a largo pla­zo, con­sistente en un aumento de la agresividad, fenómeno muy si­milar al que sucede en los diferentes tipos de deportes de lucha.



Cada vez son más los au­tores que cuestionan que las emisiones televi­sivas de con­te­nido agre­sivo y los programas de humor de carac­terísti­ca mordaz, libe­ren ten­siones, argumentando que dichos espectá­culos más bien in­citan a la a­gresi­vidad. Aunque la película este cons­truida de forma que per­mita el de­sahogo del espectador, hay que tener en cuenta el principio de que la ac­tivación repe­tida de un sistema fisiológi­co, puede de­sencadenar su pue­sta en marcha.

Desde estas líneas le sugiero al lector de espíritu in­quie­to que acuda a la proyección de una película de contenido vio­len­to, y que intente captar las excla­maciones que par­ten del pa­tio de butacas, durante la proyección. Este experimen­to puede com­ple­tarse acudiendo a diversos cines al tér­mino de las sesio­nes, para ob­servar al público que va saliendo, com­portándose de manera diversa se­gún haya sido el contenido del film.


Muchos investigadores, entre los que destacan Robert Lie­bert y Robert Baron, han demostrado que la visión de pe­lícu­las violen­tas incrementa la agresividad de una amplia gama de su­jetos entre los que se inclu­yen amas de casa, jóvenes delincuentes, estu­diantes de bachi­llerato y en­ferme­ros de hospital, entre muchos otros. Concretamente de las 18 investiga­ciones llevadas a cabo en esta dirección, 16 confir­man la teoría de que ob­ser­var actos violentos implica una mayor pro­babilidad de gene­rar otros actos violentos por parte de los obser­va­dores.

En un ejem­plo concreto, Liebert y Baron mostraron a un grupo de niños un episo­dio de la violenta serie televisiva de gángsteres "Los in­tocables" (famosa en los años 60), mientras que un grupo con­trol veía durante el tiem­po que du­raba el telefilm, un partido de fútbol americano. A conti­nuación se dejó a los niños jugar en un cuarto distinto con o­tros niños. Los niños que habían presenciado el telefilm se mostra­ron mu­cho más vio­lentos que los que habían visto el partido de fútbol.

Una película o un espectáculo de contenido agresivo, pue­de ac­tuar como un elemento liberador de tensiones, pero a la vez pue­de de­sen­cadenar un comportamiento agresivo en el espectador que no se encuen­tre en un es­tado de ánimo violento y que, al ver la película puede excitarse hasta llegar a la violencia.

Normalmente lo que o­curre es que el espectador se identifica de manera clara con lo que está suce­diendo en la pantalla. La estrategia de las películas de violencia consiste en que, en primer lugar, se debe activar la agre­sividad del espectador con­tra uno o algu­nos de los protagonistas (los "malos" de la película), para a continua­ción (una vez se halle ya el público sensibilizado), pasar al desen­lace trepidante de violencia en el que el héroe de la historia vence al villano. Ello satis­face a ci­erto tipo de espec­tadores que des­cargan así sus impulsos agre­sivos, pero, por otra par­te, provoca la excitación a otros, a los que incremen­ta su a­gre­sividad.


El gran é­xito y demanda de pelí­cu­las de con­tenido vio­lento por parte del espec­tador, indica cla­ramente que esta temáti­ca le sa­tisface una necesidad. Todo el mundo sabe que las pelícu­las de acción y de te­rror se en­cuentran entre las más taqui­lleras. A la hora de al­quilar cintas de vídeo o de bajarse películas de Internet, los jó­venes muestran cada vez ma­yores prefe­rencias por las pelícu­las de horror sanguinario, y por las historias de suspense con desenlace brutal.

El aumento de la demanda de los films de con­teni­do duro se evidencia entre los jóve­nes de la capa de la clase media-baja, que buscan la fórmula: mie­do-di­versión-emoción.


