domingo, 28 de junio de 2009

CONTACTANDO CON LOS DIOSES.

Al estudiar vuestro comportamiento, una de las cosas que más me sorprenden son las actitudes, rituales y posturas que utilizáis para dirigiros a los dioses que os habéis creado. El hecho de que tengáis tantos dioses diferentes induce a pensar que son más falsos que una moneda de tres euros.


Queda claro que en el hipotético caso de que existiera un Dios verdadero, todos los demás serían falsos y por ello siempre tendríamos a la inmensa mayoría de la humanidad perdiendo el tiempo al dirigirse a dioses inexistentes. A pesar de ello, todos los monos domésticos creyentes estáis convencidos de que vuestro particular dios es el único verdadero, ya que así os lo han hecho creer desde pequeños.

A lo largo de vuestra historia no habéis dudado en enzarzaros en sangrientas batallas que duraron siglos para imponer, por la fuerza de las armas, vuestro Dios a los congéneres que tenían otro punto de vista.


El elenco de dioses falsos es enorme si consultamos la historia de la humanidad y repasamos los dioses de un pasado (dioses griegos, romanos, bárbaros, celtas, etc.) y los presentes (dioses hindúes, cristianos, musulmanes, etc.).

Como vuestra delirante fantasía ha inventado tantos dioses distintos no es de extrañar que también se os hayan ocurrido las más diversas posturas y rituales para “contactar” con ellos durante vuestros rezos. Y, naturalmente, al no coincidir los dioses tampoco coinciden los rituales de oración.

Como sois animales domésticos es evidente que la doma ideológica a la que os han sometido vuestros brujos tribales ha hecho profunda mella en vuestras débiles mentes. Por otra parte tampoco es de extrañar que estas disparatadas costumbres hayan sido aceptadas sin oposición, dadas vuestras limitaciones intelectuales.

Por lo que vemos los bonobos, estamos cada vez más convencidos que ante las religiones os aborregáis hasta límites extremos.


Los judíos se han impuesto por tradición rezar en dirección a Jerusalén, hacia el este. También es tradicional entre ellos la veneración de un muro que se halla en Jerusalén, llamado “Muro Occidental” o también, “Muro de las lamentaciones”, entre cuyas piedras depositan mensajes.



Destaca entre sus costumbres la oración de la "bendición del sol", que se reza cada 28 años. Este rezo saluda la vuelta del sol a la posición que supuestamente tenía cuando se creó el mundo hace 5.769 años, según una tradición que se remonta a la Edad Media.

Sorprende la “precisión” con la que determinan el año de la “creación” del mundo. Como también nos sorprende la ignorancia supina de los que eso afirmaron ignorando los más elementales conocimientos de geología, biología, evolución y sentido común. No nos sorprende en cambio, que miles y miles de fieles sigan a rajatabla semejante disparate…al fin y al cabo se trata de animales humanos. Los bonobos no caeríamos en el mismo error.


Los budistas, no rezan a un Dios, rezan a la imagen de Buda a la que ofrecen con sus oraciones una vela o una barrita de incienso. Sus peregrinaciones se dirigen hacia cuatro puntos que para ellos son sagrados. Esos lugares son: 1) Lumbini, donde nació Buda; 2) Bodhgayar, donde obtuvo la iluminación; 3) Sarnath, donde predicó su primer sermón y puso en marcha la rueda de la ley y 4) Kushinagara, donde murió y fue incinerado.

Los seguidores de Buda se quitan los zapatos antes de entrar en los templos y al hacerlo se inclinan tres veces con las manos juntas para saludar a la imagen. Deben circular por sus templos en el sentido de las agujas del reloj para imitar la circulación de los planetas alrededor del sol. Algún día, alguien tuvo esta ocurrencia… y quedó institucionalizada.

Si se trata de budistas tibetanos, el modo de orar cambia radicalmente. Ellos creen que si algunos sonidos (Mantras) se repiten reiteradamente, pueden abrirles la mente…"Om mani padme hum".



Las “banderas de oración” y las “ruedas” son otras formas inusuales de oración. En el interior de los cilindros de rueda hay un documento en el que se desplazan enrolladas miles de oraciones escritas.



También hay oraciones escritas en banderas que ondean al viento. Los budistas creen que cada flameo de la bandera y cada girar de la rueda significa una oración.



Las comunidades budistas suelen hacer coincidir sus festivales religiosos con las noches de luna llena.


Los cristianos al igual que los musulmanes se humillan para dirigirse a sus dioses, y así, mientras los primeros se colocan de rodillas, los segundos oran postrados en reverencia profunda. Tanto unos como otros, al adoptar tales posturas de sumisión, dejan a un lado su dignidad para dirigirse a unos espíritus divinos que se nos antojan temibles y soberbios.



A los musulmanes les da por rezar cinco oraciones al día. Las oraciones son realizadas al amanecer, al medio día, a media tarde, al caer el día y por la noche. Aunque el horario depende de la época del año y la zona.

Las reglas obligan al musulmán a rezar mirando a la Meca y, para no equivocarse, disponen incluso de brújulas que indican la dirección correcta.

Pueden rezar en cualquier sitio limpio, pero la tradición les lleva los viernes a acudir a la mezquita, aunque tampoco es obligatorio. Algunas congregaciones permiten acumular todos los rezos en uno solo, al final del día.

Los musulmanes al recitar versículos del Corán colocan las manos como si sujetaran un libro invisible, mientras que los cristianos aplican una mano contra la otra en la llamada postura de rezo. Este gesto lo repetís los monos domésticos occidentales cuando pedís perdón o le “rogáis” un favor a alguien. También es frecuente observar a los cristianos golpearse el pecho en los templos con la punta de los dedos y el puño cerrado al entonar el “mea culpa”. Esta acción es una más del ritual de acciones y posturas de sumisión y humillación.

Antes de entrar en sus edificios sagrados, los musulmanes, se despojan de los zapatos (cosa que no hacen los cristianos al penetrar en los suyos y sí los budistas).

Los musulmanes, muchísimo más limpios (por lo general) que los cristianos, efectúan unas abluciones previas antes de sus rezos (se lavan tobillos, cuello, cara y nuca) para presentarse limpios ante Alá.



Por ello también la cultura musulmana es una cultura del agua (quien lo dude no tiene más que visitar la Alhambra).



La cultura del agua les acompaña hasta la muerte. Cuando muere un musulmán, su cadáver debe ser lavado a fondo.


A los bonobos no nos cabe la menor duda de que vuestros traseros occidentales están siempre más sucios que los de los árabes. No es que nos importe demasiado la limpieza de vuestra retaguardia pero… pensándolo bien, si los árabes se limpian el trasero con agua y los cristianos con papel de celulosa… hasta el más tonto de los bonobos adivina quien lleva el culo más limpio ¡¡¡.

Si alguno de los que me leen pone en duda mis aseveraciones sólo tiene que seguir el siguiente ejemplo práctico que demostrará lo atinado de la puntualización. Necesitareis un tarro de Nocilla (crema de chocolate), un rollo de papel higiénico, una cuchara y un vaso de agua.

Sobre la parte superior de vuestro brazo izquierdo esparcid con la cuchara una línea de unos 4 centímetros de Nocilla. Unos centímetros más allá repetid la operación. Ahora limpiaros la primera línea frotando con agua. A continuación limpiad la segunda con papel. La diferencia es evidente. La zona tratada al “estilo occidental” quedará aún un tanto pringosa y olerá a chocolate (aunque no quede rastro aparente de Nocilla), mientras que la línea eliminada al “estilo árabe”, utilizando simplemente agua, quedará limpia y sin olor alguno.

Sugiero esparcir la crema de chocolate sobre la parte superior del brazo porque en esta zona hay pelo (como lo hay en vuestra zona perianal. Y os recomiendo utilizar para el experimento crema de chocolate, por el color y por la textura pastosa similar a la de vuestros excrementos.

Son muchos los animales pueden dar lecciones de limpieza al más limpio de los monos domésticos humanos. El gato sería un buen ejemplo en el que reflejarse.



