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domingo, 8 de junio de 2008

VUESTRAS ESTRATEGIAS SEXUALES

Las hembras de los bonobos y de los chimpancés nos indican su estado de receptividad sexual a través del olfato la vista y el gusto.
Nos bombardean con feromonas de atracción sexual, como vuestras hembras humanas y nos indican su disponibilidad sexual con el color y el tamaño de sus traseros.
El trasero de nuestras hembras, como ocurre con las del chimpancé tiene cuatro fases fácilmente identificables a simple vista que nos indican sin posibilidad de error la evolución del estado de su ciclo reproductor.
La primera fase es la de tumescencia (crece la hinchazón del trasero) y dura seis días.
La segunda, es la de máxima tumescencia (hinchazón a tope) y dura diez días.
La tercera, es la de la detumescencia (la zona anogenital se deshincha) dura de cinco a seis días.
Y la cuarta, es la fase sexual plana, de catorce días de duración.
La menstruación dura tres días y ocurre nueve días después del inicio de la detumescencia (en periodo plano).

Cuando el trasero esta en fase plana, su atracción sexual es prácticamente nula. Nuestro interés por el sexo va aumentando a medida que aumenta la hinchazón de su culo, llegando al máximo con su máximo volumen. En este momento.. nos volvemos locos.
A pesar de que durante el mes tenemos fases de mayor actividad sexual que propician los cambios antes indicados, no por ello dejamos de copular en los períodos menos favorables.
Al igual que otros animales (delfines, humanos, chimpancés, etc.) practicamos el sexo por pura diversión, fuera del período fértil. Pero lo cierto es que cuando nuestras hembras están en período de máxima hinchazón nos corremos antes y con menos movimientos pélvicos ya que estamos más excitados por el sugerente volumen de su culo.

Al no estar domesticados con leyes sociales y religiosas como lo estáis vosotros, los bonobos podemos sentirnos libres para disfrutar.
Aparte de ello, el sexo nos sirve también para transmitir buen rollo social y para terminar con episodios de agresividad. Nuestra filosofía es la siguiente: si estamos cabreados con alguien, en lugar de pelearnos “echamos un polvo” de esta manera actuamos inteligentemente y aparte de sustituir el mal rollo por el bueno, nos lo pasamos bien.

Como a pesar de tener la desgracia de ser humanos aún os queda algo de bonobo, vosotros muchas veces y sin saber porque, os veis frecuentemente impulsados a follar después de una pelea con vuestra pareja.
Nosotros, al ser más inteligentes que vosotros, follamos antes y así nos ahorramos, disgustos, insultos y agresiones.

Si queremos tener hijos (cada vez lo deseamos menos con el mundo que nos estáis dejando) esperamos al momento de máxima hinchazón y, para poder dar exactamente en el clavo, introducimos el dedo en la vagina de nuestras hembras, lo mojamos en sus abundantes secreciones nos lo llevamos a la boca y lo lamemos para poder confirmar si todo está en su justo punto.

Como vosotros también sois monos, no os extrañará que al igual que a nosotros, las feromonas os pongan en “sintonía fina”.
Es la “química entre personas” a lo que vosotros os referís tantas y tantas veces. (Ver post publicado el martes 1 de abril del 2008, “Vuestras feromonas”).

Al haber abandonado el desplazamiento a cuatro patas y haber optado por andar con las patas traseras, vuestras hembras se encuentran con que cuando se encaran con los machos de su especie queda oculta la importante señal sexual de sus traseros que tan sugerente es en los primates.
La naturaleza, que es muy sabia, soluciona el problema dando a vuestras tetas una forma muy parecida a la de vuestro culo.
Exhibís dos hemisferios por delante y dos hemisferios por detrás. De esta manera emitís potentes señales sexuales por delante y seductivas señales sexuales por detrás.
Esto es un fenómeno que se repite muchas veces en la Naturaleza y que se denomina “mímica genital”. A esta temática prometo dedicar un próximo post con varios ejemplos.

El caso es que los machos de vuestra especie miran indisimuladamente vuestros pechos y vuestras posadareras, los más lanzados (acostumbran a ser monos del sur del país) os espetan el conocido “¡¡ Nena, vaya tetas ¡¡ o ¡¡ Vaya culo ¡¡.
Les miro las caras y… cosa curiosa, su cara no es amable o alegre; la expresión de su cara es seria, adusta y se expresan con pasión.
Lo curioso del caso es que hay ciertos estudios que demuestran que ante un requiebro sexual, un 30% de vuestras hembras se alejan incrementando el balanceo de su culo.

Naturalmente que vosotras, hembras humanas, sois perfectamente conscientes del interés que estas zonas de vuestro cuerpo despiertan en vuestros machos. Sois tan conscientes… como cualquier hembra de cualquier mono.

Y como queréis tener éxito entre la población masculina os encargáis de potenciar y exhibir estas zonas al máximo. Actuáis justamente de la misma manera que actúan TODAS las hembras de vuestra familia zoológica… aunque yo diría aun más, ostentáis vuestros pechos y culos muchísimo más que cualquier hembra de chimpancé.