Una encuesta efectuada por la Generalitat de Catalunya, reveló que entre las películas favoritas de los escolares de 13 años destacan las que muestran escenas de car­nicería en las que se maltra­ta y despedaza a personas.


Esta demanda de violencia en el cine ha propi­ciado la apa­rición de segundas, terceras, e incluso cuartas y quintas partes de pelícu­las de corte agresivo.


Recuérdense los ejemplos de:

"ROCKY" (Rocky Balboa, Rocky II, Rocky III, Rocky IV, Rocky V, Rocky VI, Rocky VII).


"RAMBO" (Rambo, Rambo II, Rambo III, Rambo IV, Rambo V).


"TIBU­RÓN" (Tibu­rón, Tibu­rón II, Tibu­rón III, Tibu­rón IV, Tibu­rón V, Tibu­rón VI, Tibu­rón VII).


"LA MATANZA DE TEXAS" (La matanza de Texas, La matanza de Texas II, La matanza de Texas III, La matanza de Texas IV, La matanza de Texas V, La matanza de Texas VI).


“EL PADRINO” (El padrino, El padrino II, El padrino III, El padrino IV, El padrino V).


“EL MUÑECO DIABÓLICO” (El muñeco diabólico, El muñeco diabólico II, El muñeco diabólico III, El muñeco diabólico IV, El muñeco diabólico V).


“VIERNES 13” (Viernes 13, Viernes 13 II, Viernes 13 III, Viernes 13 IV, Viernes 13 V, Viernes 13 VI, Viernes 13 VII, Viernes 13 VIII, Viernes 13 IX, Viernes 13 X).


“PESADILLA EN ELM STREET” (Pesadilla en Elm Street, Pesadilla en Elm Street II, Pesadilla en Elm Street III, Pesadilla en Elm Street IV, Pesadilla en Elm Street V, Pesadilla en Elm Street VI, Pesadilla en Elm Street VII, Pesadilla en Elm Street VIII).


“HELLRAISER” (Hellraiser, Hellraiser II, Hellraiser III, Hellraiser IV, Hellraiser V, Hellraiser VI, Hellraiser VII, Hellraiser VIII).


“HALLOWEEN” (Halloween, Halloween II, Halloween III, Halloween IV, Halloween V, Halloween VI, Halloween VII).


SCREAM (El grito)” (Scream, Scream II, Scream III, Scream IV, Scream V, Scream VI).


“THE RING” (The ring, The ring II, The ring III).


“ALIEN” (Alien, Alien II, Alien III, Alien IV, Alien V).


“REC” (Rec, Rec II).


“EXTERMINIO” (Exterminio, Exterminio II, Exterminio III, Exterminio IV).


HANNIBAL (Hannibal, Hannibal II, Hannibal III, Hannibal IV, Hannibal V).


“DESTINO FINAL” (Destino final, Destino final II, Destino final III, Destino final IV, Destino final V, Destino final VI, Destino final VII, Destino final VIII).


“EL JUEGO DEL MIEDO” (El juego del miedo, El juego del miedo II, El juego del miedo III, El juego del miedo IV, El juego del miedo V, El juego del miedo VI, El juego del miedo VII, El juego del miedo VIII).


“El retorno de los malditos” (El retorno de los malditos, El retorno de los malditos II).


Y otras muchas.. entre las que destacan decenas de películas sobre Drácula, Frankenstein, “Hombres lobo”, Fantasmas, Muertos vivientes, etc., etc., etc.


Las series de "Rambo" (por ejemplo) constituyeron un e­norme éxito de ta­qui­lla, y en el interior de las salas de exhibi­ción el público co­reaba cada una de las acciones violentas.


"Rambo", es un autén­tico ejemplo del "born to kill" (na­cido para matar), encarnación mítica del héroe nor­teamericano de la Guerra de Vietnam.