Un consejo a los occidentales usuarios de papel higiénico… Visto que sois incapaces de utilizar el agua, ya va siendo hora de que cambiéis el color de vuestro papel higiénico y, en lugar de utilizar rollos blancos, usadlos de color verde. Si tuvierais algo del sentido estético que tenemos los bonobos, convendríais conmigo que el verde queda mejor con el marrón ¡¡.




domingo, 31 de mayo de 2009

VUESTRA "FIESTA NACIONAL"


El caso más típico de tortura institucionalizada en vu­estro país es, sin duda, el de la llamada "Fiesta Nacional". Gracias a e­lla los demás animales del planeta tenemos una idea exacta de hasta que punto los monos domésticos españoles podéis ser crueles y miserables con las demás especies.
En cada corrida se matan seis toros, dos por cada uno de los tres ma­ta­do­res. Por su parte, cada uno de ellos, dispone de un e­quipo de cin­co primates que consiste en: dos picadores a caballo, arma­dos de lar­gas va­ras con punta de lanza, y tres monos domésticos vestidos de torero, a pie, con capo­tes. La corrida se compone de cuatro actos. En los tres prime­ros el objetivo es herir, y agotar al toro, mientras que en el cuarto se ma­ta al animal con una es­pada atravesada entre sus omóplatos.
En la temporada taurina española se tortura y mata una media de 2.400 toros. Un torero después de 20 años de actuar en los ruedos, puede haber torturado y asesinado unos 1.100 toros y, a cambio de es­tas muertes, puede haber recibido unas diez cornadas. Todo lo cual nos ha­bla de la enorme desigualdad que existe a la hora del enfrentamiento toro-torero. El abuso por parte del torero es evidente. Para hacer­nos una idea, nos basta con comparar la longitud de las armas de ataque de ambos ani­males, es decir, la longitud del cuerno del toro comparada con la lon­gitud de la espada del matador, a la que hay que añadir la lon­gi­tud del brazo que la empuña.
Siempre he despreciado a los que se enzarzan en luchas desiguales que les son beneficiosas. Ellos son unos cobardes abusones y vosotros, los espectadores, sois sus cómplices de fechorías.

Antes de la corrida es frecuente que se preparen los to­ros. En el agua, en la comida, o antes de salir, se les coloca una ci­erta dosis de tran­quili­zantes. A veces se les inyectan dichos tran­qui­lizantes colocándolos en una jerin­ga que se sitúa en la punta de una garrocha gana­dera, al estilo de las que se usan en el campo para mane­jar a los to­ros. En 1967, en Málaga, un toro se os murió en los chiqueros por sobre­dosis. En Manzanares otro toro salió tan "dopado" que con­ti­nua­mente se estrellaba contra la barrera. Otro tanto sucedía en El Es­corial, en el mismo año, donde un toro apa­rentemente normal, se caía constantemente como si es­tuviese borracho.
En muchos casos se les "afeita" (lima) los cuernos, hasta llegar a los nervios. Con ello el animal fre­na su embestida, puesto que el toro afei­tado tiende a evitar cualquier contacto con los cuernos, de la mis­ma manera que cual­quier humano evi­taría morder o masticar, si se le hu­bie­sen li­mado los dientes hasta el nervio.
En otros casos se les fro­ta los o­jos con vaselina, o se le clavan alfileres en los testículos. La vase­lina les nubla la vista y las agujas les producen un intenso do­lor que les aco­barda y les limita el movimiento.

La Organización Colegial Veterinaria de España ha de­nun­ciado de ma­nera reiterada el fraude en el mundo del toreo. El veterinario titular de Colmenar Viejo y de la Plaza de las Ven­tas, fue el primero en denun­ciar que varios toros lidiados en las ferias de 1985 y 1986, habían si­do drogados, purgados, o sometidos a otras mani­pulaciones fraudulentas.
Estudiando el comportamiento del toro en la plaza, se descubren toda una serie de comportamientos atípi­cos, con ex­trañas pérdidas de equili­brio que, en modo alguno, se co­rres­ponden con el agotamiento normal de estos animales, o a lesiones fun­cio­nales típi­cas. Algunos descoordinan los movimientos y presentan sospe­chosas dia­rreas.

El veterinario ana­lizó las vísceras después de la co­rrida, y descubrió que los que pre­sentaban el comportamiento sos­pe­choso tenían 31,2 mili­gramos de sulfa­to, por cada 100 gramos de con­te­nido in­testi­nal. Por este dato se de­du­jo que al conjunto de la co­rri­da se le había administrado en el agua que bebieron en los corrales, unos 25 ki­los de sulfato de sosa y sul­fa­to de magnesio o sal de Epsom ( lo que represen­ta de cuatro a cinco kilos de sal de Epson, por toro ). Poste­riores aná­lisis de vísceras de toros sos­pechosos descubrieron la pre­sencia de Combe­lén, un derivado de la fe­no­tiacina (un hipnotizante que provoca efectos tranquilizantes), sus­tan­cia que se emplea habitual­mente para drogar a los caballos de picas. A otros toros se les des­cubrió defectos de vi­sión, al serles provoca­dos de manera fraudulenta te­rribles conjun­tivi­tis que les inflamaban el globo ocular. Analizadas las muestras bioló­gicas después de la lidia, se descubrió que a los po­bres animales se les ha­bían rociado los ojos con el mismo tipo de sprays paralizan­tes que uti­lizan las fuerzas de orden público. Más tarde se descubrie­ron muchos más toros drogados con Rum­pum, Inmovilón, y el antes mencio­nado Combe­lén. Últimamente pa­rece ser que la droga (para evitar que sea de­tecta­da) se le adminis­tra al animal impregnando la parte corde­lada de la puya, con una mezcla de vaselina e Inmovilón.
También puede drogársele empleando la garrocha de vacunar. Dos centí­metros cúbicos de fármaco bastan para quitarles gran parte de su poder agresivo.

En cuanto al "afeitado", cabe destacar el hecho de que la auto­ri­dad gubernativa no haya eliminado esta práctica delictiva, a pesar de que lleva muchos años efectuándose y denunciándose. El pro­cedimien­to que se sigue en la práctica del afeitado es el si­guiente: Al toro se le mete en el "mueco", o cajón de curas, pues es necesario inmovilizar­lo. Por un agujero del mueco aparece uno de los cuernos, y un individuo corta con un serrucho los seis o siete centíme­tros fina­les. Se trata de "quitarle el veneno", según expre­sión de los manipu­ladores. Al de­cir esto, se refieren a la elimina­ción del mejor recurso de defensa que tie­ne el animal, es decir, se le mutila la parte más du­ra del pitón (la punta), la almendrilla o diamante. Con eliminar el diamante del pitón ya bastaría, ya que el pobre animal queda sin la fuerza en sus defensas, derrumbado psicológica­mente, y, por tanto, sin la fiereza que le caracte­riza. A pesar de ello, los manipuladores abusan del se­rru­cho, cor­tando aún mucho más abajo de la zona menciona­da, hacia la pala, para poder seccionar la parte sensible del cuerno, provista de vasos y nervios. Esta terrible ampu­tación le produce al animal un inten­sísimo dolor, que expresa a base de pateos y de­ses­perados mugi­dos. Esta situación es aún más cruel que la que se da en la propia li­dia, ya que al animal se le niega, incluso, la posibili­dad de poder de­fenderse.
Al cortar esta zona sensible se produce una hemorra­gia que el a­fei­tador contiene, en parte, clavando en el orificio una as­ti­lla, a golpe de mazo. Excuso describirle al lector el dolor cer­val que tal prácti­ca le produce al atrapado animal.
Para que el público no note el engaño, se da nueva forma al pitón, a base de utilizar la escofina, que de nuevo actúa so­bre las zonas de má­xima sensibilidad. Posteriormente se aplica a la zona un toque de grasa negra, para aparentar que el diamante está aún en su sitio, y pa­ra que las raspaduras queden bien disimuladas.

Al liberar al animal de su encajonamiento, nos encon­tra­mos con un ser transformado. Renuncia al tacto, no quiere cornear con sus muño­nes sensibles, no duerme, y pierde el apetito. La mayoría de las veces se le infecta la herida, con lo que aparece la fiebre que le debi­lita más aún, si cabe. Todo ello sirve para que el mono domestico disfrazado de torero pueda lucirse mientras ejerce de torturador y asesino.