La ostentación de estas zonas genitales empieza tan pronto como entráis en la adolescencia, en bastantes casos incluso antes, en la preadolescencia.
De hecho deseáis que os “salgan las tetas” al descubrir que a la compañera de clase a la que ya le han salido, se la miran los chicos con más insistencia y tiene muchísimo más éxito con ellos que las que aun estan “planas”.
Tan pronto como se desarrollan los incipientes montículos, se repite la rutina de colocarse de perfil ante un espejo para constatar como vuestra orografía pectoral crece algunos milímetros por semana.

Naturalmente algunas de vosotras reaccionáis en sentido contrario, con vergüenza, la doma social y religiosa, es responsable de ello.
Algunas, tan pronto como notan que los chicos empiezan a fijar su mirada en su zona pectoral, se acomplejan. Andan encorvadas por la vergüenza, vergüenza que se incrementa si algún hombre mayor les suelta algún piropo. La timidez las embarga, se lo pasan mal de verdad y son las primeras en solicitar a mamá su primer top, en especial si además practican deporte.

Como sois animales domésticos, vuestras leyes tienen largas listas de prohibiciones y penalizaciones.
Una de las prohibiciones es la de enseñar el trasero, al igual que al macho se le prohíbe enseñar y ostentar su pene.
No hará falta que os diga que los demás machos y hembras de otras especies de vuestra familia no tienen esos problemas.
De todas formas por muy domesticadas que estéis no dejáis de ser primates y las leyes de la Naturaleza escritas en vuestros genes os pueden y os vencen.

Como no podéis enseñar el culo desnudo como hacen las demás hembras no domésticas, optáis por insinuarlo o enseñarlo parcialmente.
¿Cómo hacéis para insinuarlo?
Muy fácil, lo embutís en unos tejanos muy apretados y elásticos.
Es divertido ver como intentáis encajar vuestras extremidades posteriores (que no inferiores) dentro de unos tejanos apretados. Algunas os tendéis en la cama y estiráis, estiráis y estiráis, sudando la “gota gorda”… hasta que os entran. Mientras, al veros, los bonobos nos partimos de risa.
Y es que sois “tan inteligentes” (de hecho lo sois muchísimo más que vuestros machos) que preferís estar incómodas y sufrir una rato… si creéis que eso os hace más atractivas.

Si utilizáis faldas, recurrís a la licra. Este tejido se ajusta tanto al cuerpo que dejáis poco a la imaginación.
Por si eso fuera poco, habéis descubierto y puesto de moda, el tanga.
¡¡ Fuera las antiguas bragas ¡¡ Con el tanga, se marcan más los dos hemisferios del culo (vosotras lo sabéis muy bien) y por eso lo usáis.
Bien, ya tenemos pues el culo apretado, marcado, resaltado y ostentado… ¿Podéis potenciarlo aun más ?
Sí, ¡¡ Usando tacones ¡¡
Con ello añadís incomodidad a la incomodidad. Os provocais problemas de tobillo, de cansancio, de inestabilidad y de varices al modificar vuestro centro de gravedad con esas plataformas que, por otra parte, os hacen parecer más altas.
Como veis, vuestra domesticación no tiene límites y ciertamente desencadenáis en nosotros un profundo sentimiento de piedad.

Albert Einstein decía: “El universo es tan infinito, como infinita es la estupidez humana”.
Sin embargo, en este caso, no vais tan desencaminadas. Si no os importa sufrir de los pies, si a cambio de ello lográis ostentar un poco más el culo, vais por buen camino.
En efecto, los tacones enfatizarán el “efecto flash” de los dos hemisferios traseros mientras vais andando, con lo que los haréis más evidentes e insinuantes para el que os observe.
El efecto es demoledor en el macho. Pocos pueden resistirse a girarse y a seguir con la mirada vuestro trasero, hipnotizados con su alegre baile. ¡¡ Y VOSOTRAS LO SABEIS ¡¡.

Algunas dais un paso más…y os decidís a enseñar, cueste lo que cueste, un buen pedazo de vuestro culo. Ya no pensáis en insinuar, directamente os decidís por ENSEÑAR.
¡¡Bien hecho¡¡ con esta decisión recuperáis vuestro lugar en la Naturaleza. Ya estáis al nivel de la hembra del chimpancé.


Y… ¿Cómo os lo montáis para enseñar el culo?
¡¡Muy fácil¡¡ Os compráis unos tejanos de tiro bajo y un tanga. Una vez metidas dentro de estas prendas sólo deberéis tirar del pantalón hacia abajo y del tanga para arriba y… ¡¡ Ya está ¡¡
Al agacharos tendréis el gusto de enseñar vuestro tanga y un buen sector de vuestras nalgas.
A vuestros machos les es muy difícil no acariciar o tocar el culo en pompa que se les ofrece. La domesticación y la legislación vigente les obliga a frenar, una vez más, sus impulsos lógicos, por lo biológicos.
Y no me vengáis con las hipocresías propias de vuestra especie. Sabéis muy bien lo que hacéis …NO ES NINGUN ACCIDENTEPrecisamente por ello repetís constantemente la acción de tirar del tanga para arriba y del pantalón para abajo.