"Rambo II", ofre­cía 200 escenas violen­tas y 44 muer­tes, sin contar las causadas por las 70 explo­sio­nes que se dan en el trans­curso de la pelí­cula. La fre­cuencia de esce­nas violentas es de más de 2 por minuto. El film recaudó en las prime­ras seis semanas de pro­yección en los EE.UU. 23.100 millones de las antiguas pese­tas. En "Rambo III" (cu­ya acción transcurre en Afganistán) se dan 245 ac­tos de violencia y 123 muertes en com­bate, sin contar los que mue­ren en masa.


Las enormes recaudaciones obtenidas por los films pro­tagoniza­dos por Syl­vester Stallone, nos sirven para indicar el inte­rés que este tipo de películas suscita en los espectadores.

Cada una de las siguientes 21 películas protagonizadas por este actor recaudó cifras millonarias. "Rocky" (en cada una de sus 7 capítulos), “Rambo” (en sus 5 partes), “ La cocina del infierno", "FIST", "Halcones de la noche", "Evasión o victoria", "Rhinestone", "Cobra", "Yo, halcón", "Encerrado" y "Tango y Cash" fueron éxitos rotundos en taquilla.

Esta parafernalia de violencia se vio superada en el film "La Jun­gla 2". En esta película, se demues­tra la gran parado­ja del cine norteamericano (re­presión para las escenas de sexo, y libe­ralismo y ex­presivi­dad al máximo para las escenas de vio­len­cia).

Durante el de­sa­rrollo del film, mueren 265 personas (ninguna de muer­te natural), con una media de 3 muertos por minuto de proyec­ción. En la mayoría de este tipo de películas, las cámaras se recrean en es­cenas brutales, por su violencia, utili­zando las técni­cas de cámara lenta y de "zoom".


La aparición esporádica de francotiradores que dispa­ran sus armas de manera indiscriminada contra los tran­seúntes o clientes de bares, demuestra hasta que punto las escenas de un film pueden in­fluir en determinados espec­tadores.

Estos, para llevar a cabo la ma­sacre, llegan in­cluso a vestirse como los protagonistas del film.


Supongo que no hará falta que os recuerde las frecuentes masacres perpetradas en Institutos y escuelas norteamericanas por alumnos de los centros que se presentan un buen día en clase vestidos a lo “Rambo” cargados con diversas armas que disparan a diestro y siniestro contra sus compañeros y profesores hasta vaciar los cargadores, reservándose una última bala para poderse inmolar una vez consumada su “hazaña”.

No debe sorprendernos en absoluto el interés de los ni­ños por las películas de "guerra", de "indios" o de "policías y la­dro­nes", ya que a estos mismos niños los habéis ido formando voso­tros a tra­vés de la violencia. La televi­sión que censuraba escenas de sexo, jamás hacía lo propio con las escenas de violencia. Los films de "ro­manos" o de "indios" (extremadamente violentos), siempre han sido "ap­tos para todos los públicos".


Los films donde se da el más fre­néti­co ritmo de violencia (las películas de dibujos animados) van dirigidos, pre­cisa­men­te, a un público infantil; como también a él van diri­gidas las tiras de comics y tebeos, donde el mamporro y el ac­cidente es la tó­nica domi­nante.


Cualquier película de dibujos de Walt Disney, o de Fred Quimby, es una sucesión imparable de actos violen­tos.


Todo el mundo re­cuer­da las agresiones continuas que se producen en las películas de "Tom y Jerry", del " Ratón ató­mico" o en “Bola de Dragón” (por poner sólo algunos ejem­plos).


En 1990 psi­quiatras y grupos de ciudadanos de varios países asocia­dos en la "Coalición Internacional contra la Violencia en el Ocio" pro­testaron públicamente por la emisión de la se­rie de dibu­jos "Las fa­bulosas tortugas Ninja", por conside­rarla psicológi­camen­te dañina. En esta serie de 65 episodios se suceden una media de 194 actos vio­len­tos por capí­tulo. Fue emi­tida en 1990 por TV3 de Catalunya los sába­dos a las 15.15 horas, y repe­ti­da los do­min­gos a las 11 ho­ras, es decir, en los días y horas de ma­yor au­di­en­cia in­fantil.