La gente ligada al mundo de la tauromaquia afirma que se afeita me­nos de lo que se dice, a lo que yo les contesto que, sin duda, se afeita mucho más de lo que se multa. Al mostrarles la can­tidad de toros con pitones romos que se ven en los cosos taurinos, re­plican que el desgaste de la cornamenta, se lo produce el propio toro al es­car­bar contra superficies duras, para aliviar el picor del hormi­gui­llo. Cuando en alguna ocasión aparecen las reses sin reto­ques, lu­ciendo sus pitones impresionantes, es la oca­sión para ir a buscar a los expertos para que nos expliquen cómo es posi­ble que de repen­te, el ganado bravo ya no se rasque. Me causó verda­dero asombro el poder comprobar como a los toros les crecieron de re­pente (y por causas mis­teriosas) los pito­nes, ...cuando, en 1982, el Minis­terio del Inte­ri­or in­habilitó a tres gana­deros por manipular cornamentas..!.

Durante el año 1988, en la Escuela Nacional de Sani­dad, entraron pa­ra examen los pitones de 233 reses, de las que en 82 casos quedó demos­trada la manipulación por afeitado, mientras que en otros 74 no se pu­dieron efectuar los análisis, por pérdida de sustan­cia, o por estar es­cobilladas. Analizando los resultados, llegamos a la conclu­sión de que, de 159 análisis efectuados, 82 dieron positivo de afeitado, lo que sig­nifica el 51,58 %. Uno tiene la cer­teza de que se afei­tan más reses de las que dan positivas en la Escuela Nacio­nal de Sani­dad, puesto que las técnicas utilizadas dan tales már­genes de garantía que bastantes de las reses manipuladas pasan por ínte­gras. En otras palabras, según estos análisis, más de la mitad de los toros de lidia están manipulados, con lo que la lla­mada "Fiesta Na­cio­nal" queda irre­parablemente desvirtuada, para vergüenza del país y de los toreros que tienen la "valentía" de en­frentarse a toros "pre­para­dos", conver­tidos en verdaderos minusváli­dos. La pro­pia Escuela Na­cional de Sanidad denunciaba que las ganaderías in­frac­toras fueron ni más ni menos que 43, siendo la plaza de Sevilla el coso donde más veces se produjo la ma­nipulación. Los ganaderos ínte­gros reconocen que du­rante el año que nos ocupa (1988), la manipu­la­ción de pitones se co­metió en todos los cosos, y hubo ferias donde ni un solo toro se salvó del se­rrucho. Para que este fraude pueda lle­gar, sin que sea de­tectado, has­ta la misma plaza, se debe de haber dado la corrup­ción en todos y cada uno de los técnicos y facultativos que forman la cadena de revi­si­ón, los cuales están ahí, precisamente, para detec­tar, denun­ciar, y e­rradi­car tales anoma­lías. Ello le dará idea al lector de la can­tidad de fraude y mani­pulación que existe en el mundo de la tauroma­quia.

El ritual de la corrida es el siguiente: A las 12 en pun­to de la ma­ñana se celebra el sorteo en presen­cia de la autoridad gu­bernativa, los veterinarios, la empresa, los críticos y los aficiona­dos. Prime­ro se pasa a enlotar las reses, responsabilidad del peón de confianza de cada matador. Para tal cometido se tiene en cuenta el tamaño, tra­pío, peso, pitones, riñones y cara, de las reses. Los pito­nes compen­san el peso, y el tamaño de la res. Es usual que cada lote este com­puesto por un toro grande y otro más pe­queño.
Una vez constituidos los lotes, se escriben los núme­ros de cada pa­reja de reses en un papel de fumar. Los tres papelitos se convier­ten en tres diminutas bolas y se colocan dentro de un som­brero donde se a­gitan. Acto seguido cada peón de confianza extrae una bolita de pa­pel, comen­zando por el representante del espada más joven, siendo la última bolita para el más veterano de los matadores. Anti­guamente, los toros eran adjudicados a los toreros a dedo, por parte de los gana­deros a los cuales se les concedía tal privilegio.

Para empezar, es necesario fijar al toro, para que el matador pue­da estudiar su forma de embestir. Los peones se encargarán de tal co­metido. Algunos hacen derrotar al toro contra los burlade­ros, para provocarle lesiones, a pesar de prohibirlo el artículo 99 del re­gla­men­to. Lances típicos de capote son: la verónica, el volapié, o los lances de desmayo, ejecutados con los pies juntos. Otros lan­ces del toreo de capa (alguno de los cuales constituyen el quite), son: la navarra, la chicuelina, la gaonera, el farol, la tapa­tía, las largas, o la mariposa.
El toro debe ser sangrado para restarle fuerza, y así dominarlo con más facilidad. Los entendidos utilizan esta suerte para medir la bra­vura del toro. Si la res embiste de lejos y empuja con los riño­nes, cornean­do sin cabecear el peto, es calificada de brava. Pero si lo ha­ce debajo mismo del estribo y huye en seguida, se le cali­fica de man­sa. Para su escarnio, recibe un par de banderillas de cas­tigo (de co­lor negro). Antiguamente se castigaba a los toros con ban­derillas de fue­go.
Años atrás, los caballos de picar salían a la plaza sin pe­to. El resultado de tamaña barbaridad era que, en cada corrida, pere­cían des­tri­pados un cierto número de jacas.


En ocasiones se les metía, de nue­vo, con la mano, el paquete intestinal dentro de su cavi­dad y se les cosía el vientre en la misma plaza. A pesar de ello, al­guna vez se hu­bo de suspender la corrida por falta de caballos. A partir de 1928 se impuso el peto protector. Fueron órdenes direc­tas del dic­tador Primo de Rivera, el cual había asistido a una co­rrida en la que un toro des­trozó el vientre de un jamelgo y lanzó el paquete in­testinal a los es­pectadores. Tal decisión provocó enardecidas pro­testas, que cul­mina­ron en grandes manifestaciones de los que no querían ningún tipo de protec­ción para el caballo. Las manifestaciones se sal­daron con algu­nos muertos.
El picador actúa ahora con mayor ventaja frente al toro; ventaja que aprovecha en algunas ocasiones para abusar de la pi­ca, ba­rrenando sobre el lomo del toro y haciendo la carioca, lo que pro­voca espan­to­sas heridas al pobre animal, por las que manan cascadas de sangre. Con el toro debilitado por la pérdida de sangre, el torturador humano lo tendrá más fácil y contará con altísimas posibilidades de salir triunfante en la lucha desigual.
Retirados los pica­dores, comienza el segun­do ter­cio que corre a cargo de dos peo­nes. La función del tercero será la de utilizar el capote, para colo­car al toro.
El tercio de banderillas se introdujo en el siglo XVIII, y tiene co­mo objeto "motivar" a la res para que llegue "más ale­gre" a la mule­ta. El presidente es el encargado de decidir el número de banderi­llas que deberán colocarse al cornúpeta. Las banderillas se colocan utilizando diferentes estilos, entre los que destacan, "al quie­bro", "al sesgo", "al cuarteo", "de poder a poder", "al relance" o "al estri­bo".
En todo caso, y a consecuencia de esos nuevos apuñalamientos al toro se le debilita, aún más, gracias a las nuevas hemorragias que el despiadado humano inflige al noble animal. El dolor cabrea y desespera al animal que parece coger fuerza donde no la hay, ya que está cada vez más y más debilitado por las hemorragias. De esta manera se sigue engañando al público. Los primates bípedos amantes de lo que llamáis “Fiesta” en el colmo de cinismo os contaran que: “…las banderillas se usan para alegrar al toro…” ¡¡ SINVERGÜENZAS ¡¡ Su mente criminal no da para más.




El último tercio comprende dos fases bien diferencia­das: la faena de muleta, y la estocada (también llamada "suerte supre­ma").
Los pases típicos de la faena de muleta son: "el natural", "el de pe­cho", y "el redondo". Otros de menor valor son: los pases ayudados por alto y por bajo, "el molinete", "el estatuario", y toda una serie de pases muy par­ticulares, que hicieron famosos, ciertos toreros de re­nom­bre. Los más populares son: las "ma­noletinas", las "pedresinas", las "roge­rinas" o las "a­rrucinas". Algu­nos pueden darse de rodillas (mo­li­nete y redondo). El pase-básico es el "natural" (pase en que se da al toro la sa­lida por el mismo lado en que tiene el diestro la mule­ta). Varios pases segui­dos, constituyen una "tanda" o "serie", que suele re­matarse con el de pecho. Este pase es obligado, ya que el to­rero va perdiendo terreno en favor del toro, al ejecutar cada natural. El per­fecto pase de pecho se ejecuta con la izquierda. Todos esos movimientos marean cada vez más al pobre toro. ¿Cómo os sentiríais vosotros si estando heridos y perdiendo sangre a borbotones viniera algún descerebrado encapotado y se empeñara en “jugar” y burlarse de vosotros al compás de un pasodoble, sin tener en cuenta vuestro agonizante estado ?