No hace mucho una madre me comentaba:
- “No se adonde iremos a parar, estoy muy preocupada con mi hija, con los pantalones que lleva cada vez que se agacha enseña el culo”
- “No se preocupe señora”, le dije, “de hecho es un comportamiento muy natural… todas las hembras de chimpancé hacen lo mismo ¡¡¡”
Debo reconocer que la mujer se quedó a cuadros rojos y violetas…y a mí, me inundó la risa por dentro.

Un par de reflexiones para terminar este apartado:
¿Os habéis preguntado alguna vez por qué los tocamientos del trasero son considerados abusos sexuales, y no los tocamientos en manos, pies, cabeza, espalda o brazos?
El culo no es un órgano sexual (ni primario, ni secundario, ni terciario, ni cuaternario) y en ningún caso está relacionado con la reproducción… ¿O SÍ ?
Para nosotros, los bonobos,..¡¡POR SUPUESTO¡¡.
Y para vuestro legislador (un domesticador más) evidentemente también, aunque el pobre no sabe por qué, al fin y al cabo es un pobre humano.
Nosotros sí lo sabemos. Actúa así porque es un primatey tiene muy claro lo que siente en su interior cuando mira el culo de sus hembras.
Debo decir que vosotras también miráis y admiráis el culo de alguno de vuestros machos. Sólo que en este caso vibráis con un culo pequeño, fuerte y musculoso bien encajado en unos tejanos que permitan adivinar su forma y consistencia. Buscáis la fuerza y la potencia muscular como símbolo de masculinidad animal.

También cuidáis, ostentáis y enseñáis vuestras otras protuberancias (las frontales).
Enfatizáis vuestros pechos con el sujetador… la trampa textil capaz de levantar a los caídos para dar el pego.
Algunos sujetadores incluso llevan un par de agujeros para que puedan asomar los pezones y así intentáis hacer creer a vuestros machos un par de cosas:
1) Los pechos desafían a la gravedad por si mismos.
2) No lleváis sujetador.
Sabéis que ambas cosas excitan a vuestros machos, por que
sabéis muy bien donde miran los machos que os vais encontrando cuando algún día salís sin sujetador marcando “pitones” o jugando con transparencias. ¿Verdad que sí?

Naturalmente como la ostentación pectoral es tan importante para vosotras, algunas incluso os colocáis en la lista de espera para obtener un implante de silicona y mientras esperáis, os "ayudais" con rellenos o postizos.
Y cada vez sois más las que optáis por no alimentar a vuestras crías con leche materna ..¡¡ NO FUERA QUE SE OS ESTROPEARAN LOS PECHOS ¡¡¡

Al igual que algunas de vosotras nos enseñan un buen sector de sus nalgas, casi todas enseñáis, a quien quiera mirar, un generoso sector de vuestros pechos…que para eso está el escote.

Los machos del chimpancé hacen exhibiciones de fuerza: gritan, se muestran airados, destrozan y arrastran ramas, bracean y maltratan a sus hembras…. ¿os suena lo del maltrato a la hembra?
Al igual que los chimpancés, que les son tan cercanos evolutivamente, vuestros machos, se dedican a exhibiciones de estatus o de fuerza chulesca para impresionar a sus hembras.
En la naturaleza un macho fuerte y ganador tiene más territorio, ya que se lo ha ganado a sus rivales y como es fuerte, lo puede defender con éxito. A las hembras les interesa mezclar sus genes con ese macho ganador. Si así lo hacen, ellas y sus crías tendrán más comida al ser el territorio mayor y el macho las defenderá de posibles peligros con lo que ganarán en seguridad.

Obsérvese las exhibiciones de fuerza y los brotes de chulería que os ofrecen vuestros machos adolescentes tan pronto les despuntan cuatro pelitos en el bigote y se sienten “machitos”.
En seguida interpretan el rol social de macho “castigador”… preguntad a los profesores de instituto.
Usan lenguaje duro, agresivo, salpicado con abundantes tacos, se pelean, luchan entre sí (miradles en las playas, sobretodo si hay hembras jóvenes delante), destrozan mobiliario urbano y algunos se organizan en bandas agresivas.
Por otra parte, les encanta exhibir posesiones para impresionar a las hembras, por ello es frecuente verles presumir de móvil (que cambian, tan pronto como pueden, por otro, para estar a “la última”, y si es con GPS, mejor), presumen de calzado deportivo de marca cara y de nueva moto o coche tuneado.

Cuando crecen y el machito se hace machote, entonces cambian de droga, y pasan de la droga del pobre (marihuana) a la droga del rico (cocaína), el viejo coche tuneado se cambia por “un buen coche” (pagado a plazos, eso sí) y la moto puede llegar a convertirse en una Harley Davidson.
Es curioso y patético ver como machos de más de cincuenta años prefieren una buena moto de gran cilindrada, antes que un buen coche, de esta manera aparentan ser más jóvenes y de paso llevan buenas hembras abrazadas a su espalda.