La o­ferta televi­siva para ni­ños se com­ple­men­taba con la serie "Campeo­nes" de Tele 5 (pro­ta­goni­zada por un gru­po de niños de ros­tros de­sencajados y dien­tes apretados, cuya úni­ca pa­sión era ganar jugando al fút­bol, lo que fo­men­taba la competi­ti­vidad sin lími­te en los muchachos), y por "La pan­dilla ba­su­ra" en el canal autonó­mi­co madri­leño, famosa por la cons­tante exhi­bición de com­por­tamiento agre­sivo y an­tisocial. Sus prota­gonistas vivían en esterco­leros, se reventaban es­pinillas infec­tadas, buceaban por retre­tes, pasaban sus cerebros por pasapu­rés y se arrancaban los intes­tinos unos a otros.


Televi­sión Es­pañola dedicaba un espa­cio a la guerra con "Ca­ba­lleros del Zodíaco", donde se mostra­ba al Caballero del Mal vivien­do en un cas­tillo que tenía el suelo cubierto de san­gre, dedi­cándose a prac­ticar todas las posibi­lidades de tor­tura.


Los dibujos que tienen la gue­rra como fon­do nunca hablan de sus as­pectos negativos, como destruc­ción, po­breza o miseria. De esta mane­ra los niños ter­minan por creer que la gue­rra es una apasionante aven­tura.


La violencia es también palpable en la mayoría de los álbumes y tebeos infantiles.


En "Astérix" los ro­manos reciben todo tipo de agresiones; los galos, muestran un notable chovinismo y xeno­fo­bia, siendo ejemplo constante de gula y pare­ciendo estar permanen­temente "enganchados" a una determinada póci­ma.


"El Capitán Trueno" o el "Gue­rrero del Antifaz" lanzaban, desde sus pá­gi­nas, mensajes sub­limi­na­les de pulsiones masoquistas.


El comic ja­po­nés "Akira", de gran éxito en España, llega al paroxismo de la vio­len­cia al presen­tar como protago­nistas a niños que disparan todo tipo de armas moder­nas.


O­tros personajes de comics se caracterizan por lanzar otro tipo de mensa­jes. Así, por ejemplo, Tintín muestra un ra­cismo larva­do, mien­tras que el capitán Haddock está casi permanen­te­mente bo­rra­cho.

Los "pi­tu­fos" dispo­nen de una sola "pitu­fa", con lo que su vida se­xual debe ser de lo más compleja...,etc.


En vuestro país, España, hay en el mercado no me­nos de 60 su­per­héro­es, que cada sema­na desde los quioscos siembran ideas de vio­lencia y ven­ganza en las men­tes infan­tiles.



­La violencia televisiva sirve, en muchos casos, de mo­de­lo de con­ducta para los niños y jóvenes. George Gerb­ner y su equipo hicieron un análisis meticuloso de la progra­ma­ción de televisión en algunos estados de EEUU en las horas de máxima audiencia, in­clu­yendo la mañana del sábado. Comprobaron que en ocho de cada diez pro­gramas había actos violentos. Los programas favoritos de los pe­que­ños, los dibu­jos ani­mados, eran los de máximo contenido de violen­cia. De 95 pe­lí­culas de dibujos animados analizadas, únicamente UNA de ellas se ha­llaba exen­ta de actos violentos.

Los escolares de España y de otros países de Occi­dente pasan una media de 1.450 horas al año delante del televisor. La ci­fra dobla el número de ho­ras que pasan en las aulas. Es verdadera­mente im­pactante contrastar estas estadísticas con las que nos dicen que sólo el 11 % de los niños de 6 a 13 años lee algo diariamente.


Hoy día, la mayoría de escolares de Barcelona disponen, como míni­mo, de los 44 canales gratuitos de TDT (sin contar las películas de vídeo). Si se conectan al satélite Astra (vía Canal +) dispondrán de unos 200 canales más a los que se deberá añadir todo lo que se puedan bajar de Internet, con lo cual al multiplicarse la oferta televisiva y de Internet, aumen­tan exponencialmente las posi­bi­lidades de verse in­fluenciados por la pequeña pantalla del ordenador y del televisor.