El torturado animal, no puede más, tiene la boca abierta, ya que se está ahogando. Su lengua esta amoratada y se le nubla la vista. Desde el tendido se perciben claramente sus mugidos de dolor.

La faena de muleta se remata con la suerte suprema (fase en la que se ganan o pierden los trofeos). La estocada más tí­pica es el "vola­pié", aunque también se mata al "encuentro", "aguan­tando", o "reci­biendo". Según penetre el esto­que, la estocada recibe el nombre de "entera", "media", "caída", "a­tra­vesada", "pescuecera", "contraria", "tendida" o "trasera". Cuando (caso raro), la res cae muerta por una certera estocada, ésta se califica de: “estocada en todo lo alto", "en los rubios", "en el hoyo de las agujas", "en la ye­ma", o "en la cruz".

El rejoneo simboliza la aristocracia, mientras que el toreo a pie representa el pueblo. Aún hoy, se diferencia a los rejo­nea­dores de los toreros con el tratamiento de "Don", para los primeros.

En caso de triunfo, el torero puede ser premiado con un trofeo. Puede cortar una oreja, dos o, si la faena ha sido magis­tral, se le premia con el rabo. La primera oreja, se da a petición del públi­co, la segunda y el rabo, es potestativa del presidente. Con dos orejas, se adquiere el derecho a salir por la puerta del Príncipe de la Maes­tran­za de Sevilla, por la puerta grande de las Ventas de Ma­drid, o por la puerta más impor­tante de cualquier plaza. El "sumum" de la glo­ria para un torero, esta en poder salir a hombros en Sevilla o Madrid, du­rante las fiestas de Abril o de San Isidro, respectivamente. Cuando un to­rero famoso muere (cosa que raramente sucede), se le suele dar una póstuma vuelta al ruedo, metido en su ataúd.

Si el toro ha sido bravo a lo largo de la lidia, será aplaudido por el público durante el arrastre. Si, por el contrario, ha sido manso, el público lo silbará.
Antiguamente se encargaban del a­rrastre los "ganapanes", llama­dos así porque su labor se premiaba con un pan. Si el toro ha resultado extraor­dina­riamente bravo, se le "pre­mia­rá" con la vuelta al ruedo, y en algún caso extremo, se le puede lle­gar a indul­tar, para poder sacar provecho de él, como semental…no por piedad, por supuesto.

La alternativa, equivale al doctorado en tauroma­quia. Para otor­garla debe seguirse otro complicado ritual. La recibe el "to­ri­can­ta­no" del matador más antiguo, que para la ocasión se le deno­mina "pa­drino", mientras que el otro espada actúa de testigo. La alterna­tiva puede tomarse en cualquier plaza del estado español. No son váli­das, las to­madas en las plazas del extranjero, excepción hecha de la de la capi­tal de México. La mayoría de las alternativas se con­firman, más tarde, en Madrid. El procedimiento de dar la alternativa es el si­gui­ente: En el último tercio de la lidia del primer toro, el espada más antiguo, que es a quien corresponde matarlo, se dirige al aspiran­te, llevando en la mano izquierda la muleta recogida, y sobre ella el esto­que con la que forma un aspa. En la mano derecha lleva la monte­ra. Al aproxi­marse ambos, se descubre también el futuro mata­dor, a quien el veterano le dirige unas palabras, que incluyen consejos y de­seos de suer­te en su carrera, canjeando, acto seguido, los "trastos de matar". Se despiden con un abrazo para, seguidamente, realizar el joven mata­dor la faena de muleta y muerte del toro. En el mismo tercio del se­gundo to­ro se veri­fica la lla­mada "devoluci­ón de trastos", también de manera ceremoniosa, continuando más tarde la li­dia de manera normal. El asesino de toros deja de ser amateur para pasar a ser profesional….de la tortura y muerte de inocentes.

En las plazas de toros de España se sigue permitiendo la entra­da a niños de 14 años, a pesar de que la ley lo prohíbe.
Muchos filántropos se declaran a favor de los toros, ya que, según ellos: "la fiesta española ha movi­li­za­do a poetas y escri­tores, en li­bros, crónicas, y poemas". A ellos cabría recordarles que también las gue­rras han sido glosadas por poetas, escritores, y pintores, y no por e­llo debemos sen­tirnos halaga­dos por su existencia.

Aducen los defen­sores de tal barbarie, que la costumbre de matar to­ros había sido intro­ducida en Es­paña por los griegos, hace unos 3.000 años. Ello es falso, ya que a­quellos sólo hacían meros juegos acrobá­ticos. Ni se tortura­ba, ni se mataba a los toros, los cuales eran considera­dos ani­males sa­grados; causarles daño era castigado con la pe­na de muerte. El ver­dadero origen hay que buscarlo en el Circo Ro­ma­no, don­de cual­quier es­pectáculo estaba teñido de sangre. En Catalu­ña, por ejemplo, no llegó a in­troducir­se hasta el siglo XVIII, con la moda de las Ma­jas y Tore­ros, inmor­talizados por Goya.

Hace unos años, tuve ocasión de asistir a una confe­rencia en la Universidad de Barcelona que no tu­vo el menor desperdicio. El orador dejó atónitos a los asis­tentes con apre­ciaciones como estas: "...Opino que el toro de lidia es un ani­mal privi­legiado, hasta el punto de que sueño algunas veces que, si fuera reali­dad eso de la reencarnación en otros seres vi­vos, yo qui­sie­ra que me parieran toro de lidia. ....después de una vida feliz mue­re entre aplausos, y hace felices a unos miles de seres huma­nos...el ser humano es el rey de la Creación, y ser animal no humano está con­dicio­nado a este reinado. Pero, puesto a ser animal, ser toro de lidia es un cho­llo". Tuve el inmenso placer de dirigirme a ese fulano para rogarle que si tenia la suerte de reencarnarse en toro me avisara para que me pudiera presentar a lidiarle con banderillas, capote, pica y espada. Le insistí que para mí sería un gran placer colaborar en su felicidad al torearlo y ejecutarlo en nombre de tantas y tantas victimas cuadrúpedas. Su cara fue un poema…y el aplauso atronador entre los estudiantes.

Sirvan las próximas líneas para que reflexionéis sobre el triste "pri­vile­gio" de haber nacido toro.
La res, que en un principio se halla disfrutando de los ver­des pas­tos, llevando una vida tranquila y sosegada, se ve de pronto cap­tura­da, en­cajonada, y transportada, a centenares de kilómetros de su zona de origen. Una vez en los toriles de la plaza en la que va a ser lidia­da, empieza la tortura para el pobre animal. Allí, lo más proba­ble es que se le amputen parte de los cuernos, hasta llegar al mismísimo ner­vio. Es probable que se le deje caer un pesado tablón de madera sobre su lo­mo, para de­jarlo "to­ca­do", que se le lance "spray" irritante a los o­jos, o que se le administre una determinada dosis de droga, para dismi­nuir su resis­ten­cia y su capa­cidad de lucha.
Luego será lanzado a una plaza circular (lo cual le im­pedirá poder encontrar un rincón donde refugiarse). Allí, será reci­bido por el bra­mi­do de millares de primates.
La víctima, se encontrará en te­rreno des­conocido, y propicio a su enemigo, desconcertado por el en­sor­decedor ruido que proviene de las gradas, y dolido y atontado, por el trata­miento previo a que ha sido sometido.
Se le provocará con la capa, y cuando el animal se dis­ponga a ata­car a la contra, se encontrará con que su "valiente" ene­migo se esconde de­trás de un burladero, desapareciendo de su vista, co­mo por encanto, lo que aumentará, aún más, el desconcierto del pobre ani­mal. Algunas ve­ces se conducirá al animal con­tra el burladero, para que, al cornear­lo, se astille los cuernos con el pro­pósito de que el dolor de los pi­tones es­cobillados le inhiba de cor­near con ímpetu.
El toro, a pesar de los avatares sufridos, es aún de­ma­siado fuerte para enfrentarse al ser humano; por ello se le llevará a la suerte de varas. La finalidad no es otra que la de producirle una te­rri­ble he­mo­rragia que lo debilite. El barre­nado de la pica, so­bre la que se apoya un bien pertrechado ser humano, pro­voca sen­dos desgarros muscula­res en el lomo de la res. Una cascada de sangre, teñirá los flancos del pobre animal.