Parte de la ostentación de estatus y de superioridad del macho sobre la hembra queda reflejada en la costumbre, eminentemente machista de, al salir de copas, a cenar, al baile o al cine acompañado, pagar siempre la consumición de la hembra acompañante.

En vuestra sociedad, como ocurre con la de los chimpancés, el estatus es muy importante. Igual que las hembras de los primates buscan desesperadamente los favores sexuales de un macho alfa, las hembras del mono domestico, en su interior, desean lo mismo.
Un macho de estatus superior es garantía de mayor calidad genética en el mundo salvaje y en vuestro mundo domestico es garantía de mejor alimentación, mejores médicos, mayor confort, etc., para vosotras y para vuestras crías.
¿Habéis visto cuantas y cuantas niñas adolescentes de vuestra especie se vuelven literalmente “locas” ante un cantante joven, guapo y famoso? Su entusiasmo llega a la histeria, chillan, lloran, corean su nombre y la repetida frase...”¡¡Queremos un hijo tuyo¡¡”.
¿Habéis visto cuantas y cuantas niñas adolescentes se saltan sus clases de instituto para acudir a los entrenamientos de los jugadores de fútbol famosos para representar ante ellos nuevos actos de histeria? ¡¡Preguntad a Cristiano Ronaldo o a David Beckham¡¡.







Son estrellas de la canción y del deporte, son machos alfa, están en la cima del ranking de su especialidad… son los de máximo estatus, y ellas desean tocarles, hacerse fotos con ellos, besarles y…. si pueden…. ¿Habéis oído hablar de las Groupies?.

La estrategia reproductiva del macho salvaje en la naturaleza es tratar de inseminar a cuantas más hembras mejor, busca más la cantidad que la calidad. Puede permitírselo, ya que tiene suficiente munición, al fabricar cada día millones de espermatozoides.
Si algunas de estas hembras inseminadas mueren, no importa, otras llevaran sus genes.

Como en vuestra sociedad os habéis convertido en monos domésticos, os habéis visto obligados a domesticar vuestra sexualidad.
Según las leyes religiosas del mono domestico, vuestros machos sólo podrán copular con una única hembra y siempre que haya firmado un contrato con ella.
Para el estado, la “infidelidad” es causa de divorcio y para la Iglesia, causa de condena eterna en las penas del infierno.
De esta manera, un animal que es polígamo por naturaleza (como los demás primates) se convierte en monógamo y frustrado, por imperativo legal.
Eso explica, sin duda, el floreciente negocio de la prostitución.

¿Y cual es vuestra estrategia reproductiva de vuestras hembras?
Las hembras tenéis un solo óvulo disponible, por ello deberéis optimizarlo al máximo. Y aún más, considerando que ese será el único óvulo que tendréis en los próximos tres años (entre gestación y amamantamiento), porque debe quedar claro que dos años debería ser el tiempo que vuestras crías tendrían que recibir leche materna, según el patrón animal.
Esta claro pues, que necesitáis unos cuantos machos a vuestro alrededor para tener donde escoger.
¿Cómo lo lograreis? Muy sencillo… haciéndoos atractivas.
¿Y como os hacéis atractivas? Pues lo acabamos de ver, haciendo ostentación de vuestros “encantos” naturales.
Y así, a diferencia del macho que exhibe status, vosotras, exhibís vuestro cuerpo.

La exhibición física del macho suele circunscribirse a enseñar los brazos (los que los tienen musculados) usando T-shirts sin mangas, al más puro estilo “Rafa Nadal”.
Los más horteras se exhiben con la clásica camiseta “Imperio”.

Vosotras, en cambio, para ser atractivas: trabajáis y teñís vuestro cabello, os depiláis las cejas y usáis colorete, os pintáis (algunas) los labios y los ojos, os colocáis pestañas postizas, lucís pendientes, collares, anillos y brazaletes, enseñáis las piernas al máximo usando minifaldas o si usáis pantalones los lleváis adaptables al cuerpo, para poder marcar la figura al máximo, enseñáis hombros y brazos desnudos (lo que impide que podáis entrar en las iglesias), mostráis la espalda y buena zona del vientre en donde destacáis el ombligo, si es posible, con un piercing y, por supuesto, como ya hemos visto, hacéis ostentación de las nalgas y, gracias al escote, dejáis asomar vuestras tetas a la vista pública.
Ser “atractiva” implica “traer hacia si”.
Vosotras lo hacéis utilizando el sentido de la vista (sois primates) mientras las perras lo hacen utilizando el sentido del olfato (son cánidos).
Si la cosa funciona, tanto en el caso de las perras, como en el vuestro, tendréis machos donde escoger, porque debe quedar claro que las que escogéis sois vosotras, no en vano sois mucho más inteligentes que los machos, como es norma general en el mundo de los primates.