En los Estados Unidos hay quienes calculan que un joven estadounidense promedio habrá visto 200.000 actos de violencia en la televisión, incluyendo 16.000 asesinatos, antes de cumplir 18 años .


La Asociación de Psicología de los Estados Unidos, asegura que al concluir la escuela primaria un niño ha visto en televisión 8 mil asesinatos y 100 mil actos de violencia .


En Venezuela, se estima que al llegar a los 18 años un joven ha presenciado más de 113.500 muertes, 65 500 escenas bélicas y 8.763 suicidios .


En México se calcula que los niños, en promedio, “han sido expuestos a 8 mil asesinatos y 100 mil acciones violentas en la televisión, al momento de terminar su educación primaria” .


Los balazos, acuchillamientos, palizas y bombas aparecen en las películas de “acción” y en muchas de las series televisivas. En estas series se multiplican por mucho los crímenes que se dan en la vida real, y la policía sabe muy bien que cuando la televisión proyecta un film con determinadas esce­nas de violencia, existe una cierta probabi­lidad de que se produzcan, en los días que siguen al pase del film, actos violentos basados o inspirados en es­tas escenas.

No os debe, por tanto, extrañar, que a la hora de escoger sus juegos de ordenador o de consola, las crías de mono doméstico se inclinen en su mayoría por los juegos en los que la violencia esta presente.

Por desgracia, y pese a todas estas consideraciones, os veis obligados a educar a vuestros hijos entre mensajes agresivos e imágenes de violencia. Esta es la sociedad que habéis creado.


Visto lo visto, llegáis a la conclusión de que a vuestros hijos no se les debe evitar las experiencias con la agresión, pues si carecen de ellas estáis convencidos de que ten­drán serios problemas para la socialización y asimilación de la agre­sivi­dad que continuamente se da en vuestra sociedad y en vuestra vida diaria.


La so­ciedad ac­tual, le pide al líder, al ejecutivo, al deportista, etc., una cier­ta dosis de agresividad, sin la cual, jamás podrá auparse hacia jerar­quías superio­res en la sociedad de los agresivos y violentos monos domésticos. … Y así os va por la vida ¡¡¡

martes, 16 de marzo de 2010

DOMESTICADOS PARA LA AGRESION


Los procesos de aprendizaje ejercen una enorme influen­cia en la evolución de la conducta agresiva de los animales.

Un ejemplo clá­sico es el adiestra­miento de ratones mediante el triunfo en las peleas. Aunque estos no obtengan más que la victoria y la expulsión del congénere, bastará para convertirlos en ani­males agresivos.


También a la inversa, con ayuda de la derrota y otros cas­ti­gos, se podrán obtener ratones pací­ficos. Si esto fun­ciona en los mamí­feros que vosotros llamáis "inferiores", hemos de esperar algo parecido en el primate humano.


En la formación del comportamiento agresivo tiene una gran impor­tancia, en primer lugar, el aprendizaje del éxito; le sigue el del modelo so­cial y por último la educación dirigida sobre el pre­mio y castigo.

El aprendizaje ejerce una gran influencia en la evolu­ción de la agresividad en los animales. Si a los rato­nes los adies­tramos para obtener el triunfo en las peleas, se les convierte en animales a­gre­sivos, mientras que de los derrotados obtendremos anima­les pacífi­cos. Scott ha obte­nido ratones que son capaces de mos­trarse agresi­vos hacia cualquier oponente (por muy fuerte que este sea). Para ello trucó una serie gradual de peleas a fin de que en cualquier caso ob­tuviesen la victoria. Demostró que el ratón que ha luchado y ven­cido en un pasado, tendrá más seguridad en sus fuerzas, y con ello más posibilidades de victoria en sus luchas futuras. Tam­bién demostró que sus animales a­prendían a luchar luchando, a no lu­char no luchando y a vencer vencien­do.