Es necesario activar al toro, pues se encuentra asus­tado y debi­li­ta­do por la pérdida de sangre. Para ello, se le intro­ducirá a la suerte de banderillas. El lector se hará cargo de las medidas de las banderillas si acude a una tienda de souvenirs, donde están a la venta. Hasta seis veces se arponeará con ellas el castigado lomo del animal. El ban­derillero tra­tará de clavarlas lo más profundamente posible en sus car­nes. Para ello tomará carrerilla, a fin de obtener el impulso necesario que le permita saltar y clavar, con la fuerza de su peso, las banderi­llas. El animal, al ser herido de nuevo, berreará y bramará de dolor. Las ban­de­rillas (gracias al arpón de su punta) no se soltarán, con lo que al desplazarse el animal describirán un amplio círculo sobre la he­rida, lo que hará que esta se vaya agrandando y agravando, con ca­da pa­so que da el toro. El animal, irritado y dolorido por los seis nue­vos boquetes, pare­cerá salir de su letargo y ganar en bravura cuando, en rea­li­dad, lo que ocurre es que se debilitará aún más, al habérsele provocado seis nuevas hemorragias.


El toro, suficientemente debilitado, y convertido en pil­tra­fa viva, pasará a ser en­gañado y es­carnecido por el torero. El mata­dor provis­to de un lienzo le citará para obligarle a desplazarse hacia él, y, de esta manera, provocar el cansancio, y una mayor pérdida de sangre en la víctima. Con la capa se amagará, se engañará, y se ridicu­lizará al ani­mal, llegando incluso a efectuar burlescos pases de valet, frente a la res. Finalmente apare­cerán los desplantes, que consisten en vejar al animal, dándole la espalda en actitud chulesca, levantando la barbi­lla y an­dando con aire de sufi­ciencia y de pavoneo. Cualquier humano, tratado de esta manera, se sentiría gravemente ofendido e in­sul­tado. Aunque el toro no conoce el significado de tal postura, el to­rero sí la conoce, y por lo tanto la intencionalidad de humillar que­da bien paten­te. Los desplantes y posturas chulescas se adornarán con epítetos del estilo de "hijo de puta" y "cabrón", dirigidos al toro.


Al animal se le irá nublando la vista, las patas le fallarán (quizás habrá sufrido ya alguna caída), sin duda se estará ahogando, pues­to que su boca aparecerá entreabierta, y por la abertura colgará su hinchada y amoratada lengua. Llegará la hora de poner fin a la pasión del a­ni­mal. Para ello el torero se dispondrá a a­travesarlo con la espada. Intentará provocar una hemorragia interna que ter­mine pronto con los restos de vida del animal, sin em­bargo,... cuántos y cuántos "maes­tros" matan des­pués de varios inten­tos de pinchazos en hueso, esto­ca­das atravesa­das, caídas, pe­s­cueceras o traseras!. El animal se dispondrá a morir, buscando la protección de la madera. En ningún momento se os ocurre dejarlo morir en paz. Aparecen algunos miembros de la cuadrilla que le pasan sus capotes por la cara turnándose en su quehacer de verdugos de manera coordinada para obligar al pobre toro a que vaya dando vueltas en circulo cual aquelarre demo­nía­co, para mare­ar al toro, y provo­car, con sus giros, que la espada vaya cortando sus pulmones y arte­rias. La enorme hemorragia nasal y bucal pregonará un final próximo. El animal se arrodillará, rendido ante la tor­tura, y fi­nal­mente se ten­derá en plena agonía.
Llegado este punto, un nuevo personaje hará su apari­ción: el pun­ti­llero, encargado de cortar la médula a la altura del bul­bo ra­quí­deo. También en esta fase de la corrida, se suelen efectuar varios intentos, antes de poder seccionar la médula.





Finalmente el toro expirará. Quedará sobre la arena de la plaza un guiña­po burlado, escarnecido, con los cuernos escobi­llados, el lomo destroza­do por las múltiples heridas de las banderi­llas y por el mon­s­truoso cráter de la puya, con sus vísceras laceradas por la es­pada y con su médula apuñalada y seccionada. Será un triste despojo, al que ya no le quedará san­gre que verter.
Faltará aún el premio para el vencedor de esta lucha desi­gual, mani­pu­lada de principio a fin. ¿Cuáles serán los trofeos?. Natu­ralmen­te, parte de los restos de su víctima. El último perso­naje del rito, un hombrecillo vestido de negro, se aproximará al cadáver del cor­núpe­ta, al que arrancará las orejas y, en algunos casos el rabo, para pre­miar al ¿héroe? de la tarde que se aprestará a exhibir los tro­feos con­quistados, ante sus vociferantes incondicionales.

Este tipo de escenas se repiten muchas tardes, en cada plaza,..hasta seis veces. El resultado de la lucha es invaria­ble­men­te el mis­mo, lo cual nos habla de un duelo abusivo y desequilibrado.

Si triste es dar muerte a un animal, más triste es tor­turarle an­tes de morir y, muchísimo más triste es hacer de ello un espectáculo para que la gente disfrute. Si este es el tipo de "cultura" que los huma­nos debéis preservar, más os hubiera valido ha­beros detenido en vuestra evolución cultural, años ha.
Los bonobos, afortunadamente, nos hemos librado de tanta mierda.




martes, 26 de mayo de 2009

VIVIR EN PECADO...

Entre la larga lista de esclavitudes que os habéis auto impuesto los monos domésticos, me llama poderosamente la atención la costumbre de firmar “contratos de pareja” a los que vosotros llamáis “Contratos Matrimoniales”. Los bonobos alucinamos con semejante antojo, y es que nosotros siempre hemos preferido el amor en libertad antes que “el amor bajo contrato”. Supongo que la explicación a está forma de esclavitud esta ligada al calibre de vuestra domesticación.

Para dar notoriedad social a la firma del contrato organizáis una ceremonia que dirige uno de vuestros brujos tribales o un mono domestico con autoridad política. En el momento culminante de la ceremonia os intercambiáis el símbolo de la esclavitud, una mini argolla en forma de anillo. El anillo en el dedo indica “pertenencia a..” tanto es así que en algunas comunidades, la señora Carmen Rodríguez, pasa a ser “Señora de Martínez”, (si Martínez es el apellido de su marido).
Financiar el alto precio de las ceremonias y sus rituales, lleva en muchas ocasiones al endeudamiento de la pareja que se ve obligada a solicitar préstamos.

Y ¿Para qué sirve ese contrato? Absolutamente para nada. No garantiza nada.
Los contratos sirven para obligar a las partes a cumplir unas normas. ¿Hay entre vosotros algún bobo que crea que gracias al contrato matrimonial logrará que su pareja le quiera más o le sea fiel de por vida?
Lo cierto es que el contrato matrimonial es un contrato contranatura. Como primates, al igual que nosotros, sois polígamos por naturaleza. Organizaros a perpetuidad por parejas suele causaros problemas, os crea tensiones, infidelidades, discusiones, malos tratos y, cada vez con más frecuencia, incluso muertes. 16 lleváis ya, en los 5 primeros meses del 2009.

Dentro de unos meses publicaré un post donde os comentaré con todo detalle lo que pensamos los bonobos sobre vuestros matrimonios. En él analizaremos a fondo su inutilidad y cual es, para nosotros, su significación social.
Hoy me gustaría referirme a una de sus alternativas “La vida en pareja sin contrato”. A mi me parece una forma mucho más decente de asociarse, que hacerlo bajo contrato matrimonial, no porque tenga más sentido biológico, que no lo tiene, sino porque tiene mucho más mérito.
Para mí, es mucho más de admirar la pareja que sigue unida durante muchos años, sin haber firmado nada, que la que para vivir juntos se obliga a firmar un contrato que les de supuestas garantías y seguridad.

Yo entiendo que, si vosotros queréis alquilar un piso de vuestra propiedad, obliguéis al futuro inquilino a firmar un contrato para aseguraros de que cada mes os pagará el alquiler y de que os mantendrá vuestro piso en buenas condiciones. Al fin y al cabo no le conocéis de nada y de él, más que certezas, tenéis sospechas. Pero hacer firmar un contrato a la persona que más queréis en este mundo, en el que se compromete a quereros y a seros fiel hasta la muerte, puede llegar a parecer insultante ya que implica de manera evidente una cierta desconfianza. ¿Acaso no os fiáis de su palabra? ¿Es necesario un contrato ante notario y testigos, oficiado por una autoridad política o religiosa?
¿Qué opinaríais de vuestros padres si les pedís un préstamo y en el acto de entrega del dinero os hacen firmar un documento que os obliga a devolverles el dinero? ¿Cómo os sentiríais al ver que, ni vuestra palabra, ni el amor, ni la confianza, es suficiente para ellos ? y ¿Qué opinarían vuestros padres en el caso inverso?
Si yo tuviese la desgracia de pertenecer a vuestra especie, también me sentiría insultado si mi pareja me impusiera la firma de un contrato para ir a vivir con ella.