Cuando vuestros ovarios empiezan a funcionar, actúan las hormonas y, poco a poco, van cambiando la carrocería de vuestro cuerpo llenándolo de curvas para mayor atracción de machos. ¡¡ Sois una trampa diseñada por vuestras hormonas que obedecen el dictado de vuestros óvulos ¡¡.
Lo mismo hacen las plantas entomófilas, producen flores que, de hecho, son también las trampas de las que se valen esas plantas para atraer a los insectos. Los atraen a base de brillantes colores, sutiles perfumes y delicioso néctar, para así poder ser polinizadas.

Es curioso como varían los adjetivos calificativos que hacen referencia a vuestra persona al variar vuestra condición sexual. Cuando sois niñas oís con frecuencia a vuestro alrededor “¡Qué niña más mona ¡” (me encanta lo de “mona”), luego cuando llegáis a la adolescencia y os transformáis en hembras fértiles y atractivas, la expresión cambia y ya no oís la frase “niña mona” sino “¡ Tía buena¡” (especialmente si contáis con un buen súper estímulo pectoral y “nalgal”).
Convendréis conmigo que no tiene nada que ver “Chica guapa” con “Tía buena”.
La primera expresión, determina admiración estética y, la segunda, deseo sexual
. De la misma manera que cuando vosotras habláis de un “chico guapo” y de un “tío bueno”…. se os entiende perfectamente.
Luego cuando con la edad desaparecen vuestros encantos sexuales y las protuberancias cuelgan vencidas por la gravedad, ya no os requiebran al grito de “tía buena” sino que pasáis a oír expresiones tales como “dulce abuelita ” o “abuelita elegante”. En fin, es ley de vida ¡¡

El cambio de denominaciones con el paso del tiempo siempre me ha fascinado. Por ejemplo, cuando un chico deja de llamar a su pene “pito” para pasar a llamarlo “polla”, podremos deducir sin temor a equivocarnos que definitivamente ha entrado en la adolescencia.

Y para terminar con el post de esta semana, una reflexión, nosotros somos animales libres, cuando nuestras hembras se nos insinúan o nos exhiben sus genitales en la clásica “presentación genital”, no nos cortamos, las montamos y disfrutamos los dos del sexo, sea reproductivo o no.
Vosotros, que como animales domésticos no sois libres, cuando sois atraídos por hembras que os enseñan piernas, espalda, vientre, tetas y culo, os debéis contener, frenar y por ende frustrar, no podéis actuar con lógica biológica y… ¡¡ ni se os ocurra tocar o rozar, que la que os atrae, os puede denunciar ¡¡.
¿A qué tipo de juego sádico jugáis?
¿Dónde puede caber tanta hipocresía?
Ciertamente sois el paradigma de la frustración.

En verdad, en verdad os digo… que nunca nos cambiaríamos por vosotros.

¡¡Que la libertad del bonobo os inspire ¡¡




martes, 1 de abril de 2008

VUESTRAS FEROMONAS

Seguro que en ocasiones habéis observado a otros animales olfatearse mutuamente para reconocerse tan pronto como establecen un primer contacto.
Cualquier animal humano que comparta su vida con un perro habrá reparado como su mascota se para y huele cada una de las marcas de orina que va encontrando mientras pasea, a fin de identificar al perro que depositó la señal química sobre la pared, árbol o farola.
Al olfatear la orina se informa de quien es el propietario de la señal, cuanto tiempo hace que pasó por la zona e incluso averigua el estado fisiológico de su colega.
También habréis comprobado que si vuestra perra está en celo es muy probable que sea seguida y abordada por varios perros que acuden atraídos por las feromonas que ella emite para anunciar a los machos de su especie su estado de receptividad.

La acción y función de las feromonas se hace patente a lo largo de la escala animal, y ciertamente los primates no somos una excepción.
Si los animales más próximos, evolutivamente hablando, a vosotros se comunican y reconocen mediante olores, no dudéis, ni por un momento, que vosotros tampoco escapáis de la dictadura de las feromonas. De hecho no sois más que otra especie de monos, domesticados, pero monos al fin y al cabo.

Como era de esperar, vuestra soberbia humana os hace sentir incómodos cuando se os recuerda vuestra naturaleza animal. Debido a la cultura judeocristiana imperante en vuestro país, incluso los profesores universitarios de vuestras facultades de Biología o Veterinaria son reacios a admitir lo que es evidente.
Argumentan en su antropocentrismo que en el ser humano la perfección del sentido de la vista ha dejado en segundo término al sentido del olfato y que, por ello, las feromonas humanas no existen o son poco significativas. Temen “animalizar” al hombre si admiten que los humanos, al igual que las ratas, los perros o los gatos, también se comunican y reconocen por el olfato. Sin embargo, la evidencia biológica esta ahí para desmentirles y para certificar su ignorancia académica interesada.

Las feromonas sexuales humanas son secretadas naturalmente por el organismo de las personas en edad fértil e influencian las relaciones entre las mujeres y los hombres
Aunque aparentemente no tienen olor, provocan reacciones en el otro a través del olfato, y las reacciones son completamente inconscientes.