En el desarrollo normal del niño el apren­dizaje de imi­ta­ción tiene una extraordinaria trascen­den­cia. Los niños se identi­fican con el progenitor de su mismo sexo sin necesidad de presi­ones educati­vas, lo imitan por decisión propia, po­siblemente en virtud de una dis­posición innata para el aprendizaje. Además, los a­dultos de vuestra especie e­jercen tam­bién una tarea educacional moldeando directamente la acti­tud funda­men­tal de los niños.

En los pueblos be­licosos (como los eu­ropeos), se enseña a los niños a ser intolerantes y a respon­der a las agresiones con agre­si­ón. Lo mismo sucede en mu­chos otros pueblos esparcidos por los lugares más recónditos del mundo.

Eibesfeldt filmó a un niño Himba, del África Sudoc­ciden­tal, al que otro niño había pegado. El agredido corrió llorando hacia su cabaña. Su abuela le entregó un palo y le ordenó apa­lear a su a­gre­sor. El niño no se atrevió a hacerlo y lloró con más fuerza; su a­buela le propinó una bofetada y lo sacó de la choza.


Entre los belicosos indios Waika, Eibesfeldt, recogió muchos docu­men­tos de este tipo.


A una niña a la que su hermano había golpeado, su madre le entregó un palo para que a su vez le pegara. Como éste era ma­yor y más fuerte que ella, la madre lo sujetó. Acto se­guido demostró a la pequeña como podía morder a su hermano, y le exhortó a hacer lo mis­mo.

En muchas culturas las madres humanas no sólo incitan a los pe­que­ños a tomar venganza, sino también a la agresividad, burlándose de ellos y excitándolos hasta enfurecerlos.

Chagnon, refiere como, con motivo de una fiesta los mu­cha­chos Wai­ka (yanomami) de 8-15 años de edad, fueron obligados a dar vueltas alre­de­dor del pueblo, luchando entre ellos. Los que por miedo a las he­ridas se ne­garon a hacerlo y escaparon, fueron traídos a ras­tras por sus pa­dres y obligados a pe­garse, "...A los primeros golpes se pusie­ron a llo­rar, poco después el miedo dio paso a la furia y al final se apalea­ron con ver­dadero entusiasmo, chillándose y revolcán­dose en el suelo mie­n­tras sus padres los enar­decían con gritos de ánimo...".



Los niños Waika se identifican en sus juegos con el rol del adul­to. Disparan flechas sin pun­ta, im­itan los bailes de los mayores y se golpean en la cabeza con palos de ma­dera blanda en un intercam­bio de golpes que responde a las re­glas que siguen los adultos en sus torneos.


Sois una especie agresiva y por ello son agresivos también vuestros dioses y vuestras religiones. La palabra “venganza” es una de las más utilizadas de vuestro léxico. Pedís más agresividad a vuestros deportistas y a nivel de negocios triunfan los ejecutivos agresivos.

En horario infantil vetáis las escenas de sexo y en cambio no hacéis lo mismo con las escenas en las que impera la violencia.

Sois tan imbéciles que mientras censuráis la visión de un matrimonio haciendo el amor (incluso más allá del horario infantil) permitís sin pestañear que se pueda ver como la esposa envenena a su marido o como el marido mata de un disparo a la esposa. Prohibís el acto máximo de amor y exhibís el acto máximo de violencia, como norma.


Tanto si sois monos domésticos como monos a medio domesticar (culturas Himba, Waika, etc.) vuestros ritos culturales y sociales destilan agresividad y violencia. Agredís a la naturaleza y os agredís a vosotros mismos… Os pasáis la vida de guerra en guerra. Así escribís vuestra historia y así os va en la vida.

Afortunadamente los bonobos tenemos filosofías muy diferentes a las vuestras.

Vuestro mundo es un mundo de odio… en el nuestro sólo impera la camaradería y el amor.