A los que viven en pareja sin haber firmado contrato vuestras autoridades religiosas les recuerdan que “viven en pecado mortal” lo que conlleva condena eterna a las penas del infierno.
Una prueba más de que tanto las mitras de los obispos como las tiaras papales absorben masa encefálica a espuertas.
No deberíais consentir que el chantaje religioso interfiriera con vuestra sensatez.

Queda meridianamente claro que para cualquier pareja normal, mentalmente sana y equilibrada es aconsejable y necesario que antes de firmar un contrato matrimonial (que se presume de por vida) o antes de constituirse en “pareja de hecho” permanente, pasen un período más o menos largo de ensayo de vida en pareja para descubrir la idoneidad o no, de una vida en común para una futura y exitosa asociación.

La Iglesia Católica, fiel a su filosofía de disparate continuo, clama que la pareja no es necesario que se conozca a fondo antes de casarse. Para ella, basta con que los novios se conozcan superficialmente para poder lanzarse directamente al matrimonio. Se les prohíbe que vivan juntos antes de firmar el contrato, y por supuesto se les prohíbe que tengan el mínimo contacto sexual. Según los “sabios” de la Iglesia, deben ir a ciegas al matrimonio, en lo que atañe a su idoneidad sexual. Una vez casados ya descubrirán si son sexualmente compatibles. ¡¡ Menuda estupidez ¡¡
Luego os insistirán en que los consejos de la Iglesia son sabios… Cuando, en realidad, lo único que consiguen, es que aumenten drásticamente vuestras probabilidades de fracaso.

Hasta el más palurdo de sus fieles sabe que antes de estrenar una obra de teatro deben tener lugar múltiples ensayos y dejar bien poco a la improvisación. ¿Acaso el “contrato de vuestra vida” no es más importante que una obra de teatro?
Cuando vais a comprar un televisor exigís al vendedor que os detalle su funcionamiento, que os explique sus prestaciones, queréis ver el televisor funcionando para poder apreciar la nitidez de imagen y la calidad del sonido. Y sólo si lo que veis y oís os convence, acabareis por llevaros el televisor a casa.
La Iglesia pretende que compréis el televisor sin tener conocimiento de su calidad y de su funcionamiento. Os recomienda que lo paguéis y os lo llevéis a casa. Una vez en vuestro hogar “…ya descubriréis como funciona” Ah ¡¡ y, por supuesto… si no os gusta y las prestaciones son malas … NO HAY POSIBILIDAD DE DEVOLUCIÓN (ya que no se admite el divorcio).
Y, díganme señores obispos, ¿Es que acaso no es más importante la seguridad en el matrimonio que la compra acertada de un televisor?

Los del cucurucho os insisten hasta la saciedad en que hay que llegar vírgenes al matrimonio… ¿Y qué ocurre si una vez en casa, y con el contrato firmado, se descubre que la hembra es frígida o el macho impotente? ¿A que queda reducida la vida sexual de esta pareja para el resto de sus días?

Si yo perteneciera a vuestra especie, huiría como del diablo (o de un obispo) de las vírgenes. Para mi representarían: el egoísmo, la estrechez de miras, la filosofía carca y la falta de experiencia.
El sentido común nos dice que una pareja con una cierta experiencia ofrecerá más garantías a la hora de elegir. Convence más un: “he estado con otros chicos (u otras chicas) y para mi tú eres el mejor” que un “soy virgen, no tengo ninguna experiencia, pero tú ya me vales”.
Siempre se ha dicho que la experiencia es un grado… PARA TODO ¡¡.

Yo os aconsejo que no hagáis caso a los “iluminados” del crucifijo. Lanzaos a “vivir en pecado” así podréis averiguar anticipadamente como es el carácter de vuestros candidatos a pareja, los diferentes grados de humor, de tolerancia, de implicación, de colaboración en los quehaceres de la casa y sobre todo de compenetración sexual (tan importante en la relación de pareja).

No os lancéis a ciegas hacia el compromiso. Id sobre seguro.
Al fin y al cabo….¡¡ Qué sabrán los curas de cortejos o de matrimonios ¡¡ …¡¡ si no se aclaran ni con la Biblia ¡¡

jueves, 30 de abril de 2009

FIESTAS POPULARES TEÑIDAS DE SANGRE


En estos momentos hay más de 1.300.000 especies de animales descritas para la ciencia. Entre todas ellas destaca una ciertamente maligna por su gran afán destructor, por su gran capacidad de odiar y por su afición a la tortura. Una especie que disfruta matando y que se proclama “Reina de la Creación”. A esta especie pertenecen los monos domésticos. A esta especie, perteneces tú.

Estos días me he entretenido indagando sobre vuestro curriculum de fechorías en lo que atañe al apartado de “Fiestas Populares”. Me he horrorizado al descubrir como os entretenéis y divertís en España a costa del dolor, martirio y muerte de una gran diversidad de animales. Vuestros antepasados os han domesticado para la diversión cruenta y os han legado incontables tradiciones teñidas de sangre que vosotros trasmitís a vuestros hijos.

En demasiadas ocasiones, el animal humano institucionali­za la tor­tu­ra, bajo la forma de "ritos culturales".
En España cada año más de 30.000 reses bravas son pú­bli­camente a­pa­leadas, pinchadas, taladradas con garfios, arrastra­das con una soga por el cuello, cegadas con la brea abrasadora que re­zuma del embolado, de­golladas y castradas, todo ello en medio de la burla y el jolgo­rio del animal hu­mano. A las vaquillas se las lidia en los luga­res más insos­pe­chados (durante el verano incluso son toreadas en piscinas).
Se repiten año tras año espeluznantes escenas de ma­los tratos a los toros en las fiestas populares, ya sea en los feste­jos del "Toro por los huevos" en Coria, del "Toro lanceado" en Tor­desi­llas, del "Jubileo del toro" en Medinaceli, del "Toro del aguardien­te" en Can­das, o de la "Corrida marinera" de Sitges.
En Cariñena (Zarago­za) se ejecuta el llamado "Toro de ronda", en donde al animal se le coloca también el clásico par de an­torchas sobre la cornamenta, que salpican gotas ardien­tes a cada movi­miento. Al mis­mo tiempo es objeto de todo tipo de vejacio­nes: se le golpea cruelmen­te, se le clavan pinchos y garrochas, se le perforan los ojos (de los que manan chorros de sangre), deján­dosele mo­rir poco a po­co en la más cruel agonía. Una vez desollado, la con­tem­plación de su piel llena de agujeros y quemaduras, es una visión ver­daderamente es­tremecedora.
En algunos pueblos los toros son heridos a navajazos. En Zamora se le cruje a puñe­tazos. En Colmenar (Madrid) se les persigue con trac­tores has­ta que se logra a­tropellarles. En Fuenlabrada les apunti­llan con una pala de excavado­ra.
En Igea, localidad riojana cerca de Calahorra, se mon­ta en la pla­za una especie de estrado hecho con troncos, que es por donde se encaraman los mozos para evitar la embestida del toro. Cuando la vaquilla les sigue, resbalando por los tron­cos, los mozos la aga­rran por los cuer­nos aupándola por la grada en pendiente. Entonces desde lo más alto la sueltan para que el animal se deslome, la idea es produ­cirle fractu­ras, de tal gravedad, que la inmovilicen.
En Cuacos de Yuste (Cáceres) se celebra en agosto la fiesta en ho­nor del Cristo del Amparo. A las seis de la tarde grupos de mozos es­pe­ran im­pacientes la salida del toro frente a los toriles. Cada uno de e­llos va armado con una banderilla. El divertimiento con­siste en cla­var las múltiples banderillas con fuerza y rabia sobre el lomo del maltrecho animal. El toro es acorralado con insistencia por los mozos, que poco a poco lo van convirtiendo en una masa sanguinolen­ta. Los bramidos de dolor del cornúpeta se mezclan con los de jolgorio de la multitud. A las tres horas de tortura continua, el pobre animal cae extenuado. Una vez inmolado se le echan encima los niños del lugar, los cuales inten­tarán hacerse con las banderillas ensangren­tadas, como trofeos. Aun­que tamaña salvajada fue prohibida en 1963 por Orden Mi­niste­rial del 28 de septiembre, continúa celebrándose con toda nor­mali­dad, todos los años agosto.
En Coria (Cáceres) se suelta un toro que inmediata­mente es acri­bi­llado con dardos hasta que su cuerpo aparece completa­mente agu­jerea­do. Estos dardos (fabricados por las monjas del convento de Co­ria) se le pueden clavar tanto en el lomo como en el morro, o­jos, o genita­les. Cuando se han terminado los dardos, se le sigue lanzando todo tipo de objetos. Cuando cae, aún vivo, se le arrancan los tes­tículos.