Algunos profesores explican en clase a sus alumnos que las feromonas son indetectables por los humanos ya que estos carecen de órgano vomeronasal. Si hubiesen manejado más bibliografía se hubiesen enterado de que los anatomistas han venido señalando la existencia de una estructura vomeronasal ya en los fetos como un vestigio evolutivo.
El Dr. David Berliner, investigador de la Universidad de Utah, identifica a ese órgano, desde 1980, con unos pequeños y ubicuos hoyos presentes en el septo nasal, opinando que poseen una unión funcional con el eje hipotálamo-hipofisario del cerebro, que es una pequeña región reguladora de la producción, por otras glándulas, de numerosas y variadas hormonas. Dice haber aislado diversas feromonas humanas, algunas emitidas a través de la piel.

Por otra parte, vuestros libros de Psicología dedican pocas páginas al sentido del ol­fato porque argumentan que dejó de ser digno de tener en cuenta tan pronto como el hombre se hizo bípedo y concentró su atención y con­fianza en el sentido de la vista.
Lo cierto es que cuando os disponéis a comer, os dais cuenta de cuan equivocados están los que argumentan que el olfato pierde importancia en el primate humano. Para saborear vuestros alimentos necesitáis del sentido del olfato. Quien esto dude, se convencerá definitivamente si mastica una rodaja de manzana mientras se tapa la nariz,...le pa­recerá que mastica trozo de patata cruda.

El sentido del olfato desata vuestras emociones, influencia vues­tro comportamiento, y puede marcar en nuestra vida momentos agrada­bles y otros desagradables. Los olores estimulan la mente evocando recuerdos, provocan miedo y os excitan, como a cualquier otro animal.

Os gastáis una fortuna en colonias y perfumes que anuncias en televisión a través de clips de altísimo contenido erótico. De hecho los utilizáis descaradamente como autenticas feromonas artificiales para la atracción sexual… en las “distancias cortas”.
Sin embargo, la sociedad domesticada del pri­mate humano tiende a evitar las conversaciones que versan sobre olo­res. Históricamente, se ha relacionado el olfato con la lujuria, impulsividad sexual y “animalidad”.


La hembra del animal humano identifica mejor los olores que el macho de la especie.
Cuando acuna al bebé en sus brazos, frecuente­mente frota su nariz contra la cabeza del bebé mientras inhala su aroma. Identifica (como hace la hembra de cualquier otro mamífero) a su retoño por el olor y por el lloro. Pero, ¿Reconocen también los niños a sus madres por el olfato? Ciertamente, y para demostrarlo se montó el siguiente experimento: A las madres de algunos niños se les dio un jersey blanco del tipo "T-Shirt " y se les pidió que lo llevaran durante tres días seguidos, y que no cambiasen de perfume, colonia, jabón, etc. A los tres días se les daba a los niños a escoger entre dos jerseys usados, uno de los cuales había sido llevado por su madre. Los niños escogieron unánimemente los jerseys que habían llevado sus madres.

Hace ahora veinte años escribía en un libro, que olores y hormonas se estimulan a sí mismos. Cuando un grupo de mujeres jóvenes empiezan a compartir el dormitorio de un internado, frecuentemente descubren que sus ciclos menstruales se sincronizan.
La psicóloga Martha McClintock de la Universidad de Chicago demostró pues, para sonrojo de profesores ignorantes, que mujeres viviendo juntas bajo determinadas condiciones podían desarrollar sincronía menstrual, esto llevo a pensar en la posible existencia de feromonas humanas.
La señal que dispara la sincronía es su sudor. Esto lo sabéis muy bien las chicas que me leéis, puesto que sin duda habéis tenido ocasión de experimentarlo a lo largo de vuestra vida… incluso en vuestra propia casa.
Para evitar disputas entre los machos de alto ranking la sabia naturaleza ha dispuesto que las hembras de los chimpancés también sincronicen sus ciclos, de esta manera al haber suficientes hembras "en estado interesante" para todos, se evitan las disputas y en el grupo reina la armonía. Vosotras, hembras humanas, como monas que sois, utilizáis las mismas estrategias que el chimpancé.

Un proceso similar de sincronía ocurre en ratas y es mediado por dos feromonas diferentes; una que se produce antes de la ovulación, que acorta el ciclo y otra producida durante la ovulación que lo alarga.
Estas se predijeron mediante el modelo de oscilador acoplado y se demostró por simulación en computadora que eran capaces de producir no solo sincronía sino también asincronía y estabilización del ciclo.
Se aplicó a humanos, con resultados similares a los observados en ratas.

Por la misma razón, una mujer con períodos irregulares tiende a regularizar sus períodos menstruales tanto más, cuanto más se relacione con un hombre.
Como publicó la Dra. Winnifred Cutler de Philadelphia, los productos químicos en los cuerpos de los hombres pueden causar a sus socios del sexo femenino ser más fértiles, tener ciclos menstruales más regulares y una menopausia más suave. También trabajó en este tema Kim Painter.

La evidencia de la acción feromonal es innegable. En muchas ocasiones os he oído comentar que hay “buena química” entre vosotros y vuestra pareja. En realidad, y sin saberlo, os estáis refiriendo a la atracción química propia de las feromonas.

Hay días en los que vosotras, hembras humanas, os esforzáis en arreglaros con esmero porque tenéis una cita “muy especial”, sin embargo quizás no tengáis mucho éxito. En cambio, otro día, sin ninguna razón aparente “triunfáis” entre el elemento masculino. Si ese día al llegar a casa miráis al calendario probablemente descubriréis que estáis ovulando.

El efecto de vuestras feromonas no sólo se detecta en los machos de vuestra especie, también afecta a los de otros primates, ya que no es extraño ver a chimpancés masturbarse ante la presencia de una hembra humana ovulando.
Todo esto nos habla de la efectividad de las feromonas humanas y, de paso, de la afinidad entre especies (nuevo tema para la reflexión).

También es interesante mencionar que el sentido del olfato en la hembra humana se agudiza durante la ovulación, mientras llega a su nivel más bajo durante la menstrua­ción.

El descubrimiento de las feromonas humanas del sexo y los efectos que provocan apareció internacionalmente en artículos de primera página, en diarios científicos en 1986 (Time, Newsweek, Washington Post, US News).
Mucho antes ya se había observado que las hembras de mamífero que periódicamente olfatean la orina del macho, llegan antes a la pubertad que las hembras que no lo hacen. Si una hembra de ratón preñada huele la orina de un macho de otra colonia, inmediatamente cesa su preñez.
Los olores corporales del animal humano pertenecen a los ácidos producidos por bacterias que metabolizan las secreciones de la piel. Los olores provienen de las glándulas apócrinas, que se encuentran en el sobaco y zona del pubis. Estas glándulas se activan cuando el individuo siente miedo o está sexualmente excitado.
Los machos de la especie humana tienen glándulas apócrinas más gran­des y más numerosas que las hembras, los negros más que los Caucasia­nos, y estos más que los Orientales. Además, como las glándulas de la piel secretan productos resultantes de la digestión de los alimen­tos, la dieta afecta en cierta manera el olor de vuestro cuerpo.

Los Doctores George Preti y Wysocki de Filadelfia (EE.UU.), establecieron que ciertas sustancias químicas sin identificar obtenidas de la axila del varón afectan la secreción de hormonas reproductivas en la mujer (hormona de imprimación) y su estado de ánimo (hormona moduladora).
Extrajeron moléculas voltalespirales del sobaco del hombre para analizar un extracto de sudor humano.

Estudiando la cromatografía del sudor se descubren más de cien componentes distintos, uno de ellos es el androstenol (sustancia afín al almizcle). Esta misma sustancia producida por el hombre, la segrega también el cerdo en celo, en su saliva… (¡¡¡Cosa que encanta a las feministas ¡¡¡).
El androstenol se usa comercialmente en for­ma de spray para excitar a las cerdas y de esta manera facilitar su inseminación artificial. Si funciona con los cerdos, pudiera también funcio­nar con el animal humano.
Por esta razón se sometió tal posibilidad a investigación. Tres días por semana se roció una misma silla de la sala de espera de un dentista; la recepcionista (que no conocía el experimento) anotó la silla en la que se sentaban los pa­cientes, así como su sexo. El experimento se llevó a cabo durante seis semanas, durante las cuales la mitad del tiempo se había rociado la misma silla. En los días en que así se había hecho, las hembras humanas se sentaron con muchísima más frecuencia en la silla rociada o en las de los lados.

Un segundo experimento se llevó a cabo rociando con la misma sus­tancia una mascarilla de quirófano que se colocaba a mujeres que co­laboraban en el experimento sin conocer el propósito del mismo. A otras se les colocaba una mascarilla sin tratar. A ambos grupos se les enseñaron fotografías de hombres que debían puntuar según su atractivo. Las mujeres que llevaron la mascarilla rociada con la sustancia puntuaron mucho más alto las fotografías, que las que utili­zaron las mascarillas sin tratar.

A otro grupo de mujeres, el Dr. John Amoore les efectuó un electrocardiograma mientras les hacía oler a cada una, un algodón em­papa­do en la sus­tan­cia y otro mojado con cualquier otro producto. El algodón que contenía la feromona suscitaba un claro aumento de la frecuencia cardiaca mien­tras que el otro producto no provocaba respuesta alguna.

De manera similar a como los otros animales se olfatean y se de­tectan por el olor, el animal humano puede reconocer a sus congéneres.

Los japoneses describen a los europeos como "se­res que apestan a mantequilla". Durante la primera y segunda Guer­ras Mundiales, los soldados alemanes manifestaron que podían oler las pistas dejadas por los soldados ingleses, mientras que estos asegura­ban poder detectar a los alemanes por su penetrante olor. También los soldados de Vietnam del Norte aseguran que podían oler a los americanos antes de divisarlos, lo propio manifiestan los norteamericanos.