El calvario del "Toro de la Vega" (Tordesillas) tiene lugar duran­te el mes de septiembre. Al toro se le obliga a correr por las calles del pueblo para acabar en la vega del río Duero, donde ya le esperan sus verdugos (unos 100 lanceros), los cuales, montados a caballo, le irán aco­sando hasta que uno de ellos logre "la proeza" de matar al animal con su lanzada para luego cortarle los testículos. Dicho sujeto será premiado con una lanza de o­ro. Este festejo es subvencionado con fondos públicos y dedicado a la Virgencita de la Peña. Idén­tico trato sufre el toro en Hita (Guadalajara) cada 6 de julio.
También se persigue y acosa al toro hasta la muerte en Armuña de Ta­juña (Guadalajara). Otro tanto ocurre en Fuentelaenci­na, donde vale todo, excepto matar al toro durante las horas nocturnas, que es cuando se celebra la "fiesta". Hasta la salida del sol, el toro no puede mo­rir.
Al "bou embolat" se le suelta a las 12 de la noche en multitud de pueblos de Castellón. Al toro se le amarra a una soga y sobre su cornamenta se coloca una armadura metálica rematada en cada extremo por bolas de pez y estopa. Acto seguido se les prende fuego. El ani­mal con el fuego sobre su testa corre despavorido y poseído de un páni­co cerval a lo largo y ancho de una noche interminable, mien­tras sufre toda suerte de vejaciones. No sólo es víctima del miedo, sino que lo es también del dolor provocado por la ardiente brea que, rezumando de la estopa en llamas, le abrasa sus ojos, cara y mo­r­ro. También se celebra el mismo tipo de salvaje ritual en Amposta y en Ull­decona.
Quemar toros es muy “divertido” en Medinaceli (Soria), Daroca, Cariñena, Ricla, La Almunia de Doña Godina, Figuerolas y Villafranes (Zaragoza); Luzema del Cid (Castellón) y Játiva (Valencia) entre otras poblaciones.
En Illana (Guadalajara), en el mes de agosto, se emborra­cha a una va­quilla ("La Vaquilla del Aguardiente"), la cual es arrastrada por todo el pueblo entre las bur­las de la gente, hasta que muere agotada… o despeñada.
En Móstoles, lo “divertido” es lapidarlos, apalearlos y pincharlos con tenedores hasta su muerte en un pasillo cerrado de 300 metros de largo por 10 de ancho.
En Benavente (Zamora) en el mes de ju­lio, es tradición atar a una vaquilla a una larga cuerda y arrastrar­la por las calles del pueblo hasta que muere despellejada y ago­tada.
En Ciudad Rodrigo, en agosto, se coloca una barrera en mitad de la calle. Dicha barrera deberá ser saltada por el toro, si no lo con­si­gue, es castigado duramente y finalmente se le ejecuta de un tiro.
En Fuenla­brada (Madrid) se somete a un toro a las más crue­les torturas du­rante horas, a base de clavarle navajas y palos afilados, moliéndole a gol­pes...hasta la muerte. Posteriormente se le cortan los testículos (ri­tual de simbología marcadamente machista con el que ter­minan mu­chas de las inmolaciones en las que se involucra al toro). El mismo trato in­noble sufre el toro de Garciaz (Cáceres), cada 25 de ju­lio.
En Fuentesauco (Zamora), los toros son conducidos a la plaza clavándoles cuchillos y golpeándoles con palos, una vez en la plaza, el pueblo entero los mata a navajazos. Otros “acuchillamientos culturales” se repiten en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), Consuegra (Toledo), donde la vaquilla acuchillada por los mozos se filma y se pasa por video en la discoteca; Mondejar (Guadalajara), Fuentelaencina (Guadalajara), donde la vida de la vaquilla se va en los filos de los cuchillos, navajas y tijeras de los vecinos del pueblo, que las esgrimen por la calles y por las plazas.
Los toros son ensogados y enmaromados en: Benavente (Zamora), Amposta (Tarragona), Tomelloso (Ciudad Real) y en Grazalema (Cádiz). El acto consiste en arrastrar al toro por todo el pueblo, por lo que a menudo la parte de la cabeza queda totalmente desollada por los tirones.
Los mozos de Valdemorillo (Madrid) gozan reventando a una vaquilla. Para lograrlo se lanzan en masa sobre ella.
En Cebreros (A­vila) se estrangula a una va­quilla, que posterior­mente será arrastrada por todo el pueblo ante las burlas de la multi­tud. En Amposta (Tarragona) la "proeza" consiste en atar a un toro por los cuernos, para después tirar de los mismos. El pobre animal es paseado de esa guisa hasta que ya no puede más. Cuando llega este mo­mento se le sacrifica públicamente.
Los "corre-bous", "bou capllaçat" y "bou embolat", se celebran en 17 pobla­ciones del Baix Ebre y del Montsià.
Todo tipo de actos criminales perpetráis contra el noble toro en : Algeciras con "La Fiesta del Toro Embolao", Arcos de la Frontera con "El Toro del Aleluya", Los Barrios con "La Fiesta del Toro Embolao", Banacoaz con "La Fiesta del Toro de Cuerda", Chipiona con "El Toro del Moscatel", Grazalema con "El Toro del Domingo de Resurrección" y "Lunes del Toro", Puerto del Real con "La Feria del Toro", Puerto de Santa María con "El Toro del Aguardiente", San Roque con "El Toro Ensogao", Ubrique con "El Toro del Aguardiente", Vejer con "El Día del Toro Embolao" y "Los Toros de la Peá", Villamartín con "La Velada de Santa Ana ", etc. etc.
La lista sigue y sigue, hasta teñir con la sangre inocente de vuestras victimas a 97 pueblos de España.

Se da el caso paradójico de que, por una parte, se pro­mul­gan leyes para proteger a los animales de tales ritos y, por otra, son las mismas autoridades las que los promueven, asistiendo a algunas de estas cele­bra­ciones. El propio presidente de la Generali­tat de Catalunya, Jordi Pujol, a­sis­tió al "corre bou" de Cardona en 1983, mientras que al año siguiente fue el presidente de la Diputación de Barcelona, el que lo pre­sidió. En esta misma po­blación, su alcalde tuvo la desfachatez de decla­rar que: "...el toro ni sufre ni se lo pasa mal,...más bien se divier­te...". ¡¡ Canalla ¡¡