Los buenos médicos con años de experiencia, pueden detectar algu­nas enfermedades por el característico olor que emiten los pacien­tes. Sabido es que las "moscas del vinagre" (Drosophila melanogaster) suelen vo­lar alrededor de los enfermos de cirrosis hepática.

Por otra parte, seguro que habréis comprobado que cada casa particular tiene un olor característico (como lo tiene cada colmena o cada hormiguero).

Vuestro cuerpo ha perdido el hirsutismo propio de los demás primates, aunque por supuesto vuestros fetos son tan peludos como los del chimpancé y cada verano tenéis varias oportunidades de contemplar machos humanos con la pelambrera corporal propia del gorila.
Sin embargo todos vosotros mantenéis pelo en las axilas y en la zona genital y púbica.

Conociéndoos como os conozco estoy convencido que nunca os habéis preguntado porque se mantiene el pelo en estas zonas. Digo esto porque por lo que veo al estudiaros, a penas os preguntáis algo de cuando en cuando. Os encanta vivir aborregados, haciendo las cosas “porque sí” sin pararos a pensar. Es como si el pensar os causara dolor.

Parece evidente que la profusión pilosa de pubis y axilas ayuda a retener a las feromonas al estilo de una esponja, la impregnación del pelo axilar y púbico aumenta la efectividad de las feromonas.

El vello púbico es una potente señal sexual que nos habla de un cuerpo listo para la reproducción. Aparece en la pubertad como un anuncio de la madurez genital.
La señal es tan potente que vuestra sociedad humana, tan proclive a la represión sexual, la ha censurado en multitud de ocasiones a lo largo de la historia.
En las sociedades islámicas, quitarse el vello púbico es una práctica religiosa, mientras que en el mundo occidental se ha convertido en algo cada vez más rutinario desde la década de los 60; sin embargo, esta costumbre no se estableció de manera contundente hasta los 90.
La excitación ante la visión de genitales depilados se considera una desviación sexual que se denomina “Acomoclitismo”.

Entre los bonobos, cada vez más sorprendidos por vuestra estupidez, nos parece increíble que seáis tan soberbios como para pensar que la naturaleza se equivoca y que vosotros podéis corregirla y superarla. La naturaleza os pone pelo en ciertas zonas por una razón lógica y biológica y vosotros lo elimináis por razones… ¿estéticas? Y estúpidas.

Dicen las hembras humanas que eliminan el vello por higiene.
¿y qué tiene que ver el pelo con la higiene?
¿No os dejáis el pelo de la cabeza? ¿Por qué no hacéis lo mismo con el pelo púbico?
Por otra parte, si os elimináis el pelo púbico para estar más limpias… ¿Por qué no os rapáis la cabeza?
Lo que es sucio no es el pelo, sino el ¡¡PELO SUCIO ¡¡
Como sois humanos y la higiene no es precisamente una de vuestras virtudes, me temo que, en realidad, os lo sacáis para no tener que lavaros.
Lo cierto es como especie oléis muy mal… para nosotros apestáis (parece como si la mayoría de vosotros estuvieseis reñidos con el agua). Incluso vosotros mismos admitís que oléis mal. Cuando un grupo de humanos lleva mucho tiempo encerrado en una habitáculo pequeño y alguien entra desde el exterior, dibuja una mueca de asco en su cara a la vez que exclama ¡¡ UF, QUE OLOR A HUMANIDAD ¡¡. Todos lo habéis oído o expresado alguna vez. Ese es vuestro olor de especie. No me extraña que os gastéis tanto en perfumes.

De momento, y teniendo en cuenta que constantemente insistís en que estáis hechos a “imagen y semejanza” de Dios… ya tengo claro un par de cosas sobre vuestro Dios. La primera es que posee feromonas de atracción sexual (aunque no se me ocurre con quien pueda utilizarlas) y la segunda .. cual es el “divino perfume” que gasta.

Otro detalle curioso propio de mentes poco brillantes como las vuestras es que puestos a eliminar el vello púbico, en lugar de quitároslo del todo, os empeñáis en dejaros una barrita vertical de 1 cm. de anchura, ridícula caricatura del felpudo original. ¿Qué pretendéis con ello?.
Os quitáis el triangulo púbico y os colocáis una “ceja vertical” en su sitio.
Vosotras os sentís más “limpias”, modernas y elegantes, y nosotros los bonobos… nos seguimos partiendo de risa con vosotros.

Lo que queda fuera de toda duda es que al eliminar la fuerte señal erótica perjudicáis vuestra vida sexual. Elimináis motivación visual y os cargáis el receptáculo biológico de atracción feromonal. Y por si eso no fuera poco y haciendo honor a vuestro borreguismo habitual, elimináis vuestros olores de atracción natural y los sustituís por desodorantes químicos fabricados en laboratorios que la publicidad se ha encargado de introducir en vuestras mentes.

¿Cuándo os daréis cuenta que la razón esta en la Naturaleza y no en vosotros?.



Que la sensatez del bonobo os acompañe…