Además de torturar vaquillas durante las fiestas popula­res, en Es­pa­ña maltratáis también todo tipo de animales.
En las cucañas se suelen introducir en ollas peque­ñas crías de co­ne­jos o gatos, que caen al suelo desde una notable al­tura al ser parti­da la olla de barro a bastonazos.
En Málaga se cuelgan cone­jos y palomas de los árboles, para que los ciudadanos pue­dan ejercitar sus habilida­des de tiro al blanco. Las piedras utiliza­das como proyec­tiles se ven­den al precio de 20 céntimos de euro.
En La Rioja tie­ne lugar la tradicional ca­rre­ra de ga­llos. Los jinetes que partici­pan en ella deben arrancar la ca­beza a 11 gallos que cuelgan por las patas de una cuer­da, cual guir­na­lda viva.
En Gua­rrete (Zamora) en el mes de septiem­bre, mozos a ca­ballo armados con sables decapitan a gallos vivos col­gados boca aba­jo. En Cataluña se celebran las "cuca­lles", en las que se cu­elga de una cuerda a unos cuantos ánades, y lue­go les van dando tiro­nes, hasta a­rrancarles la cabeza.
En Vimbodí, en el mes de agosto, se libera un cerdo dentro de un círculo formado con balas de paja. Previamente ha sido cubierto de grasa. Los mozos de­ben cap­turarlo y, en menos de un minuto y medio, colocarle unas bragas y un sujetador.
En Cáceres un burro es arrastrado por las calles con el hombre más pesado del pueblo encima, hasta que cae reventado por el peso del indi­viduo ante el regocijo del populacho. Una vez en el sue­lo es rematado a golpes.
Los periódicos de media Europa y varios programas de tele­visión del Continente, se hacen eco cada año de la de­nuncia con­tra el pueblo cacereño de Villanueva de la Vera. El grito unánime es el de: "¡Salvad al burro!", y miles de telegramas, la mayo­ría firmados por ni­ños, llegan a esta localidad durante los días del "festejo". Las pro­testas no surten efecto y, año tras año, se esceni­fica el aprehen­di­mien­to, juicio y muerte de un muñeco que representa a un personaje lla­mado Pero-Palo que, según la tradición, fue un judío, un ladrón y un "pute­ro". El sábado de Quincuagésima, los mozos confec­cionan un mu­ñe­co en un extraño ritual sin la presencia de curiosos. El muñeco se monta sobre un pollino, el cual será maltratado a golpes, pa­tadas, etc.
Los reporteros extranjeros desplazados para cubrir el acto son in­sul­tados y golpeados por los lugareños, que tratan de impedir cual­quier tipo de información gráfica sobre el acontecimiento que pueda escandalizar a la Europa civilizada.


En Manganeses de la Polverosa, hasta hace poco, aun se cumplía cada año con el vergonzo­so ritual (en el que la Iglesia juega un papel muy destacado) de preci­pi­tar una cabra desde lo alto del campanario de la iglesia.
Tampoco los gallos escapan de la barbarie del animal hu­mano. En al­gunos pueblos se entierra el gallo o gallina, dejando sólo el cuello y la cabeza fuera del suelo. Acto seguido se venda los ojos a unos cuantos niños, a cada uno de los cuales se le da un palo a fin de que puedan reventarle la cabeza al gallo, de un trancazo. El pri­mero que lo logra es proclamado vencedor. Los padres y abuelos aplauden a rabiar el bastonazo certero.
A los gansos se les cuelga por las patas de una soga, y algunos concursantes a caballo llegan al galope para tratar de cor­tar­les la ca­beza de un solo tajo.
En Lequeitio (Vizcaya), el 5 de septiembre, se celebra la "Fiesta de los gan­sos". Los marineros avanzan en traine­ras hasta colocarse debajo de un ganso vivo, que cuel­ga boca abajo pen­diente de una soga. Uno de ellos salta hasta lograr aga­rrarse al cue­llo del desdichado ani­mal. Una vez asido el ganso, se ti­ra de la cuer­da, y el que logra aguan­tar mayor número de "alzadas" sin a­rrancar el cuello de cuajo, resulta vencedor.

Desde hace más de 70 años, en Roses (Cataluña), el 15 de agosto se lanzan 200 patos al mar, los cuales deberán ser captura­dos por nadado­res que par­ticipan en esta "competición" marítima. Mu­chos de los po­bres ani­males perecen ante la brutalidad de los partici­pantes, otros terminan con extre­mida­des rotas. Los trofeos vivos o a­gonizan­tes que­dan en poder de sus cap­tores para lo que gusten dispo­ner.


La Ley catalana de Protec­ción de los Animales no tolera malos tra­tos y prohíbe, específicamente, que estos sean entregados como trofeo (" Llei de Protecció dels Ani­mals ": Artícu­los 2.2.a, 2.2.f y 4.1. ). Los dos primeros artículos prohíben " mal­tratar, o agredir fí­si­camente a los animales o someterlos a cual­quier otra práctica que les produzca sufri­miento o daños injustifica­dos, y hacer donación como pre­mio, re­com­pensa, o regalo de compensa­ción, por adquisiciones de natura­leza distinta a la transacción onerosa de anima­les”. Por otra parte el Ar­tículo 4.1., prohíbe " el uso de animales en espectáculos, luchas y o­tras ac­tivida­des, si estas pue­den ocasionar sufrimiento, o pueden ser objeto de burlas o tratos an­tinatu­rales, o bien herir la sen­sibilidad de las personas que las con­templen”. A pesar de que el Ayunta­miento de Roses fue san­cionado por no cumplir estas leyes y de que el propio al­calde aconsejó la sus­pensión de la fies­ta, bas­tó una cam­pa­ña vecinal de reco­gida de fir­mas, y que se amenazara al Consisto­rio con retirarle los votos en las próxi­mas elec­ciones, para que la suspen­sión quedase sin efecto.
"L'em­paitada d'ànecs", tiene lugar también, en Lla­franc, Pala­mós y Cale­lla de Palafrugell.

Todo este tipo de canalladas forman parte de la "cul­tura popular es­pañola" legado de vuestros ancestros. Yo maldeciría mi suerte de haber nacido en un país donde ta­mañas brutali­dades tienen lugar.

Si triste es constatar, una y otra vez, como el pueblo llano dis­fru­ta con la tortura de los animales, más doloroso es compro­bar como algu­nos "filántropos" les apoyan en sus reivindicaciones de tortu­ra. El departamento de Antropología Cultural de la facultad de Geo­grafía e Historia de la Universi­dad de Barcelona (UB) interpuso en 1988 una de­manda ante el "Síndic de Greuges" (Defensor del Pueblo en Catalunya), solicitando la recti­fi­ca­ción del ar­tículo 4 de la ley de Protección de los Animales. Se­gún es­tos antropó­logos, “los "corre bous" son una parte irrenunciable del pa­trimo­nio cul­tural de nuestro pue­blo". Afirman que "su prohibición se­ría com­parable a la redacción de una ley que pro­hi­bie­ra la constitución de los grupos de "castellers". Sin co­menta­rios !.
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Por lo que se ve, poco les importa a estos antropólogos la tortura que sufren los animales víctimas de los ritos ancestrales del primate humano. Justifican la tortura de un ser vivo en aras de una supuesta "cultura ancestral". Si los ritos de sangre deben ser man­teni­dos a toda costa por formar parte del acer­vo cultural de un pueblo, podría­is haber mantenido también, toda una serie de ritos violenta­mente cruen­tos, que el mono doméstico diluyó en la histo­ria de los tiem­pos. Si todo lo arcaico fuese digno de conser­var, ¿Por qué razón no seguís practicando las orgías y las autocas­traciones pro­pias de los ritos dio­nisíacos, o la venta de esclavos, o la quema de brujas, o los festejos religiosos con las consabidas víc­timas humanas, ofrecidas a los dioses?
El que una fiesta, o una costumbre, sea tradicional, no basta para justificar la violencia. Por otra parte no todo lo que se llama tradi­ción lo es en realidad. A menudo se pro­clama que algo es tradicional porque arranca de un pasado que se juzga remoto (aunque sea relativa­mente reciente). Cualquier tradición ha debido aparecer por primera vez en un momento dado de la historia. En el momento de apare­cer no era en absoluto tradicional, sino revolucionaria, por lo nueva.
Por desgracia, conociéndoos, se que muchos de vosotros al leer eso exclamareis: ¡¡ Qué bestias ¡¡ o ¡¡ Qué animales ¡¡.
Eso demuestra que sois unos monos a los que también os han domesticado vuestras expresiones junto con vuestras mentes.
¡¡ No seáis hipócritas y expresaros correctamente de una puñetera vez ¡¡.
¿Acaso conocéis a otro animal, aparte de vosotros, que se comporte así ? Ninguno ¿Verdad? Pues exclamaros con un ¡¡ QUÉ HUMANOS ¡¡ … Y haréis justicia a la realidad de vuestra horrible naturaleza humana.

El trato que dais a tantos animales en las fiestas populares de tantos y tantos pueblos de vuestro País, nos habla, bien a las claras, de la miseria de vuestra condición humana.. y de paso, de la de vuestros perversos dioses, los cuales, según vosotros os crearon a su imagen y semejanza.
Nosotros, los bonobos, visto vuestro comportamiento criminal, nos congratulamos de no pertenecer a vuestra especie. Pienso que, para bajar del árbol y evolucionar hasta convertirnos en lo que os habéis convertido,…mejor nos quedamos en nuestros árboles, disfrutando en paz de nuestros bosques y de la vida animal que nos rodea.